ES LA ECONOMÍA

Mercosur-UE, libre comercio y las deudas de Javier Milei

El TLC entre el bloque regional y la Unión Europea desafía a Argentina. Normalización macro y cambios al modelo o dolor. Firma inminente y cuenta regresiva.

La firma, el sábado 17 en Asunción, del tratado de libre comercio (TLC) entre el Mercosur y la Unión Europea (UE), un hito celebrado por el gobierno de Javier Milei, supone tanto oportunidades como desafíos para los países involucrados, a la vez que pone en marcha una cuenta regresiva para que la Argentina supere sus crónicos problemas macroeconómicos.

El entendimiento, negociado –con largas pausas– durante 25 años por el temor del bloque del Cono Sur a ver arrasada su industria y de la UE a competir con países mucho más eficientes en agricultura y ganadería, parece un hecho contracultural en un mundo al que los Estados Unidos de Donald Trump le imponen una impronta proteccionista. De hecho, el acuerdo marco con ese país anunciado en noviembre con bombos y platillos por la administración de extrema derecha aún no ha salido del "marco" y espera todavía por precisiones.

Sin embargo, bien entendido, podría pensarse que esa misma tendencia obliga a los diferentes países y bloques comerciales del mundo a buscar alternativas para sus productos.

La apertura comercial es un elemento crucial de la vocación ideológica del presidente argentino, contrapunto llamativo en su admiración y alineamiento con Trump. Como los efectos del entendimiento se irán sintiendo con el tiempo –incluso en años–, el panorama final de la relación comercial con Europa probablemente se conocerá cuando el mileísmo ya sea historia.

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Vale la pena, entonces, reflexionar sobre la cuenta regresiva que esto supone para el país. Pueden firmarse los acuerdos comerciales que se quiera, pero para navegar la apertura con viento a favor y no hundirse en ella, la Argentina debe llenar una serie de casilleros:

  • Ordenar su macroeconomía, alineando la inflación con niveles internacionales.
  • Mejorar su competitividad a través de una ecuación cambiaria razonable –no como la actual–, de una reducción de impuestos para las empresas, de una restauración del crédito que facilite la inversión y de una capacitación de la mano de obra que permita responder a estándares de consumo sofisticados en la contraparte.
  • Asimismo, disponer de las divisas suficientes para sostener el esperado incremento de las importaciones, sin cepos ni crisis de sector externo.

Todo lo dicho marca la distancia que media entre la economía de Milei y Toto Caputo y el futuro al que se quiere llegar.

Una firma pendiente de un escándalo

Después de resistencias de última hora presentadas, entre otros, por Emmanuel Macron y Giorgia Meloni, sensibles a las protestas de sus bases agrícolas subsidiadas y protegidas, Alemania y España lograron destrabar la rosca europea.

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Foto: Alessandra Benedetti / Corbis / Getty Images.

Foto: Alessandra Benedetti / Corbis / Getty Images.

El Consejo Europeo dio el visto bueno el último viernes 9. Ese organismo de la UE está integrado por los jefes de Gobierno de los 27 países miembros, además de otras autoridades comunitarias. Después de ese trámite, el tema pasará al Parlamento Europeo y, finalmente, a los legislativos de cada uno de los países.

Lo que falta para su puesta en marcha es mucho, estará sujeto a nuevas protestas y conflictos nacionales en la UE y podría demorar por meses o incluso años la puesta efectiva en vigor.

En el Mercosur, se espera una veloz aprobación de los Congresos de cada país. El bloque quedaría entonces a la espera de lo que ocurra al otro lado del Atlántico.

Por otro lado, la firma, a la que asistiría Ursula von der Leyen como presidenta de la Comisión Europea –órgano ejecutivo de la UE–, permitiría constatar más que nunca el abismo que separa a Milei y a Luiz Inácio Lula da Silva.

La grieta, ensanchada por ambos con sus respaldos a las respectivas oposiciones, se ha hecho extremo con los reiterados insultos y descalificaciones del argentino, lo que hizo eclosión con el video que difundió tras el secuestro de Nicolás Maduro por parte de fuerzas estadounidenses, que mostró al brasileño como un cómplice del dictador venezolano.

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Tras ese hecho grosero, Brasil dio un paso al costado de su gesto de buena voluntad de custodiar la embajada argentina en Caracas y la relación bilateral descendió a un sótano desconocido desde la restauración de la democracia a mediados de los años 1980.

Mercosur-UE: un proyecto ambicioso

El acuerdo crea una sociedad que concentra 710 millones de personas, más del 20% de la producción mundial y el 35% del comercio global.

Por el mismo, la UE eliminará el 92% de los aranceles a las exportaciones del Mercosur, en su mayor parte de modo inmediato tras la puesta en vigor del entendimiento. En tanto, el bloque sudamericano desgravará el 91% de las exportaciones europeas, aunque de modo más gradual en atención a las evidentes asimetrías respectivas. Lo que queda excluido del acuerdo son ítems sensibles para cada una de las partes.

El especialista en comercio internacional Marcelo Elizondo dijo en un informe que "el acuerdo podría generar un incremento del comercio de hasta 25% en un tiempo prudencial" y marcó un punto interesante en lo que hace a inversiones, con incentivos nuevos para firmas europeas que ya detentan casi el 25% del stock total en el Mercosur.

¿Qué puede ganar Argentina?

La puesta en marcha del acuerdo implicará, claro, una estructura desigual en la que Europa aportaría en mayor medida bienes manufacturados y el Mercosur, alimentos y otros productos primarios.

Esto último ha sido complejo de negociar debido a la resistencia de países como Francia, Italia y otros celosos de sus sectores rurales, pero finalmente se llegó a un compromiso que libera prácticamente la totalidad de los bienes, aunque en algunos casos limitados por cuotas.

Se espera que la Argentina saque ventajas con exportaciones dirigidas a 450 millones de consumidores sofisticados en los sectores de la carne, la agroindustria, el biodiésel, los aceites, cítricos y pesca en general. En tanto, absorbería mayormente vehículos y productos químicos y metalmecánicos.

"Europa es el tercer continente en importancia en nuestras exportaciones, después de América y Asia, pero en condiciones ventajosas podrá incrementar su participación en nuestras exportaciones. El futuro del vínculo bilateral permite avizorar rubros en crecimiento como la energía, los minerales o los servicios", señaló el informe citado.

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Fuente: INDEC.

Fuente: INDEC.

Elizondo destaca los beneficios del libre comercio. "Los países que más comercio internacional generan se benefician de cinco efectos: mejoran las características de su producción de bienes y servicios –por mayor competencia–, elevan la calidad del empleo –las empresas internacionales formalizan e invierten en sus personales–, hacen crecer sus tasas de inversión –por acceso a mercados–, padecen menos volatilidad cambiaria –porque acceden a dólares comerciales o de inversión– y fortalecen su producto bruto –por mayores exportaciones netas– y su recaudación fiscal consecuente. Además, pese a lo que se cree, las economías más abiertas tienen tasas de desempleo más bajas que las economías más cerradas".

En ese sentido, lamenta que "desde hace muchos años Argentina está entre los diez países con peor ratio exportaciones-PBI del planeta. El Mercosur tiene un ratio exportaciones-PBI de menos de 15%, lo que supone la mitad del ratio mundial y un porcentaje muy inferior al del total de Latinoamérica".

Según Elizondo, esa situación ha provocado que "nuestras empresas exportadoras sean escasas –menos de 500 logran negocios por mas de 10 millones de dólares al año con el resto del mundo–" y que Argentina sea "desde que se inició el siglo XXI uno de los países en los que las exportaciones menos crecieron porcentualmente".

Las advertencias quedan debidamente presentadas

Así, la firma de un TLC es una oportunidad, pero no es garantía de prosperidad.

A pesar de su larga asociación con Estados Unidos, México atraviesa una década de bajo crecimiento y mantiene un nivel de pobreza del 30%. Este ha descendido con fuerza recién desde 2018, cuando Andrés Manuel López Obrador la había recibido en más de 41%. La causa de ese éxito relativo fueron las políticas sociales del mencionado y de su sucesora, Claudia Sheinbaum, no el libre comercio per se.

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En lo inmediato, el gobierno de Milei está llevando adelante una apertura comercial que se suma a un atraso cambiario; a un crédito que sigue trabado; a una política económica de ajuste permanente, consumo pisado e impronta cuasirrecesiva, y a alivios impositivos limitados para las empresas, mayores para las grandes que para las pymes. Así, se impone el mantra oficial de "adaptarse o morir"; se han visto políticas más inteligentes –menos industricidas– de mejora de la competitividad.

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Si no el extremista de derecha, ¿serán capaces quienes lo sucedan de superar los rezagos macro de larga data para que el país pueda aprovechar las ventajas del TLC y no sucumbir a sus riesgos?

¿Ordenará la Argentina finalmente su macro, permitirá que sus empresas compitan en condiciones crediticias e impositivas razonables, y favorecerá la calificación de sus trabajadores y la formalización del trabajo?

¿Se dará, de una vez, una política cambiaria que no pretenda solucionar el mal de la inflación con el uso de anclas inútiles en el mediano plazo y generadoras de crisis a repetición?

La cuenta regresiva está en marcha.

Javier Milei y Toto Caputo, atados a Donald Trump.
milei viaja a asuncion para la firma del acuerdo mercosur- union europea

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