La relación entre el arzobispo Scheinig y el intendente Boto fortaleció la candidatura. Bergoglio dejó una huella decisiva. El Vaticano validó ese camino.
Antes de que el Vaticano confirmara la visita de León XIV a Buenos Aires, Luján y Córdoba para la primera quincena de noviembre, la ciudad bonaerense ya ocupaba un lugar central en los planes de la Santa Sede. La articulación entre el municipio y la Iglesia local consolidó a la basílica como escala casi inevitable de la primera gira papal.
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La relación entre el arzobispo de Mercedes-Luján, Jorge Scheinig, y el intendente Leonardo Boto fue uno de los pilares de ese proceso. Ambos asumieron sus responsabilidades casi en simultáneo, en 2019, y desde entonces construyeron una agenda común centrada en la recuperación del eje basilical, la infraestructura para recibir peregrinos, la promoción del turismo religioso y el fortalecimiento de Luján como capital espiritual del país.
Pero la historia venía de mucho antes. El entonces arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio, convirtió la Peregrinación Juvenil a Luján en uno de los grandes símbolos de su pastoral.
Año tras año caminó junto a miles de jóvenes, confesó durante horas, celebró misas y terminó de consolidar a la basílica como el gran santuario popular. Esa impronta terminó de proyectar a Luján como un punto de referencia ineludible para cualquier pontífice que visite el país.
Una construcción compartida
Boto llegó a la intendencia en 2019, tras ocho años de gestión de Cambiemos, y fue reelecto en 2023 con el 58% de los votos. Desde el inicio de su mandato encontró en Scheinig un aliado institucional para recuperar el entorno urbano de la basílica y potenciar la infraestructura destinada a millones de peregrinos que llegan cada año.
Una vez más, Luján fue el corazón de la fe de todo un país. Millones de peregrinos caminaron con esperanza, emoción y el alma puesta en un mismo destino. pic.twitter.com/VKBZBEoUmz
La sintonía entre ambos trascendió las obras públicas. También impulsaron una agenda de diálogo social e interreligioso que tuvo uno de sus hitos en la Escuela de Pensamiento Nacional, un ámbito plural de reflexión promovido por el municipio.
En ese marco se realizaron los llamados Encuentros de Diálogo, el último fue esta semana sobre el legado del papa Francisco. Moderado por Boto, contó la participación de Scheinig, el rabino Daniel Goldman y el dirigente musulmán Omar Abboud, copresidentes del Instituto de Diálogo Interreligioso (IDI).
En octubre, además, Luján será sede de un encuentro de santuarios marianos, otra iniciativa que reforzará el perfil religioso de la ciudad apenas semanas antes de la llegada de León XIV.
Tras la confirmación oficial del viaje, Boto celebró la decisión. "Con enorme emoción recibimos la confirmación oficial de la visita de León XIV a nuestra ciudad, un acontecimiento que marcará la historia de Luján y de todos los argentinos", expresó.
Álvarez Rodríguez, M. Fernández, Kicillof, Boto y Scheinig durante un acto por el primer año del fallecimiento del papa Francisco
El jefe comunal agregó que, "como capital de la fe y corazón espiritual de la Nación, nos honra recibirlo en un lugar que, desde hace generaciones, reúne a millones de peregrinos y devotos de la Virgen de Luján".
"Luján abre sus puertas para recibir al papa con la alegría de todo un pueblo", completó.
De visita protocolar a celebración multitudinaria
En las primeras conversaciones entre la Santa Sede y el Episcopado argentino circulaba una idea mucho más acotada: que León XIV ingresara a la basílica para rezar unos minutos ante la imagen de la Virgen de Luján, en un formato similar al que adoptó durante su reciente visita a la catedral de la Almudena, en Madrid.
Con el paso de las semanas, sin embargo, prevaleció otra visión. Tanto el Episcopado como el Vaticano entendieron que la magnitud simbólica de Luján exigía una celebración abierta y multitudinaria, capaz de reunir a cientos de miles de fieles.
León XIV viene: Luján siempre estuvo cerca
Actualmente se analizan dos alternativas: una misa al aire libre en la Plaza Belgrano o una celebración dentro de la basílica con pantallas gigantes para quienes permanezcan en el exterior. La definición quedará en manos de la comisión conjunta de logística, ceremonial y seguridad que trabaja con el Vaticano.
Scheinig ya anticipó el espíritu de la jornada. "Luján será el principal escenario del encuentro con los fieles. Queremos que todo el pueblo de Dios se sienta invitado", afirmó. También reconoció las expectativas de otras regiones del país que quedaron fuera del recorrido, aunque recordó que la duración del viaje obligó a concentrar la agenda.
El corazón mariano de Argentina
La elección de Luján responde también a casi cuatro siglos de historia religiosa. La devoción nació en 1630, cuando la carreta que trasladaba una pequeña imagen de la Virgen María se detuvo, según la tradición, a orillas del río Luján y no volvió a avanzar. Aquel episodio, conocido como el Milagro de la Carreta, dio origen al principal santuario mariano del país.
En esa historia ocupa un lugar central Manuel, el esclavo africano que permaneció junto a la imagen hasta su muerte, hacia 1686. Su causa de beatificación, impulsada por Scheinig, atraviesa actualmente la etapa romana con la elaboración de la positio, el documento que reúne las pruebas para avanzar en el proceso canónico.
Mural del Negro Manuel, custodio de la imagen de la Virgen, en Luján
La política tampoco permaneció ajena al peso simbólico de la basílica. La restauración integral del templo fue la primera gran obra pública licitada por Néstor Kirchner tras asumir la Presidencia, el 25 de mayo de 2003. Dos años después inauguró la primera etapa de los trabajos y, en 2007, encabezó junto con Cristina Fernández de Kirchner una nueva fase de recuperación del histórico edificio.
Los antecedentes de Juan Pablo II
León XIV no será el primer papa que rece ante la Virgen de Luján. En junio de 1982, en plena Guerra de Malvinas, Juan Pablo II llegó hasta la basílica a bordo del tren presidencial del Ferrocarril Sarmiento. Allí entregó una Rosa de Oro a la Virgen —distinción que en la Argentina solo comparte con el santuario de Nuestra Señora del Valle, en Catamarca— y pidió a los jóvenes que "el odio no envenene sus almas". Terminada la misa, sorprendió al rechazar el automóvil oficial y regresar en un colectivo de línea hasta la estación ferroviaria para acercarse a la multitud.
Cinco años después ocurrió el episodio inverso. Durante la visita de 1987, el itinerario oficial no incluyó una escala en Luján. El entonces obispo Emilio Ogñenovich intentó reparar la ausencia trasladando la imagen original de la Virgen hasta Buenos Aires, pero la decisión disgustó a Karol Wojtya, que entendía que era él quien debía peregrinar hasta el santuario y no al revés.
Cuando concluyó sus actividades en Rosario y emprendió el regreso a Buenos Aires, Juan Pablo II pidió expresamente sobrevolar la basílica de Luján. El pedido fue transmitido por un colaborador vaticano al piloto del avión papal, que obtuvo autorización para descender y realizar varias pasadas sobre el santuario.
Mientras observaba la basílica desde la ventanilla, Wojtya pronunció una frase que quedó grabada en la memoria eclesiástica: "La salvación del mundo partirá de la Argentina". Aquel gesto fue leído como una reparación por la ausencia de Luján en la agenda oficial.
En reconocimiento al peso singular del santuario mariano, Juan Pablo II elevó en 1997 a Mercedes-Luján al rango de arquidiócesis inmediatamente dependiente de la Santa Sede, una condición excepcional que comparte con muy pocas jurisdicciones en el mundo.
Las sedes que quedaron afuera
Tal como contó Letra P, en la etapa preliminar de la organización también se evaluó incorporar a Santiago del Estero, tierra de Mama Antula, la primera santa argentina canonizada por Francisco. Finalmente, razones logísticas, de seguridad y de tiempos de traslado llevaron al Vaticano a concentrar el viaje en Buenos Aires, Luján y Córdoba.
En ese contexto cobran sentido las palabras del cardenal Ángel Rossi, arzobispo de Córdoba: "No es una revancha; diría más bien que es una especie de continuidad, casi una delicadeza de León. Viene a realizar lo que Francisco quiso hacer y no pudo. Es una forma de homenaje".
La frase también explica por qué Luján quedó en el centro del itinerario. Más que una incorporación de último momento, fue una escala construida durante años, apoyada en la tradición mariana, en la huella pastoral de Bergoglio y en una articulación institucional entre Iglesia y municipio que el Vaticano terminó por convalidar.