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El arte de la guerrilla de Patricia Bullrich

"En la guerra utiliza el engaño para establecerte (…). Veloz como el viento, majestuoso como el bosque, devastador como el fuego, inmóvil como las montañas, insondable como la oscuridad, ágil como el trueno y el relámpago". El arte de la guerra (Sun Tzu).

Tal vez por su experiencia como Carolina Serrano en el peronismo revolucionario de los años 1970, acaso por la lectura de clásicos como El arte de la guerra de Sun Tzu o por simple intuición, Patricia Bullrich exhibió en los últimos días –una vez más en su extensa trayectoria política– lo que ya es una marca de su praxis: golpear, mostrar sus recursos de poder, replegarse, esperar y jamás olvidar para, cuando sea oportuno, volver a la carga con furia.

El mencionado libro del siglo V a. C. es tanto un modelo para la guerra concebida como un arte como, justamente, un precursor de la acción guerrillera. Todo depende, decía el autor –un estratega militar y filósofo del turbulento Período de las Primaveras y Otoños, de fragmentación de China– de la relación de fuerzas con las del enemigo. La vigencia de Bullrich a lo largo de casi medio siglo de vida política en la Argentina prueba que entiende muy bien ese juego.

Golpear, replegarse, esperar

"En el caso de que el desequilibrio sea insalvable, debes ser capaz de retirarte. Resiste, pues, si tu ejército es inferior al del enemigo y captúralo si es superior".

La mujer de la semana atacó al declarar su "objeción de conciencia" para desobedecer la orden de Karina Milei de retirar el pliego judicial de María Verónica Michelli del Senado; mostró sus recursos de poder al aprovechar la grieta interna para empiojarle el gabinete y, más aun, partirle el bloque al oficialismo; se replegó al posar, sumisa, para una foto presuntamente reparadora del daño que le infligió al Jefe, y, con la obra consumada, se dispuso a esperar al abstenerse ayer en la votación de ese tema espinoso. Ya vendrán otros momentos.

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Para no ir más atrás –por caso, en sus vaivenes con Mauricio Macri y en su salida del PRO, el partido que presidía–, cabe recordar que usó el mismo método al marcarles la cancha el año pasado, en plena campaña para las legislativas, a José Luis Espert y, hace poco, a Manuel Adorni. En realidad, el desafío no se dirigió a esos pesos mosca, sino a la secretaria general de la Presidencia y al propio Javier Milei.

Adorni "es una persona que recién arranca en política y quizás no tiene el cuero tan duro como lo tengo yo. Entonces las cosas pueden afectar", dijo en ese último trance. ¿La frase aplica también a Milei Hermanos?

La política por otros medios

"Analiza al adversario para conocer el alcance de sus planes. Provócalo para comprender el principio que rige sus movimientos (…). Ponlo a prueba con el fin de advertir la fortaleza o la debilidad de su asentamiento".

La abstención de ayer en la votación del pliego de Michelli fue un gesto módico para evitar un desafío terminal. Cualquier guerrilla sabe cuándo cesar el ataque, replegarse y observar al enemigo.

De cualquier forma, el daño ya está hecho y el gobierno de extrema derecha se adentra en una nueva era de contornos impredecibles.

Karina Milei quedó por primera vez desautorizada y desnuda en su vulnerabilidad, y conciente de que hay otras influencias capaces de limitarla en esa galaxia de obsecuentes que es la extrema derecha gobernante.

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El Presidente, en tanto, se ve expuesto ahora –con la aprobación del Senado consumada – a correr con el costo político de evitar la firma final del trámite que él mismo puso en marcha a través del fallido Juan Bautista Mahiques. Al aceptar que la sanción a Michelli se debe a su condición de cuñada del periodista Hugo Alconada Mon, cualquier acusación de autoritarismo y censura le quedará como un traje a medida, sobre todo cuando su contumacia, posiblemente, sea judicializada.

Ahora, Bullrich se dispondrá a velar las armas hasta la próxima vez.

Una cuestión de pertenencia

"El general que conoce la guerra es árbitro del destino del pueblo, y responsable del sosiego como de la inquietud de la nación".

Patricia Bullrich cuida lo que considera suyo: una base que le festeja la represión, pero no le dejaría pasar omisiones en cuestiones que tocan el narcotráfico, la corrupción evidente o la lesión de los valores republicanos. En sus peculiares términos, claro.

El analista Gustavo Marangoni, de M&R Asociados, le dijo a desPertar que, además, "no hay que olvidarse que ella es Patricia Bullrich Luro Pueyrredón, una mujer que es parte de un círculo de relaciones sociales y políticas. Esos sectores la necesitan".

Y ella necesita a esos sectores, cabe añadir, locales y extranjeros. Sin el apoyo de estos, no podría plantarse como aspirante a socia y no subordinada a los advenedizos a quienes el poder les cayó del cielo en una ráfaga del azar, gente imprevisible a la que, cada tanto, hay que recordarles quién manda en el país.

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Marangoni trazó una figura interesante. "A veces el consorcio le llama la atención al inquilino: no vaya a ser cosa que por votar en las asambleas se sienta propietario", graficó.

Se trata de segmentos del Círculo Rojo que fruncen el ceño cuando Milei afirma que si su proyecto fracasa en las elecciones del año que viene, "nos volvemos a casa, no pasa nada". Sí que pasa. Si Milei se fuera, volvería el peronismo, acaso –se sobresaltan hoy por hoy– bajo el mando de Axel Kicillof.

Milei le garantiza el rumbo al Círculo Rojo, pero no la flexibilidad mínima como para que el proyecto no colapse. Para eso tocan los timbres de Bullrich, de Mauricio Macri y de brokers de la política como Miguel Ángel Pichetto, entre otros.

Estrategia y aventura

"Vencerá quien comprenda antes las tácticas de lo sinuoso y lo directo. Esta es la regla del enfrentamiento militar".

La sinuosidad de las lealtades de Bullrich no es tan alevosa cuando se la examina con cuidado.

Por un lado, porque hay dos constantes en su trayectoria: el bullrichismo a ultranza –esto es la lealtad estratégica a su proyecto personal– y el recurso a la violencia.

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Por el otro, porque ella misma minimiza sus saltos de partido a partido y admite solamente dos momentos en su carrera: uno peronista, juvenil; y otro que comenzó cuando asumió que el peronismo era un problema y no una solución. Desde entonces, su tránsito por diferentes espacios ha sido meramente instrumental, apenas modos diferentes de confrontar con ese viejo escollo del que abjuró para siempre para volver al redil de su linaje.

Incluso antes de la foto rencorosa que le impuso Karina Milei como condición para un cese del fuego –esa que la mostró de espaldas, sin rostro y sometida a la sonrisa magnánima del Jefe– ya intuía que aquella no le daría voluntariamente lo que ella necesita.

La hermana presidencial ya puso a prueba en las últimas legislativas su estrategia de "violeta puro" y le fue bien. ¿Por qué no habría de repetir el modelo en 2027 y, en todo caso, por qué haría una excepción con ella, en quien no confió ni confiará?

¿Pero qué es lo que necesita Bullrich? Ser socia, acaso candidata a vicepresidenta el año que viene. Ahora, tras la nueva revolución de Carolina Serrano, asume que no va a obtener perdón ni clemencia.

Así, en el año par –no electoral– pelea por su espacio a mano limpia y se permite medir fuerzas, mostrar poder y causar daño para, en algún momento, sentarse a la mesa grande como miembro de un directorio. Al final, ¿quién tiene capital propio en el mismo, además de Milei Hermanos y de ella misma?

Por el momento no va a romper. Para eso se ofreció para que el Presidente la eche, aceptó ser una sombra sin rostro en la foto de la tregua y detuvo ayer su "objeción de conciencia" en una prudente abstención. Su atmósfera de relaciones la necesita como garante de continuidad del rumbo, no como agente de caos.

Distinto sería que en algún momento el Politburó de Karina Milei la mande a la aventura del exilio.

Lo que el viento decida

"Así como el agua carece de una forma permanente, en la guerra tampoco hay un potencial estratégico permanente. Aquel capaz de obtener la victoria adaptándose a las variaciones y transformaciones del adversario es designado 'inescrutable'".

La política tiene más de improvisación y contingencia que lo que le gustaría admitir a cualquier analista, en especial en la asombrosa Argentina. ¿Quién puede afirmar que Bullrich tiene en mente un plan detallado para sí misma en el próximo turno electoral, al que llegará con 71 años cumplidos? A veces, los planes no son tales sino aventuras, puntos de partida que el viento decidirá a dónde llevan.

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Con Milei en la cancha, Marangoni especula que, para Bullrich, ser candidata a jefa de Gobierno porteño sería mejor que quedar inmovilizada en una banca de senadora. Tal vez eso, sumado a su certeza de que Karina M. no le daría ese lugar ni siquiera tras haber perdido la carta de Adorni, explique su reciente rebelión.

Su entorno ve con buenos ojos ese destino, que les daría a sus miembros una tabla para seguir flotando. Sin embargo, ella, a quien la biología le acorta los plazos, no tiene esa posibilidad –ni ninguna otra parada intermedia– como prioridad. Si de ella dependiera, iría por más.

Su problema es que está condenada a hacerle la segunda a Milei, al menos mientras este sea capaz de arrastrar detrás de su figura todo lo que va del centroderecha a la derecha extrema. ¿Lo seguiría siendo si la economía se mantuviera en condición de marasmo?

Bullrich observará la respuesta a ese interrogante desde la aventura de la historia en tiempo presente. ¿El viento la llevará a agazaparse o a romper otra vez para pelear desde afuera?

Que tengas un excelente fin de semana. Hasta el lunes.

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