Inflación cero, la condición para el nuevo IPC que sólo Javier Milei cree posible en el corto plazo
El Presidente prometió llegar a esa meta en agosto. Economistas dudan de que ese escenario sea factible. Termómetro viejo funciona mejor... para el Gobierno.
Economistas descartan que la inflación pueda llegar a empezar con cero en el corto plazo, como prometió Javier Milei.
La definición de Manuel Adorni de que el nuevo Índice de Precios al Consumidor (IPC) se implementará "cuando la inflación llegue a cero" fue leída por los analistas como una postergación indefinida del cambio de metodología de medición, cuando la mayoría de las proyecciones privadas descarta que la inflación pueda converger a cero en el corto plazo.
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Tras la noticia de que se postergaba la publicación del IPC con una nueva metodología, el jefe de Gabinete ensayó un argumento para esa decisión política y dijo que no habrá nuevo IPC hasta que "la inflación sea cero". La afirmación remite directamente a la narrativa presidencial.
El 18 de diciembre pasado, en el streaming paraoficial Carajo, Javier Milei sostuvo que la inflación cero no solo es deseable, sino posible. "Para mitad del año que viene (2026) o agosto, la inflación seguro va a empezar con cero", auguró.
El presidente Javier Milei estuvo en el canal de streaming libertario Carajo y aseguró que para mitad de 2026, para el mes de agosto, "la inflación seguro va a empezar con cero". pic.twitter.com/QRwGXAzP9b
Este martes, como contó Pablo Lapuente en Letra P, la Casa Rosada ratificó las predicciones del mandatario. "Para el segundo semestre vamos a aplicar el nuevo método", aseguró una fuente del oficialismo de diálogo directo con Milei y elPalacio de Hacienda ante la consulta de la prensa acreditada en Balcarce 50. Dentro de ese margen, agosto es el mes estrella que la cúpula libertaria espera mostrar.
Escepticismo total
Sin embargo, para los economistas el problema no es la meta de desinflación, aunque no ven que sea factible, sino atar una actualización metodológica, pendiente desde hace años, a un resultado macroeconómico extremo y sin antecedentes recientes en la Argentina.
Federico Machado descartó la aplicación del nuevo IPC para este año ante la consulta de Letra P. “Hay que ver si se refiere a 0,0% o a 0,9%. En cualquiera de los dos casos, no creo que vaya a implementarse durante 2026”, señalo y consideró que “en 2027 sería más factible, partiendo del supuesto de que habrá menos ajustes tarifarios en el marco del proceso electoral”.
La duda es compartida por otras consultoras. Un economista de una firma de peso en el mercado que prefirió preservar su identidad fue aun más contundente. “Hoy me parece que acaban de enterrar al nuevo IPC hasta el próximo gobierno. Ojalá me equivoque, pero, si no se animan ahora, ¿lo van a hacer en año electoral?”, se preguntó.
Christian Buteler cuestionó ante este medio la lógica oficial. “Quieren usar el nuevo termómetro cuando el paciente ya no tenga fiebre”, graficó. Según el economista, “el Gobierno puede aplicar el nuevo índice cuando quiera; cuando la inflación llegue a cero o no aplicarlo nunca. Eso no determina cuándo aplicarlo”.
Buteler fue más allá y apuntó al efecto práctico de la decisión. “Hay un termómetro, que es el nuevo IPC, que mide mejor la temperatura de la economía que el que está en uso. El Gobierno decide seguir usando el viejo, sabiendo que el número que le da no es el más representativo de lo que sucede con el paciente”, ilustró y concluyó: “Es una decisión de política que se basa pura y exclusivamente en la intención de mostrar una inflación menor a la real”.
El timing que costó caro
La discusión se da apenas un día después de la renuncia de Marco Lavagna a la dirección del INDEC por diferencias con el Gobierno respecto del momento de implementación del nuevo IPC. El ministro de Economía, Toto Caputo, confirmó que la salida respondió a discrepancias sobre el “timing” del cambio metodológico.
El nuevo índice, basado en la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) 2017–2018, ya estaba listo para ser aplicado y asignaba una menor participación a los bienes y una mayor a los servicios, con más peso del transporte y los servicios públicos, en una composición similar al IPC de la Ciudad de Buenos Aires. Por ahora, el Gobierno seguirá utilizando la canasta basada en la ENGHo 2004–2005.
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El informe diario de Max Capital destacó la sorpresa que la decisión oficial generó en los operadores del mercado, ya que “el proceso de desinflación debería continuar independientemente del índice utilizado”. Asimismo, recordó que el propio Caputo sostuvo que los resgistros de inflación de diciembre de 2025 y enero de 2026 “son muy similares bajo ambas metodologías”.
La diferencia, explicaron, aparece en el corto plazo frente a determinados shocks de precios. “Aumentos en los precios de los alimentos, como los de la carne de los últimos meses, tienen un mayor impacto bajo las ponderaciones actuales, mientras que subas en transporte o combustibles tienen mayor peso bajo la nueva metodología”, precisaron.
El costo de no actualizar
Más allá del debate conceptual, algunos cálculos ponen números al efecto de mantener la canasta vieja. De acuerdo con proyecciones del economista de la Universidad de La Plata Tomás Baioni, la diferencia acumulada en lo que va de la actual administración por la falta de actualización de la canasta de consumo alcanza al 9%.
En tanto, un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) estimó que, “con ponderadores actualizados, la inflación acumulada entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025 habría sido de 288,2%, frente al 249,5% registrado con la metodología vigente”.
Asimismo, Hernán Lacunza planteó que el nivel de inflación no debería ser el criterio central para definir el cambio. “Que una nueva metodología dé más o menos inflación que la anterior en un lapso determinado no es motivo para acelerar o postergar un cambio”, sostuvo. Para el exministro de Economía, “lo único relevante es cuál refleja mejor la evolución de precios para que familias y empresas tomen mejores decisiones”.
En la misma línea, el economista Sebastián Galiani advirtió que “el error no es ético ni estructural, es táctico”. Y sintetizó que, “en una estrategia de desinflación, la reputación estadística vale más que una décima”.