Javier Milei (imagen generada con inteligencia artificial).
El calendario vuela y a Javier Milei le urge cumplir en la inminente segunda mitad del año la gran promesa que lo llevó al poder: la pulverización de la inflación. Eso, aseguraba en 2023, iba a permitir que el país dejara de pensar en los precios, el dólar y la deuda como problemas crónicos, y generar las condiciones para que la atención se depositara en la inversión y el crecimiento de la economía. Sin embargo, la Argentina inconclusa con la que enfrentará la pelea por su reelección, llamativamente, seguirá dominada por la discusión desalentadora de esos dramas que parecen insensibles a cualquier remedio.
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Milei cumplió con muchos de sus compromisos: motosierra y licuadora para obtener el equilibrio fiscal y la restricción monetaria que planteaba como imprescindibles. No cerró, desde ya, el Banco Central ni reemplazó el "peso excremento" por la divisa estadounidense, pero aun así ya en agosto de 2024 el vocero Manuel Adorni proclamó que "para nosotros, la inflación es un tema que, desde lo técnico, está terminado". Puede fallar.
"Preparate porque te van a salir los dólares por las orejas", le dijo Milei a Santiago Bausili en marzo. En tanto, Toto Caputo prometió "los mejores 18 meses en décadas", primero desde abril, luego desde mayo y, finalmente, desde junio.
Gobernar siempre es más difícil que ganar una elección, ¿pero qué dice sobre la extrema derecha gobernante que, a pesar de esos géiseres de optimismo, la campaña presidencial de 2027 probablemente vuelva a girar en torno a los problemas de siempre?
Los precios, el dólar y la deuda. Vaya maldición.
El karma de la inflación
El INDEC dará a conocer hoy el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de abril, que, todo lo indica, quedará un poco más arriba o un poco más abajo del 2,5%. El Gobierno hablará de un éxito, volarán las siglas tuiteras autocelebratorias y los elogios presidenciales al "mejor ministro de la historia", pero la verdad será que el guarismo dejará al país exactamente donde está clavado desde hace ocho meses, o diez si se considera parte del mismo estado el 1,9% registrado tanto en julio como en agosto del año pasado. La maldita meseta del dos y pico.
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Para peor, consultoras privadas estiman un leve rebote este mes, habida cuenta de los aumentos de tarifas que se acumularán y del misterio que rodea el futuro inmediato de los precios de los combustibles en momentos en que el bloqueo del estrecho de Ormuz no afloja y cuando Donald Trump fue a pedir ayuda a China para que termine la guerra que él empezó contra Irán.
Descartado el cumplimiento del pronóstico del Presidente y del ministro de Economía sobre un IPC que "comenzá con cero a más tardar en agosto" –tremenda pifia–, la pregunta, más modesta, es cuándo el guarismo perforará de modo duradero el piso duro del 2%.
Los mejores pronosticadores del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), el informe mensual que recaba el Banco Central, no prevén que eso ocurra al menos hasta octubre, aunque cabe considerar –encima– que sus previsiones han sido algo sobrepasadas por la realidad de modo persistente.
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El último informe enviado por el banco de inversión Morgan Stanley a sus clientes dice que la Argentina volverá a recorrer el camino de la desinflación, pero que el proceso será parsimonioso.
Más allá de los trastornos recientes, generados por los interminables ajustes de tarifas, la tentación de la carne y la suba de los combustibles, "la inercia también está dificultando la fase final de la desinflación, como se observó en programas de estabilización económica en otros países. Esperamos que el índice de precios vuelva a ubicarse por debajo del 2% mensual hacia fin de año".
El problema es que cuando termine 2026 comenzará 2027, año de elecciones.
El karma del dólar
Toto Caputo no merece las críticas que recibe por no creer que haya posibilidades de regreso del kirchnerismo al gobierno y, a la vez, mentar el "riesgo kuka". Realmente una cosa no quita la otra porque el mercado financiero puede no ver el futuro político como él.
Sí, en cambio, se le puede reprochar el lenguaje despectivo, que caldea la política y a la postre no ayuda a su propia gestión, y su desentendimiento de otras dos acechanzas: el "riesgo Milei" y el propio "riesgo Caputo".
Hernán Lacunza, último ministro de Economía de Mauricio Macri, lanzó una advertencia y merece ser escuchado justamente por haber gestionado la coyuntura endiablada que se desató al estallar el esquema económico del PRO.
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Entrevistado por el periodista Maximiliano Montenegro en el canal de streaming Ahora play, el economistadijo lo siguiente:
"El régimen (económico) del año pasado no fue robusto ante la corrida cambiaria electoral. Pensando en la (elección) del año que viene, la dolarización (de carteras) va a ocurrir inexorablemente porque el kirchnerismo va a tener una probabilidad alta o baja, pero no cero.
"Tenemos que hacer el programa económico robusto ante ese escenario, y hago una autocrítica (de la administración macrista): si (el plan) sólo es sostenible si yo gano las elecciones, eso no es democrático porque puede ganar el otro.
"Es bastante predecible que va a haber una dolarización de carteras. El año pasado no se aguantó eso y (Scott) Bessent nos sacó la cabeza del agua a último momento, y seis meses antes nos la había sacado el Fondo Monetario. Entonces preguntémonos por qué (lo comicial) nos agarra siempre con la cabeza abajo del agua, o sea, con reservas negativas.
"Con ese antecedente, insisto, no entraría a un proceso electoral con reservas cero –dejame ser ecuánime e incluir lo del Fondo– y con el tipo de cambio testeando los límites inferiores (de la banda de flotación). No hay ninguna holgura si sale algo, si una encuesta sale mal.
"Si tengo que agarrar el bienio 2026-2027, y suponete que al final del camino quiero dejar el tipo de cambio real igual, en la carrerita nominal tipo de cambio-precios, lo haría ganar este año al tipo de cambio (…) y no al revés porque el año que viene va a haber más tensión (…). Llegar con reservas escuálidas y tipo de cambio muy bajo me parece muy peligroso".
El Banco Central compró ayer 185 millones de dólares, el mayor monto del mes, y elevó sus reservas brutas a 46.531 millones, el nivel más alto desde principios de marzo.
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Sin embargo, las netas, las realmente disponibles, siguen en niveles críticos debido, básicamente, a que el país le debe una vela a cada santo y los vencimientos se llevan prácticamente todo lo que acumula la autoridad monetaria. De ahí la preocupación de Lacunza y del "95%" de los economistas, que suman el dato de un dólar muy barato.
La insuficiencia de las reservas marca la indefensión del Central y el dólar barato, un enorme incentivo para que los ahorristas compren en medio de la incertidumbre electoral.
¿Estará Trump, quien deberá atravesar en noviembre próximo un trance muy complejo en sus propias midterms, en condiciones de "volvernos a sacar la cabeza del agua?
El karma de la deuda
¿Tiene razón el mercado –o Toto Caputo, que es lo mismo– cuando teme un triunfo del peronismo? Más allá del riesgo que es propio del ministro, sí.
¿Cómo se espera que reaccione un tenedor de bonos argentinos o un posible comprador de ellos ante la posibilidad de que gane elecciones un proyecto político –el peronismo– menos dispuesto a ajustar y ajustar, esto es a garantizar el ahorro que permita el pago de la deuda incluso "sobre el hambre y la sed de los argentinos" –Nicolás Avellaneda dixit–?
¿Qué se espera que ocurra si, conciente de que no contará con el favor del mercado, la principal oposición ya anticipa que renegociará la deuda con el FMI e incluso con tenedores privados, toda vez que, sin chances de rollover, la curva de vencimientos resulta inabordable?
Obvio: va a vender, el precio del activo caerá y el riesgo país subirá. Por eso los seguros contra default operan a menos de 300 puntos básicos de acá a un año y alrededor de 500 a dos.
El Gobierno festejó el lunes que el riesgo soberano había bajado, por primera vez desde enero, a menos de 500 puntos básicos –cinco puntos porcentuales por encima del rendimiento de los Bonos del Tesoro de Estados Unidos–. Entendió que perforar los 400 comenzaba a quedar a mano y que eso le permitiría salir al mercado con emisiones nuevas para refinanciar vencimientos y así poder aflojar un ajuste que está dejando su credibilidad ante la sociedad hecha jirones.
Milei se llenó de siglas: TMAP, MAGA, VLLC. Pero la alegría no le duró.
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El logro fue efímero y tanto el martes como ayer el riesgo país volvió a subir hasta la otra maldita meseta, la que lo mantiene entre los 500 y los 600 puntos básicos.
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Fuente: Ámbito.
El sueño emisor del "Messi de las finanzas" deberá esperar.
A ajustar los cinturones
Si la inflación melonea, como se espera su descenso en serio, si el dólar va a volver a ser una amenaza a pesar del auge de Vaca Muerta y si la deuda seguirá constituyendo un tormento, la campaña 2027 tiene condiciones de volver a girar en torno a las maldiciones de siempre.
La clave, desde ya, será el dólar y, de su mano, el par deuda-reservas.
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"El mercado ya mira 2027 como un año crítico para el dólar. Los vencimientos de deuda con privados y el FMI coincidirán con las elecciones presidenciales y la esperada dolarización. Analistas advierten que la presión sobre las reservas podría alcanzar 25.000 millones de dólares, mientras Toto Caputo apuesta al financiamiento local, organismos multilaterales y al ingreso de divisas por exportaciones", escribió Lorena Haken una nota publicada en Letra P.
¿Podría el Gobierno mantener pisado al billete verde ante la esperable ansiedad preelectoral de los argentinos con capacidad de ahorro?
¿Estaría disponible Trump otra vez para correr hacia un eventual incendio con su manguera?
¿Eventuales tensiones cambiarias complicarían, asimismo, el frente inflacionario?
¿Tendría condiciones de mejora la actividad productiva interna, el empleo y los ingresos populares en el contexto de un modelo que les es congénitamente adverso y, encima, en medio de tensiones políticas?
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Las preguntas se agolpan y el tiempo para responderlas se acorta con el avance del año par. En ellas se resumen algunas de las carencias de la mileinomía, paralelas a las de un ajuste que, la calle grita, no tiene condiciones sociales y políticas de perdurar.
¿Cómo se espera que la campaña cercana no encienda debates sobre el futuro de un modelo que no satisface a casi nadie y que, en paralelo, no salgan sus criptas los viejos fantasmas nacionales?