León XIV, tres mujeres y una cúpula de cristal que cede
Dos religiosas y una laica al frente de ministerios vaticanos estratégicos. Argentinas en ascenso y los casos domésticos. La casta ultraconservadora, incómoda.
La religiosa Alessandra Smerilli, elegida por León XIV al frente un ministerio vaticano clave
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María Montserrat Alvarado, designada por León XIV al frente del Dicasterio de Comunicación
El papa León XIV consolidó en el Vaticano una tendencia inédita al ubicar a tres mujeres al frente de dicasterios estratégicos. La decisión profundizó la reforma de la Iglesia iniciada por el papa Francisco, fortaleció perfiles argentinos con influencia en Roma y volvió a exponer la resistencia de los sectores más conservadores de la Curia romana.
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La fotografía del poder en el Vaticano volvió a cambiar. Sin gestos estridentes ni anuncios revolucionarios, León XIV terminó de delinear una de las señales políticas más nítidas de su pontificado: la promoción sostenida de mujeres a puestos ejecutivos en los dicasterios (ministerios) vaticanos.
El nombramiento de la economista y religiosa italiana Alessandra Smerilli como prefecta del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral completó una secuencia que ya incluía a la mexicana María Montserrat Alvarado al frente del Dicasterio para la Comunicación y a la religiosa Simona Brambilla, la primera mujer en conducir un ministerio de la Santa Sede.
Lejos de representar un giro respecto de Jorge Bergoglio, la decisión confirmó la continuidad de la reforma institucional impulsada durante el papado del argentino. Sin embargo, el actual pontífice avanzó sobre una arquitectura que su antecesor apenas había comenzado a construir. Si Francisco abrió la puerta, León XIV empezó a poblarla de nombres propios.
La nueva cartografía del poder vaticano
La designación de Smerilli no constituyó un movimiento aislado. El ministerio vaticano que conducirá concentra algunas de las prioridades políticas de la Iglesia contemporánea: migraciones, desarrollo humano, derechos sociales, paz, ambiente y aplicación de la encíclica Laudato si'. Se trata de una estructura creada por Francisco para sintetizar buena parte de su agenda global.
María Montserrat Alvarado, designada por León XIV al frente del Dicasterio de Comunicación
A ella se suma el desembarco de Alvarado como primera mujer laica que dirigirá en soledad un dicasterio. La futura prefecta administrará toda la comunicación de la Santa Sede, desde Vatican News hasta Radio Vaticano, la televisión y la Oficina de Prensa. El cargo posee una relevancia estratégica en un pontificado que todavía construye identidad internacional.
Brambilla, por su parte, ya había quebrado un techo histórico al convertirse en la primera prefecta de un dicasterio. Más tarde, León XIV amplió todavía más su influencia al incorporarla al Dicasterio para los Obispos, organismo que analiza y propone los candidatos episcopales de todo el mundo. Allí participa de uno de los procesos más sensibles de la gobernabilidad eclesial.
El patrón se repite. En casi todos los casos aparecen mujeres con perfiles académicos sólidos, experiencia administrativa y conocimiento de la estructura romana. No se trata de nombramientos simbólicos sino de funcionarias llamadas a intervenir sobre decisiones concretas de gobierno.
La continuidad que León XIV decidió no cortar
El patrón no nace con Robert Prevost. Fue Francisco quien en los últimos años de su pontificado empujó sistemáticamente ese cambio: nombró a Brambilla, ascendió a Raffaella Petrini a la Gobernación del Estado Vaticano y sumó a la argentina María Lía Zervino al Dicasterio para los Obispos, mientras cuestionaba públicamente la "mentalidad chauvinista" de la casta curial.
León XIV, que integró ese equipo como cardenal antes de ser elegido, eligió no desarmarlo. Al contrario: en febrero sumó a Brambilla también al Dicasterio para los Obispos, el organismo que selecciona a los futuros pastores del mundo, y en mayo de 2025 designó a Tiziana Merletti como secretaria de Vida Consagrada. El techo se mueve, pero despacio y con cardenales sosteniendo cada puerta.
Nudo argentino: Cuda, Zervino y la doctrina como palanca
Entre esas fichas hay una argentina que crece en silencio: Emilce Cuda, doctora en Teología, sigue -aunque todavía sin confirmación- como secretaria de la Pontificia Comisión para América Latina y fue sumada como consultora del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso. En los pasillos curiales la describen como "la dama de dos papas", por haber sostenido funciones de confianza tanto con Francisco como con Prevost, con quien construyó un vínculo que resultó determinante en su ascenso.
Robert Prevost, actual León XIV, con la argentina Emilce Cuda
Emilce Cuda en X
El sello de la teóloga argentina es "promover la política como forma de caridad", una fórmula que conecta directamente con la doctrina social que León XIV no resigna pese a las presiones conservadoras. La acompaña, en la nómina de laicas bergoglianas que sobreviven al cambio de pontificado, Zervino, socióloga y expresidenta de la Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas, incorporada por Francisco al Dicasterio para los Obispos.
El ascenso femenino con correlato doméstico
Ese ascenso femenino tiene, además, un correlato doméstico menos visible pero igual de sistemático. En la estructura de la Conferencia Episcopal Argentina, las secretarías ejecutivas —el nivel en el que efectivamente se gestiona la política eclesial cotidiana— están actualmente en manos de mujeres en al menos seis comisiones: Sofía Zadara dirige Cáritas Argentina; Constanza Levaggi es secretaria ejecutiva de la Comisión Episcopal de Catequesis, Animación y Pastoral Bíblica; María Vanesa Monzón ocupa el mismo rol en la Comisión Episcopal de Comunicación; María Patricia Alonso lo hace en Pastoral Carcelaria; Marisa Menta está a cargo de la Comisión Episcopal de Vida Consagrada, y María Celia Amable dirige la Comisión Episcopal de Vida, Laicos y Familia (Cevilaf).
A esa lista se sumanAyelén Tomasini, presidenta de la Comisión Nacional de Justicia y Paz, y Claudia Carbajal, al frente de la Acción Católica Argentina, dos organismos con peso propio por fuera de la estructura estrictamente episcopal.
El caso más resonante, sin embargo, sigue siendo diocesano: en octubre de 2023, Jorge García Cuerva designó a la abogada María del Pilar Olveira Brun como canciller del Arzobispado de Buenos Aires, la primera mujer en ese cargo dentro de la curia porteña. Al anunciarlo, el arzobispo citó expresamente a Francisco y su sueño de una Iglesia con "estructura eclesial" convertida en "cauce adecuado para la evangelización" antes que en aparato de autopreservación.
Lo que la casta curial no perdona
El nuevo reparto del poder no transcurrió sin resistencias. En los sectores doctrinales más conservadores persisten cuestionamientos al alcance de estas designaciones. La discusión es, antes que política, teológica: gira alrededor de la relación entre el sacramento del orden sacerdotal y la potestad de gobierno dentro de la Iglesia.
Los críticos sostienen que determinados organismos deberían permanecer bajo conducción exclusiva de clérigos ordenados. Francisco respondió parcialmente a ese debate con la constitución apostólica Praedicate evangelium, que habilitó a cualquier bautizado a ejercer funciones de gobierno por mandato del papa y no únicamente por haber recibido el orden sagrado.
León XIV mantuvo ese criterio, aunque optó por una fórmula de equilibrio. En algunos casos designó a una mujer al frente del dicasterio y a un cardenal como proprefecto o colaborador para las competencias vinculadas con funciones sacramentales. El esquema le permitió avanzar sin romper por completo los equilibrios internos de la Curia.
La discusión excede la cuestión de género. Enfrenta dos concepciones de Iglesia: una que entiende el gobierno como una consecuencia exclusiva del ministerio ordenado y otra que lo vincula también con la misión confiada por el papa, la competencia profesional y la corresponsabilidad bautismal.
Con tres mujeres al frente de dicasterios y otras argentinas en puestos de influencia, León XIV confirmó que el rediseño del poder iniciado por Francisco sigue en marcha. Bergoglio abrió la puerta; Prevost decidió no cerrarla.