La producción porcina en Argentina, con problemas de rentabilidad por importaciones, fundamentalmente de Brasil.
Argentina aumentó un 136% las importaciones de cerdo en 2025, las más altas de los últimos 25 años, con 53.000 toneladas. Al mismo tiempo, las bondiolas y mix de pulpa de cerdo congelados de Brasil bajaron el precio del cerdo en el mercado local. Resultado: los productores y faenadores perdieron rentabilidad.
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“En Argentina se produjo un bondiolicidio. Un supermercado desconocido empezó a descongelar cortes importados y a venderlos como frescos; ahora el 50% de las importaciones son bondiolas de Brasil”, le dijo a Letra P Juan Luis Ucelli, experto consultor del sector porcino nacional, y agregó que el alto valor de la bondiola compensaba todo el precio de la media res respecto del valor de los cortes poco o nada consumidos.
“Fue un excelente negocio para los importadores, que lograron hasta U$D 25.000 por contenedor de ganancia bruta”, aseguró Ucelli y explicó: “La diferencia es que están regalando el kilo de bondiola a $ 7.000 y debería costar $ 9.000”. Brasil no consume la bondiola y la exporta barata.
China espera a Javier Milei
El precio del dólar complica la exportación y el sector espera que Javier Mileifirme con China un acuerdo pendiente para venderle menudencias de cerdos, como patitas, pezuñas, orejas, lengua y hocico, por US$ 150 millones anuales.
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Javier Milei en la Rural.
Fuentes de la Federación Porcina Argentina (FPA) remarcaron que el sector espera “la oportunidad de exportar subproductos porcinos a China, que solo depende de la firma del protocolo sanitario aprobado por ambos gobiernos y está pendiente hace dos años”. En enero, la secretaria general de la presidencia, Karina Milei, mantuvo una reunión con el embajador chino en Argentina, Wang Wei.
"La producción de cerdo se consolidó en grandes granjas, integradas con frigoríficos: el 4% tiene el 46% de las cerdas y aportan el 53% de los animales faenados”, precisó Ucelli. Las pymes tienen poco margen y las producciones familiares quedaron eliminadas.
El fármaco prohibido y la bondiola barata
“Los que más sufren son los productores pequeños, porque hay sobreoferta en el mercado, una competencia desleal de las importaciones de Brasil de bondiolas y solomillos de cerdos engordados con el fármaco ractopamina, un aditivo alimenticio cuyo uso está prohibido en Argentina, pero viene en las importaciones”, dijo a Letra P un gran productor cordobés con frigorífico integrado.
Ucelli detalló que en 2016 la bondiola era casi un 40% más cara que el pechito de cerdo, pero el exceso de oferta rompió el mercado: en 2026, cuesta apenas 8% más.
Según el informe anual sobre el sector que presentó JLU Consultora, la producción se queda con apenas el 6,8% del precio de la carne de cerdo, el matarife con el 1,2% y el carnicero con el 10,2%. Sucede que el comerciante, ante la brecha de precios con la carne vacuna, puede agregar margen de ganancia a la carne de cerdo. El 61% del precio corresponde a los costos y el 20% se lo llevan los impuestos.
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El precio del cerdo y el salario de los argentinos, lo que menos aumentó en la última década.
Ucelli aseguró que “el tipo de cambio complicado y no adecuado, que ya se vivió a fines de la década del 90, favorece la importación y perjudica la exportación, y no porque el sector no sea competitivo”.
La sobre oferta está constituida por la avalancha importadora y también por el récord de la faena local, que llegó a 11 millones de cabezas en 2025.
La producción y el consumo, para arriba
El precio del cerdo bajó, incluso si se lo compara con el del pollo, la otra carne complementaria en la mesa argentina.
Esa es una de las razones del aumento del consumo de carne porcina, que cerró 2025 con un total de 23.8 kpc. Según Ucelli, el techo de consumo por habitante sería 33/34 kilos en los próximos ocho años, “pero sería lógico pensar que fuera de producción nacional”.
En 2026, los productores de cerdo tienen una buena oportunidad en el mercado interno debido a que la producción de carne vacuna estará tironeada por la retención para cría, generada por el aumento del precio del animal en pie y por la mayor exportación que supone el incremento de la demanda mundial.
Sin embargo, la rentabilidad del cerdo quedó muy ajustada: el animal en pie aumentó un 12% en 2025, contra una inflación del 31,5%. El costo principal de la cadena es el alimento para los animales; el precio maíz subió un 40%, la soja un 70% y el dólar registró un aumento del 45% en 2025.
Trump no lo aceptaría, Javier Milei
El informe de Ucelli indica que “si Trump fuera argentino habría tomado medidas para evitar esta situación", ya que "el volumen importado afectó de forma directa el precio pagado al productor". "Estas situaciones desaniman y desmoralizan a cualquiera que piense invertir; increíblemente hay argentinos que a pesar de todo siguen apostando”, señaló.
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Las importaciones de carne de cerdo más pesadas del siglo.
“Los márgenes son ajustados y las granjas chicas quedaron fuera del negocio. La contracara son los grandes productores, que pueden generar 4.000 kilos de carne por madre por año y tienen rentabilidad”, indicó a este portal Pablo Baricich, de la Comisión de Producciones Alternativas de la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (Carbap), y explicó que “hay más oferta de carne y menos productores”.
Por su parte, Alejandro Gariglio, gerente de operaciones de la asociación de productores Pormag, afirmó en diálogo con Letra P que los dos cortes centrales que vinieron de afuera son la bondiola y la pulpa de jamón o de paleta, los cortes más golpeados”.
“La rentabilidad del sector se achicó en el segundo semestre. Es el esquema de competencia que propone el Gobierno. La rentabilidad se acomodó al mercado global. Hay que ser muy eficientes y lo importado es parte del negocio, la escala es determinante y hay productores que en esquemas asociativos están funcionando”, dijo Gariglio y agregó que “el eslabón del sector que peor está es el de los faenadores”. "La contracara de todo es que el consumo de cerdo creció un 9%, un número más que interesante", afirmó.
Paladini, Blaquier y un socio de Grassi, entre los grandes jugadores
El segmento de producción primaria está liderado por Isowean S.A. (Córdoba), la granja porcina más grande del país, con aproximadamente 13 mil madres reproductoras y un modelo asociativo que integra a múltiples productores: liderada por Lisandro Culasso junto a Fernando Villavicencio y asociado al Grupo Grassi, el dueño de la Nueva Vicentin Argentina.
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Mariano Grassi, el dueño de la Nueva Vicentin Argentina.
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Le sigue Paladini, de Santa Fe, con dos criaderos propios integrados que suman alrededor de 12 mil cerdas reproductoras, también relevante en frigorífico. Otro jugador importante es Pacuca, de la familia Blaquier, con granjas en Roque Pérez, que también tiene el frigorífico Cabaña Argentina.
Por su parte, la Piamontesa, de la familia Giacosa, en Córdoba, compró en 2019 Campo Austral y quedó con la línea de producción integrada.
En faena y procesamiento también se destacan Alimentaria La Pompeya, de la familia Chamorro, en Marcos Paz, provincia de Buenos Aires; Ceryvac, de la familia Rama, en La Matanza; Rafaela Alimentos, de la familia Lagrutta, y marca Lario en Rafaela, Santa Fe. Alfredo Coto, que junto a otros supermercados introdujo la bondiola brasileña congelada, tiene granja y frigorífico propios.
En 2023 ya habían desaparecido unas 600 pequeñas granjas. Ucelli resalta como “algo positivo que en 2025 se frenó la salida importante de productores del sector. Sólo dejaron la actividad 52, que representan el 2.8% del total", mientras que "en años anteriores las salidas del sistema rozaban el 30%”
Baricich dijo que “la actividad se complicó por el aumento de los costos de producción de maíz y soja y por el incremento grosero de las importaciones desde Brasil de bondiola y solomillo, que allá es un corte de descarte y acá aparece como premium".
La cadena del sector porcino ocupa casi 40.000 puestos de trabajo en el país, entre granjas, frigoríficos y transporte, y reúne 380.000 chanchas madres.