Repartidores de Rosario denuncian que trabajan gratis un día por semana para devolver créditos a PedidosYa
El endeudamiento de los repartidores de apps de delivery también golpea en Rosario. Según Nicolás Martínez, secretario del Sindicato de Base de Trabajadores de Reparto por Aplicación, PedidosYa es la única plataforma que ofrece créditos a sus trabajadores en la ciudad y reserva el acceso para los riders que superan las ocho horas diarias de actividad.
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“Solo se lo dan a esos compañeros y, para devolverlo, un día de la semana tienen que trabajar gratis”, explicó el dirigente a Letra P.
Las condiciones tampoco son uniformes. Según Martínez, las tasas variarían en función de la cantidad de horas trabajadas, aunque los mecanismos son poco claros. “Se rigen por su propia ley, no hay un estándar”, advirtió.
La deuda de los repartidores en Rosario
En un informe reciente que encendió las alarmas del sector, el Banco Central calculó que, a fines de 2025, los monotributistas vinculados con plataformas acumulaban una deuda promedio de $900.000 por persona.
El SiTraRepA, sin embargo, pidió tomar con cautela el traslado de esa cifra a Rosario, donde estima que trabajan alrededor de 9.000 repartidores y no existe información oficial sobre la cantidad de préstamos, los montos otorgados ni las tasas aplicadas.
En el gremio señalan, además, que el crédito directo de las aplicaciones todavía es una práctica menos extendida que en la Ciudad de Buenos Aires. “Quizás no son las mismas tasas que aparecen en el informe, porque posiblemente esos datos sean de Capital. Igualmente, son créditos usureros”, sostuvo Martínez.
Según el relevamiento sindical, PedidosYa es la única aplicación que presta dinero directamente a sus riders en la ciudad. El esquema alcanza a un grupo reducido: solo pueden acceder quienes trabajan más de ocho horas por día y cumplen con los parámetros de actividad fijados por la plataforma.
No obstante, la deuda no se agota en las aplicaciones. Muchos cadetes recurren a Mercado Libre o a prestamistas ilegales porque no cuentan con recibo de sueldo ni tienen posibilidades reales de obtener financiamiento bancario.
“Los repartidores acuden a estos créditos para solventar los gastos y, específicamente, las herramientas de trabajo: la bicicleta, la moto, los celulares, los cascos y la ropa para la lluvia. Todo sale de nuestros bolsillos”, explicó Martínez.
Para el sindicato, la falta de reconocimiento laboral alimenta ese circuito. “Teniendo un recibo de sueldo podríamos acceder al sistema bancario y a tasas más razonables”, planteó.
Un puñal al relato libertario
La situación económica de los repartidores golpea de lleno una de las postales más repetidas por el imaginario libertario: la del trabajador de plataformas como dueño de su tiempo y jefe de sí mismo.
Fue el propio Alejandro Fantino, uno de los animadores old school de la batalla cultural del oficialismo, quien condensó esa mirada cuando cruzó al actor Tomás Fonzi, que había cuestionado la falta de trabajo en su profesión y el desfinanciamiento del INCAA.
La miserabilidad de militar la pobreza de la gente. Una Argentina sin clase media, sin cultura, sin educación ni salud. Si con tu oficio no te alcanza, salí a manejar un Uber. Antes te mandaban a manejar un taxi. Todo esto, el tipo te lo dice mientras cada día se forra más y… pic.twitter.com/FP4lQipnaA
El exconductor de Intratables le sugirió agarrar un auto y actuar “de chofer de Uber”, otra actividad del mismo universo de plataformas que integran las aplicaciones de reparto.
Para Martínez, esa imagen —que presenta a las apps como una salida inmediata y sencilla— tiene poco que ver con lo que ocurre en la calle. “Te lo venden como algo donde manejás tu tiempo, sos tu propio jefe y trabajás cuando querés. Después sabemos que no es tan así”, respondió a Letra P.
Según explicó, las aplicaciones sancionan a quienes rechazan pedidos: pueden dejar de enviarles viajes o bajarlos de categoría dentro del ranking. “No es cierto eso de que trabajás cuando querés”, remarcó.
Las apps como refugio frente al desempleo
Para el dirigente gremial, las plataformas absorben a quienes pierden su empleo y funcionan como una salida rápida durante las crisis. Quien tiene una moto o una bicicleta puede comenzar a repartir casi de inmediato, pero el crecimiento del sector no supone que haya más demanda o se trabaje mejor.
“Somos cada vez más y hay menos trabajo. No es solo porque somos muchos es porque hay menos consumo”, sostuvo Martínez.
A eso se suman ingresos cada vez más ajustados. Según el SiTraRepA, cada pedido se paga entre $1.000 y $2.500, de acuerdo con el horario, la distancia y la demanda.
Para alcanzar una facturación mensual cercana al millón y medio de pesos, un repartidor debe trabajar entre 60 y 70 horas semanales. De ese monto todavía tiene que descontar combustible, mantenimiento, reparaciones y cualquier gasto derivado de un accidente.
“Un trabajo que ya estaba precarizado se vuelve cada vez más indigno”, resumió Martínez.