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#AbortoLegalYa El Gobierno juega con fuegos artificiales en el Congreso

El oficialismo dio luz verde a la discusión, pero presentará otros proyectos y demorará el debate. Los impulsores de la campaña celebran la instalación del tema. Las posiciones, bloque por bloque.
Por 23/02/2018 18:37

Con el tema plantado en la agenda mediática, fruto de la larga lucha de organizaciones y activistas que tuvo como corolario el pañuelazo que el lunes 19 vistió de verde el Congreso, el Gobierno, acorralado por una agenda negativa que hizo eclosión en la marcha liderada esta semana por Hugo Moyano, decidió habilitar a sus legisladores para que avancen con el debate sobre la despenalización del aborto. Pero el camino hacia la ley no está despejado. Aunque los impulsores del proyecto celebran la visibilización del tema, saben que la sesión especial que pedirán diputados de la oposición para llevar el tema al recinto el 8 de marzo tiene pocas chances de prosperar, ya que los jefes de Cambiemos quieren avanzar “paso a paso” – y con un paquete de proyectos complementarios- e instruirían a sus diputados a no dar quórum. La discusión atraviesa de manera profunda y transversal a todos los bloques.

 

 

El puntapié legislativo inicial lo dieron las diputadas Mayra Mendoza y Mónica Macha (Frente para la Victoria), Nathalia González Seligra (PTS), Romina del Plá (PO) y Lorena Matzen (UCR- Cambiemos), quienes, a mediados de febrero, se reunieron junto a asesores de otros diputados de distintos espacios políticos y a integrantes de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito y acordaron presentar por séptima vez el proyecto de interrupción voluntaria del embarazo en el Congreso. Una semana después, pañuelazo mediante, un grupo de diputadas de la oposición decidió dar un paso más y anunció que pediría una sesión especial para tratar el tema directamente en el recinto el 8 de marzo, día del Paro Internacional de Mujeres.

Encabezado por Victoria Donda (Libres del Sur), el proyecto que se presentará el 6 de marzo cuenta al día de hoy con 45 firmas, entre las que se cuentan las de diputados de todos los bloques. Los diputados que trabajan más activamente en la iniciativa creen que es posible llegar al centenar de voluntades.

 

 

Pero, pese a que el proyecto va sumando lentamente adhesión en los distintos bloques, el avance del debate no está garantizado. Para que pueda darse inicio a la sesión se debe alcanzar el quórum, es decir, deberá haber 129 diputados sentados en sus bancas. Para habilitar el tratamiento de la iniciativa, que aún no tiene dictamen de comisión, el número se agrava: se necesitan dos tercios de los votos para tratarlo sobre tablas, una misión imposible si se considera que los referentes de Cambiemos ya advirtieron que, si bien están “dispuestos a dar el debate”, no darán quórum para el tratamiento del proyecto directo en el recinto. Este viernes, el oficialista por San Juan Eduardo Cáceres adelantó sentencia: “No dan los números en Diputados y menos en el Senado”, señaló.

“No estaría bien que un tema como éste llegase al recinto en una sesión especial, sin pasar por las comisiones. Hay que complejizar el debate. Tenemos que agregar a la discusión todas las aristas que están alrededor, como la subrogación de vientres, la adopción, los subsidios a aquellas mujeres que quisieran continuar con el embarazo, pero no lo hacen por motivos económicos”, razonó un referente de Cambiemos en la Cámara baja.

 

 

BLOQUE POR BLOQUE. En el oficialismo, como en todos los bloques, las posiciones están divididas. Por eso, los presidentes de cada bancada decidieron dar libertad de acción a sus diputados a la hora de expresar su mirada. Entre los diputados que están dispuestos a votar a favor también hay distintos posicionamientos. Mientras un sector deja en claro su militancia a favor del proyecto – y, en ese proceso, trabaja en forma mancomunada con legisladores de otros partidos políticos -, otros legisladores se mantienen en silencio, temerosos por la irritación que podría traer la noticia en sus lugares de origen, donde pesa la influencia de la Iglesia y de los sectores conservadores.

Según el punteo que hacen aquellos que impulsan el proyecto, en Cambiemos el radicalismo concentra el mayor número de diputados que votarían a favor. En el PRO, la proporción es menor. La Coalición Cívica prácticamente no cuenta con votos a favor.

Los diputados Sergio Wisky (PRO), Juan Villalonga (PRO), Brenda Austin (UCR), Karina Banfi (UCR), Miguel Bazze (UCR), Marcelo Weschler (PRO), Daniel Lipovetzki (PRO) y Samanta Acerenza (PRO) ya habían sido firmantes del proyecto que se debatió en 2016.  A ese grupo se sumaron ahora Josefina Mendoza, Fabio Quetglas, Alejandra Martínez, Olga Rista, Alejandro Echegaray y Matzen, todos de la UCR. La secretaria parlamentaria, Silvia Lospennato (PRO), también votaría a favor si el proyecto llegase al recinto. Dentro del oficialismo, también hay posiciones muy duras en contra de la ley, como la del presidente del bloque PRO, Nicolás Massot, Elisa Carrió y el vicepresidente segundo de la Cámara, Luis Petri.

 

Los diputados K Mayra Mendoza, Máximo Kirchner y Luana Volnovich.

 

El grueso del apoyo se cuenta dentro del bloque del Frente para la Victoria. Según las cuentas que hacen los referentes del bloque, los votos podrían llegar a 35, aunque no todos lo expresarán públicamente en la previa. Además de Mendoza y Macha, activas en la campaña, a favor de la despenalización ya se pronunciaron Máximo Kirchner, Luana Volnovich, Gabriela Cerruti, Rodolfo Tailhade, María Cristina Britez y Horacio Pietragalla.

El presidente del bloque, Agustín Rossi, optó por mantenerse al margen de la discusión para contener a aquellos diputados del espacio que están abiertamente en contra, como el sanjuanino José Luis Gioja. Sin embargo, si el proyecto llegara al recinto, el santafesino se pronunciaría a favor. Lo mismo haría la secretaria parlamentaria Cristina Álvarez Rodríguez, referente en temas de género en el bloque.

Dentro del Frente Renovador, en tanto, es conocida la posición que históricamente tuvo la presidenta del cuerpo, Graciela Camaño, en contra de la ley. A favor está confirmado el voto de Cecilia Moreau. En tanto, Daniel Arroyo y Mirta Tundis están en el grupo de quienes no acuerdan en lo personal, pero comprenden la necesidad de terminar con los abortos clandestinos por lo que, llegado el caso, votarían a favor.

 

 

Aunque evita el pronunciamiento público, por su afecto por el papa Francisco, Felipe Solá acompañó el debate en Diputados en 2010 y antes, como gobernador de la provincia de Buenos Aires, avanzó en la discusión y puso en práctica el régimen de aborto no punible. Esa decisión le valió la impugnación de organizaciones “pro-vida” ligadas a la Iglesia católica. Los impulsores del proyecto confían en que, en silencio, terminará votando a favor.

En el bloque Peronismo para la Victoria, que representa al Movimiento Evita, se cuentan otros cuatro votos positivos. Las diputadas de ese espacio Lucila de Ponti y Araceli Ferreyra acompañan históricamente el proyecto. A favor también están los tres diputados que forman parte del bloque de Martín Lousteau: el propio economista y Carla Carrizo y María Teresita Villavicencio, dos de las diputadas que firmarán el pedido de sesión especial. En el Frente de Izquierda, Nicolás del Caño se sumará al ya conocido apoyo de Del Plá y González Seligra.

Las incógnitas entre los bloques más numerosos están en la bancada Justicialista. Solo el diputado bonaerense Eduardo “Bali” Bucca dejó trascender que está “dispuesto a dar el debate”, mientras que su compañero de bloque, el salteño Andrés Zottos, ya anunció que está en contra. Según pudo saber Letra P, los diputados del espacio se pronunciarían “mayoritariamente” en contra.

 

 

UNA VICTORIA AÚN EN LA DERROTA. “Independientemente del oportunismo que puede haber o no detrás de esto, es una conquista de las mujeres. Ningún gobierno hasta ahora había aceptado que fuera parte de la agenda. Esto fue un arrebato, un triunfo del movimiento de mujeres, de la marea verde que copó la calle”, dice a Letra P Raquel Vivanco, coordinadora nacional del Movimiento Mujeres de la Matria Latinoamericana (MuMaLá).

Vivanco, que trabaja junto a Donda en el proyecto que se presentará el 6, dice que el pedido de sesión especial para el 8 de marzo tiene como objetivo “darle visibilidad al tema en un lugar adonde nunca llegó en la historia: dentro del recinto”.

“Si fracasamos, vamos a intentar por otras vías, como ya se hizo en otras oportunidades. Lo importante es visibilizar el tema. Vamos a acompañar todas las estrategias”, apunta Lucila de Ponti.

 

 

Entre los diputados que apoyan el proyecto hay una evaluación positiva sobre la instalación mediática del tema, aunque algunos creen que puede ser un “error táctico” llevarlo al recinto a sabiendas de que no se llegarán a juntar los diputados necesarios para que pueda debatirse. “Por un lado, el Gobierno desvía el debate de los temas de la economía que están yendo muy mal. Le hacemos el favor de no hablar de paritarias, despidos, la marcha de Moyano. Por el otro, puede ser un papelón si somos pocos en el recinto. Igual vamos a ir”, analiza una diputada que apoya el proyecto. La estrategia de presión, dice, tampoco servirá para sumar a los indecisos a los que "habría que convencer de a poco".

Sin embargo, en el balance final será una victoria. “Lo único negativo es que el Congreso no lo debata. Si el tema está en los medios ya es positivo”, dice una de las diputadas firmantes. “Si no sale esta vez hay que insistir. Se pedirá una sesión por mes hasta que salga”, refuerza Vivanco.

Para los diputados de Cambiemos que impulsan el proyecto, será una incomodidad. Los legisladores opositores que presentarán el pedido de sesión especial esperan que, por sobre la obediencia partidaria, hagan valer su posición y se sienten igual en el recinto. La luz verde de la Rosada no llega tan lejos. Los jefes del interbloque oficialista dieron la orden de mantener una estrategia parlamentaria única – esto es, de debate en etapas, en comisiones y con la inclusión de otros proyectos – al margen de la libertad de acción a la hora de levantar la mano en el recinto.

#AbortoLegalYa El Gobierno juega con fuegos artificiales en el Congreso

El oficialismo dio luz verde a la discusión, pero presentará otros proyectos y demorará el debate. Los impulsores de la campaña celebran la instalación del tema. Las posiciones, bloque por bloque.

Con el tema plantado en la agenda mediática, fruto de la larga lucha de organizaciones y activistas que tuvo como corolario el pañuelazo que el lunes 19 vistió de verde el Congreso, el Gobierno, acorralado por una agenda negativa que hizo eclosión en la marcha liderada esta semana por Hugo Moyano, decidió habilitar a sus legisladores para que avancen con el debate sobre la despenalización del aborto. Pero el camino hacia la ley no está despejado. Aunque los impulsores del proyecto celebran la visibilización del tema, saben que la sesión especial que pedirán diputados de la oposición para llevar el tema al recinto el 8 de marzo tiene pocas chances de prosperar, ya que los jefes de Cambiemos quieren avanzar “paso a paso” – y con un paquete de proyectos complementarios- e instruirían a sus diputados a no dar quórum. La discusión atraviesa de manera profunda y transversal a todos los bloques.

 

 

El puntapié legislativo inicial lo dieron las diputadas Mayra Mendoza y Mónica Macha (Frente para la Victoria), Nathalia González Seligra (PTS), Romina del Plá (PO) y Lorena Matzen (UCR- Cambiemos), quienes, a mediados de febrero, se reunieron junto a asesores de otros diputados de distintos espacios políticos y a integrantes de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito y acordaron presentar por séptima vez el proyecto de interrupción voluntaria del embarazo en el Congreso. Una semana después, pañuelazo mediante, un grupo de diputadas de la oposición decidió dar un paso más y anunció que pediría una sesión especial para tratar el tema directamente en el recinto el 8 de marzo, día del Paro Internacional de Mujeres.

Encabezado por Victoria Donda (Libres del Sur), el proyecto que se presentará el 6 de marzo cuenta al día de hoy con 45 firmas, entre las que se cuentan las de diputados de todos los bloques. Los diputados que trabajan más activamente en la iniciativa creen que es posible llegar al centenar de voluntades.

 

 

Pero, pese a que el proyecto va sumando lentamente adhesión en los distintos bloques, el avance del debate no está garantizado. Para que pueda darse inicio a la sesión se debe alcanzar el quórum, es decir, deberá haber 129 diputados sentados en sus bancas. Para habilitar el tratamiento de la iniciativa, que aún no tiene dictamen de comisión, el número se agrava: se necesitan dos tercios de los votos para tratarlo sobre tablas, una misión imposible si se considera que los referentes de Cambiemos ya advirtieron que, si bien están “dispuestos a dar el debate”, no darán quórum para el tratamiento del proyecto directo en el recinto. Este viernes, el oficialista por San Juan Eduardo Cáceres adelantó sentencia: “No dan los números en Diputados y menos en el Senado”, señaló.

“No estaría bien que un tema como éste llegase al recinto en una sesión especial, sin pasar por las comisiones. Hay que complejizar el debate. Tenemos que agregar a la discusión todas las aristas que están alrededor, como la subrogación de vientres, la adopción, los subsidios a aquellas mujeres que quisieran continuar con el embarazo, pero no lo hacen por motivos económicos”, razonó un referente de Cambiemos en la Cámara baja.

 

 

BLOQUE POR BLOQUE. En el oficialismo, como en todos los bloques, las posiciones están divididas. Por eso, los presidentes de cada bancada decidieron dar libertad de acción a sus diputados a la hora de expresar su mirada. Entre los diputados que están dispuestos a votar a favor también hay distintos posicionamientos. Mientras un sector deja en claro su militancia a favor del proyecto – y, en ese proceso, trabaja en forma mancomunada con legisladores de otros partidos políticos -, otros legisladores se mantienen en silencio, temerosos por la irritación que podría traer la noticia en sus lugares de origen, donde pesa la influencia de la Iglesia y de los sectores conservadores.

Según el punteo que hacen aquellos que impulsan el proyecto, en Cambiemos el radicalismo concentra el mayor número de diputados que votarían a favor. En el PRO, la proporción es menor. La Coalición Cívica prácticamente no cuenta con votos a favor.

Los diputados Sergio Wisky (PRO), Juan Villalonga (PRO), Brenda Austin (UCR), Karina Banfi (UCR), Miguel Bazze (UCR), Marcelo Weschler (PRO), Daniel Lipovetzki (PRO) y Samanta Acerenza (PRO) ya habían sido firmantes del proyecto que se debatió en 2016.  A ese grupo se sumaron ahora Josefina Mendoza, Fabio Quetglas, Alejandra Martínez, Olga Rista, Alejandro Echegaray y Matzen, todos de la UCR. La secretaria parlamentaria, Silvia Lospennato (PRO), también votaría a favor si el proyecto llegase al recinto. Dentro del oficialismo, también hay posiciones muy duras en contra de la ley, como la del presidente del bloque PRO, Nicolás Massot, Elisa Carrió y el vicepresidente segundo de la Cámara, Luis Petri.

 

Los diputados K Mayra Mendoza, Máximo Kirchner y Luana Volnovich.

 

El grueso del apoyo se cuenta dentro del bloque del Frente para la Victoria. Según las cuentas que hacen los referentes del bloque, los votos podrían llegar a 35, aunque no todos lo expresarán públicamente en la previa. Además de Mendoza y Macha, activas en la campaña, a favor de la despenalización ya se pronunciaron Máximo Kirchner, Luana Volnovich, Gabriela Cerruti, Rodolfo Tailhade, María Cristina Britez y Horacio Pietragalla.

El presidente del bloque, Agustín Rossi, optó por mantenerse al margen de la discusión para contener a aquellos diputados del espacio que están abiertamente en contra, como el sanjuanino José Luis Gioja. Sin embargo, si el proyecto llegara al recinto, el santafesino se pronunciaría a favor. Lo mismo haría la secretaria parlamentaria Cristina Álvarez Rodríguez, referente en temas de género en el bloque.

Dentro del Frente Renovador, en tanto, es conocida la posición que históricamente tuvo la presidenta del cuerpo, Graciela Camaño, en contra de la ley. A favor está confirmado el voto de Cecilia Moreau. En tanto, Daniel Arroyo y Mirta Tundis están en el grupo de quienes no acuerdan en lo personal, pero comprenden la necesidad de terminar con los abortos clandestinos por lo que, llegado el caso, votarían a favor.

 

 

Aunque evita el pronunciamiento público, por su afecto por el papa Francisco, Felipe Solá acompañó el debate en Diputados en 2010 y antes, como gobernador de la provincia de Buenos Aires, avanzó en la discusión y puso en práctica el régimen de aborto no punible. Esa decisión le valió la impugnación de organizaciones “pro-vida” ligadas a la Iglesia católica. Los impulsores del proyecto confían en que, en silencio, terminará votando a favor.

En el bloque Peronismo para la Victoria, que representa al Movimiento Evita, se cuentan otros cuatro votos positivos. Las diputadas de ese espacio Lucila de Ponti y Araceli Ferreyra acompañan históricamente el proyecto. A favor también están los tres diputados que forman parte del bloque de Martín Lousteau: el propio economista y Carla Carrizo y María Teresita Villavicencio, dos de las diputadas que firmarán el pedido de sesión especial. En el Frente de Izquierda, Nicolás del Caño se sumará al ya conocido apoyo de Del Plá y González Seligra.

Las incógnitas entre los bloques más numerosos están en la bancada Justicialista. Solo el diputado bonaerense Eduardo “Bali” Bucca dejó trascender que está “dispuesto a dar el debate”, mientras que su compañero de bloque, el salteño Andrés Zottos, ya anunció que está en contra. Según pudo saber Letra P, los diputados del espacio se pronunciarían “mayoritariamente” en contra.

 

 

UNA VICTORIA AÚN EN LA DERROTA. “Independientemente del oportunismo que puede haber o no detrás de esto, es una conquista de las mujeres. Ningún gobierno hasta ahora había aceptado que fuera parte de la agenda. Esto fue un arrebato, un triunfo del movimiento de mujeres, de la marea verde que copó la calle”, dice a Letra P Raquel Vivanco, coordinadora nacional del Movimiento Mujeres de la Matria Latinoamericana (MuMaLá).

Vivanco, que trabaja junto a Donda en el proyecto que se presentará el 6, dice que el pedido de sesión especial para el 8 de marzo tiene como objetivo “darle visibilidad al tema en un lugar adonde nunca llegó en la historia: dentro del recinto”.

“Si fracasamos, vamos a intentar por otras vías, como ya se hizo en otras oportunidades. Lo importante es visibilizar el tema. Vamos a acompañar todas las estrategias”, apunta Lucila de Ponti.

 

 

Entre los diputados que apoyan el proyecto hay una evaluación positiva sobre la instalación mediática del tema, aunque algunos creen que puede ser un “error táctico” llevarlo al recinto a sabiendas de que no se llegarán a juntar los diputados necesarios para que pueda debatirse. “Por un lado, el Gobierno desvía el debate de los temas de la economía que están yendo muy mal. Le hacemos el favor de no hablar de paritarias, despidos, la marcha de Moyano. Por el otro, puede ser un papelón si somos pocos en el recinto. Igual vamos a ir”, analiza una diputada que apoya el proyecto. La estrategia de presión, dice, tampoco servirá para sumar a los indecisos a los que "habría que convencer de a poco".

Sin embargo, en el balance final será una victoria. “Lo único negativo es que el Congreso no lo debata. Si el tema está en los medios ya es positivo”, dice una de las diputadas firmantes. “Si no sale esta vez hay que insistir. Se pedirá una sesión por mes hasta que salga”, refuerza Vivanco.

Para los diputados de Cambiemos que impulsan el proyecto, será una incomodidad. Los legisladores opositores que presentarán el pedido de sesión especial esperan que, por sobre la obediencia partidaria, hagan valer su posición y se sienten igual en el recinto. La luz verde de la Rosada no llega tan lejos. Los jefes del interbloque oficialista dieron la orden de mantener una estrategia parlamentaria única – esto es, de debate en etapas, en comisiones y con la inclusión de otros proyectos – al margen de la libertad de acción a la hora de levantar la mano en el recinto.