Con todo, la pelea dista de estar concluida y no pueden descartarse guarismos que vuelvan a mostrar un "dos coma" en los próximos meses.
Aquella tendencia favorable y de relativa retomada de la desinflación coincide, paradójicamente, con el recalentamiento de la divisa. Por esa coincidencia, esto último no es una mala noticia.
El tipo de cambio vuelve a niveles similares a los vigentes a fines del año pasado, por lo cual muchos precios de la economía quedaron fijados más arriba y lo que acontece por ahora no recalienta la inflación vía passthrough.
En esa línea, el techo de la banda de flotación que inquietaba a no pocos observadores hoy permanece lejos de la paridad del momento.
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Mientras el IPC no se altere, al Gobierno le conviene que el billete verde recupere valor.
- Primero, para que el peso no quede más desfasado en relación con otras monedas emergentes, en especial de países con los que la Argentina tiene un comercio intenso, como Brasil.
- Segundo, porque la evolución visiblemente más lenta del dólar en el primer cuatrimestre, cuando además la inflación se recalentó, había acumulado un atraso que generaba en algunos operadores y especialistas la idea de una divisa barata y que tomaba carrera para dar dolores de cabeza en el año electoral.
- Tercero, porque el dólar barato afecta las actividades industrial y constructiva internas, y con ellas el empleo y el salario, tal como siguen ratificando las últimas cifras oficiales. En especial, el sector manufacturero, perjudicado no sólo por la apertura comercial, sino por el abaratamiento de los bienes importados vía tipo de cambio. Algo análogo puede decirse del turismo receptor y emisor.
Nos sobran los motivos
Desarrollos externos e internos se conjugan para explicar lo que ocurre.
Entre los primeros se destacan el cese del fuego –por cierto que precario– que rige entre Estados Unidos e Irán, el que desinfló las cotizaciones del petróleo y de los alimentos. Si esas y otras muchas mercancías cotizan en dólares y pierden valor, relativamente el billete verde se encarece.
Asimismo, el acoso de Donald Trump al ahora expresidente de la Reserva Federal, el banco central de los Estados Unidos, Jerome Powell cesó cuando este simplemente agotó su mandato.
Esa pelea, la que libran presidentes y banqueros centrales, es un clásico mundial, en el que los primeros quieren que rijan tasas de interés bajas para que haya más actividad y empleo, y los segundos las prefieren más bien altas para cumplir su deber de mantener los precios bajo control.
Como sea, el reemplazo de Powell en mayo último, Kevin Warsh, llegó promovido por el republicano y, por lo tanto, en medio de especulaciones acerca de una baja de tasas. Sin embargo, ya titular de la Fed, este actuó como lo que comenzó a ser y enfrió esas especulaciones. Así, dado que la tasa no es más que el precio del dinero, el dólar se mantiene fuerte y ha ganado terreno frente al resto de las monedas.
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Kevin Warsh, presidente de la Reserva Federal.
Las devaluaciones de las divisas emergentes frente al billete verde han sido un aliciente para que el peso siga de alguna manera la tendencia global.
A nivel doméstico, se suma la apreciación de la moneda local de los últimos meses, la que empezó a ser percibida como barata por los agentes.
En medio del final de la temporada alta de la soja, ante la demanda de los primeros afortunados en cobrar el aguinaldo y en un piso de compras mensuales para atesoramiento de 2000 millones de dólares, lo anterior –el dólar barato– impactó a su vez en una mayor presión de ahorristas, importadores, turistas invernales y hasta hinchas pudientes motivados por ir a ver a la Scaloneta en el Mundial.
La estrategia del Banco Central
Con la inflación el leve declinación, el Banco Central cambió de postura y convalidó un cierto deslizamiento del dólar, el que no debería ser problemático mientras sea percibido como vinculado a las condiciones de la economía tanto en lo internacional como en el plano local.
En ese sentido, no debe sorprender que el valor de 1500 pesos sirva, provisionalmente, como una especie de mojón que la autoridad monetaria impidió superar en las últimas ruedas.
Como la idea es simplemente evitar que cualquier movimiento sea interpretado como brusco o fuera de control, la mencionada cotización tampoco estará escrita en piedra y su superación dependerá de que la tendencia del mercado cambiario no conspire contra el objetivo de continuar reduciendo el IPC.
Toto Caputo prepara el año electoral
Mientras, el Gobierno pasa mensajes tranquilizadores.
El nuevo vocero Ariel Ravier, de perfil no casualmente económico, debutó afirmando no solamente que "la economía va bien" y –mantra de larga data– que "lo peor ya pasó", sino refiriéndose concretamente al dólar y sus circunstancias. El equipo económico, aseveró, "está blindando a la Argentina" para "adelantarse a los hechos".
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Toto Caputo lanzó un mensaje oblicuo en el mismo sentido. En una serie de posteos en X enfatizó la vigencia de las puertas por las que considera que las divisas duras seguirán abasteciendo una demanda que sigue siendo sostenida y que lo será en mayor medida en el 2027 de definiciones.
Esas vías son las inversiones anunciadas en el marco del RIGI, el goteo de sojadólares que persistirá aun cuando la temporada alta ya concluyó y, sobre todo, la aceleración de las exportaciones de petróleo, la nueva riqueza nacional que no dejará de dar satisfacciones aunque el precio internacional de la commodity ya no sea la inflada desde marzo por imperio de la guerra en Irán.
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Seguramente ayudado por el superpetróleo de los meses más violentos en el golfo Pérsico, el complejo petrolero superó en mayo al oleaginoso como principal generador de divisas. Con la paz, ese hito tal vez sea pasajero, pero indica un sendero que seguramente se volverá definitivo en el mediano a largo plazo.
Santiago Bausili junta munición
Si la suba del dólar de junio es una suerte de recordatorio del futuro, hay que poner la mira en lo que el Gobierno en general y el Banco Central en particular hacen para precaverse de males potenciales que no ignoran.
Más allá de las operaciones de futuro, la colocación de instrumentos de deuda de modalidades diversas y otras formas de intervención, el Central sube o baja la hornalla del mercado cambiario sosteniendo o reduciendo sus compras de divisas. Cuando la demanda privada pica alto, la autoridad monetaria hace mutis por el foro… y viceversa.
La entidad que conduce Santiago Bausili aprovechó por fin la temporada alta de la soja –después de muchas ocasiones perdidas, algo que hasta el Fondo Monetario Internacional ha reprochado– para fortalecer su posición de reservas, leitmotiv de los últimos casi cuatro meses.
Así, las compras de junio –último mes de la soja– superaron los 1370 millones de dólares y las acumuladas en el año treparon por encima de los 11.100 millones. Sin embargo, pagos de deuda –con el mercado internacional aún cerrado para refinanciar vencimientos– y otras erogaciones hicieron que sólo se incorporara a las reservas alrededor del 70% de la última de esas cifras.
Lo que viene en el segundo semestre mostrará una acumulación decreciente.
La acechanza de la deuda eterna
El año electoral será un desafío cambiario grande, como suele suceder.
Por un lado, mientras el mercado voluntario de deuda no se abra para refinanciar vencimientos, el país se encontrará ante un cúmulo de compromisos por 32.200 millones de dólares.
Redondeando, de ese total, casi 12.500 millones corresponden a organismos internacionales, en buena parte refinanciables. El FMI, acreedor mayoritario de ese lote, quiere ver algo de cash para reducir su enorme –y políticamente autoinfligida– exposición a la Argentina, parte de vencimientos previstos por más de 7100 millones de dólares en 2027.
Por otro lado, unos 6300 millones son intra-Estado y, por ende, de renovación automática.
Aun así, restan vencimientos por casi 13.400 millones de dólares exigibles por parte de bonistas privados. Un montón de plata.
A eso habrá que sumar la demanda de importadores, sobre todo si la actividad recupera alto de tono. Y la del turismo emisor.
"Los dólares de Vaca Muerta terminan en Miami, en la 'comuna 16'", volvió a advertir Carlos Melconian, un favorito de la City.
"El saldo comercial fue de 2.700 millones de dólares y las personas nos llevamos 2.600 millones… Es una margarita a los chanchos", completó.
Finalmente, pero para nada menor, incidirá la demanda destinada a atesoramiento privado, que aumentará riesgo electoral mediante, sobre todo si algún candidato peronista, fantasma para el mercado, aparece con chances de triunfo.
Para eso es que el Banco Central también incrementó su tenencia de divisas, esto es su poder de fuego. Si algo no puede irse de las manos en un año electoral es el dólar, el más sensible de todos los termómetros de las crisis nacionales.
La pata política de la batalla
El Gobierno busca blindarse en todos los frentes, al menos en la medida en que le dan sus fuerzas, para lo que viene.
Mientras reza para que la economía de la calle parezca menos hostil –por ahora sin resultados– y si lo financiero responde a lo descripto –buscar vías de financiamiento, negociaciones con el Fondo, acaso tantear el mercado si el riesgo país perforara los 400 puntos a la baja–, lo político conlleva su propia estrategia.
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Una clave es terminar de vaciar el centro geográfico.
Otra, liquidar los amagues autonomistas de Mauricio Macri, cooptando de modo definitivo a figuras clave del PRO como Diego Santilli y Cristian Ritondo, de modo de asegurar la unidad de todas las derechas bajo la hegemonía paleolibertaria.
Por último y sobre todo, aprovechar la pulsión tanática del peronismo, que parece más decidido a partirse que a intentar una actualización de ideas y métodos, una resurrección y una pelea en serio por el poder.
Con avances en esos terrenos y con la eventual perspectiva de un favoritismo del Presidente, las tensiones cambiarias podrían resultar más tenues, se ilusionan Milei y su ministro.
Que tengas un muy buen día. Hasta mañana.