Elif Eralp, la alemana poscomunista que el domingo ganó las elecciones en Berlín, ¿otro impulso a las izquierdas argentinas para encontrar el antídoto contra Javier Milei?
Hay siempre un hilo misterioso que une los efectos nacionales y los internacionales, hecho a veces de influencias directas y otras, las más, de ciertos climas de época. Por ambas vías, el mundo se empeña en sugerir tendencias que podrían moldear el 2027 de la Argentina, las que permiten pensar tanto la persistencia de elementos que siguen haciendo de Javier Milei un candidato competitivo como el surgimiento de posibles antídotos contra la pócima amarga del presente.
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"Con dos demostraciones corpulentas de vigor político, Axel Kicillof y Myriam Bregman llenaron el sábado de preguntas. ¿Es por izquierda la salida de la Argentina de extrema derecha que Milei quiere estirar al menos hasta 2031? ¿'Se viene el zurdaje', se estará preguntando Mirtha Legrand en su habitación del Sanatorio Mater Dei?", escribió Juan Rezzano en Letra P.
"¿Kicillof y Bregman –el peronismo y el trotskismo, para que no se enoje nadie por la personalización en desmedro de las construcciones colectivas– son capaces de sepultar sus prejuicios mutuos en favor de una construcción superadora? ¿Existe un punto de encuentro entre dos cosmovisiones tan diferentes, pero que dicen compartir el sujeto social destinatario de sus desvelos militantes?", siguió preguntándose el autor.
Esa posibilidad requeriría que se resolviera la diferencia de raíz entre una construcción movimientista, policlasista y catch-all, y otra, mucho más pequeña y de izquierda doctrinaria, respectivamente.
Más probable parece que el peronismo busque un camino propio. En tal caso, la izquierda combativa debería definir si se anima a dejar de lado sus elaboraciones teóricas sobre la revolución para, siguiendo ejemplos como los del Frente Amplio uruguayo y el Partido de los Trabajadores de Brasil, iniciar el cursus honorum de la política electoral que le permitiera convertir el aplauso a la coherencia en votos efectivos, por caso, en la Ciudad de Buenos Aires.
El jefe de Redacción de Letra P pone la mira en los dos principales emergentes individuales de la oposición a Milei, según surge de las encuestas de opinión en el furioso corto plazo.
Management & Fit, Relevamiento Nacional de julio 2026 –cuantitativo y nacional de 2600 casos; 20 a 31 de julio de 2026; mediante metodología presencial, online y CATI; margen de error del ±2,1%, con 95% de confianza–.
Pero ¿por qué se trata de un poskirchnerista y de la principal referencia del Frente de Izquierda?
El mundo nos grita
De Perú a Colombia y muy pronto en Brasil, se dibuja, en primer lugar, un panorama de sociedades brutalmente polarizadas entre derecha e izquierda. Opciones además, que se ubican nítidamente en los extremos.
Segundo, electorados que parecen cortados exactamente por la mitad con un cuchillo afiladísimo.
En tercer lugar, despunta un predominio de las ultraderechas, aunque se impone una pregunta por el significado de fondo de esa tendencia: ¿lo que pierde frente a ellas son las izquierdas –el recuerdo fresco de Pedro Castillo y el final de Gustavo Petro– o, simplemente, los oficialismos de esos casos testigo?
Brasil aguarda por una confirmación o refutación de esa inercia, pero el hecho de que el sector que se jugará el todo por el todo en la doble vuelta del 4 y el 25 del mes que viene sea, a la vez, gobierno y de izquierda resultará poco concluyente al respecto. Acaso lo sea más la suerte de Donald Trump en las midterms estadounidenses del 2 de noviembre.
Donald Trump y Luiz Inácio Lula da Silva.
Cuarto, se dice que las izquierdas que tienen éxito electoral no son las moderadas, en versión socialdemócrata, sino las radicales. ¿Es así? Sí lo parece en grandes metrópolis de países desarrollados, mientras que casos nacionales recientes, como los de Uruguay y, cuatro años atrás, Brasil, indicarían lo contrario.
Quinto y último, el centro, tanto como lugar ideológico como, incluso geográfico –definido como "eso" que simplemente se ubica entre izquierda y derecha– tiende a quedarse sin sustancia.
¿Argentina 2027? El mundo da señales desde más allá de la región.
En tal caso, ¿qué deben hacer los progresismos frente a sectores sociales reluctantes a los discursos socialistas o populares: moderarse y acercarse a ellos en el entendimiento de que Nueva York es una especificidad de imposible copy and paste o, efectivamente, ir por todo?
Las elecciones regionales del último fin de semana en Alemania le echaron leña a ese debate.
El último domingo, como en la Nueva York de Mamdani, la izquierda radical se impuso en una gran metrópoli como Berlín, donde se alzó con el 25,7% de los votos.
En tanto, AfD –un partido plagado de elementos neonazis– ganó en Mecklemburgo-Pomerania Occidental y, dos semanas antes, había arrasado en Sajonia-Anhalt, lo que la dejó a la puerta de convertirse en la primera agrupación de ese signo político en gobernar un estado federado desde la caída de Adolf Hitler.
2. El karma del fifty-fifty:
Por caso, el estado de Mecklemburgo-Pomerania Occidental quedó virtualmente dividido en dos grandes bloques enfrentados: la ultraderecha de AfD (38%) frente al centroizquierda del SPD, dejando a las demás fuerzas sin capacidad de arbitraje directo.
3. La ultraderecha sigue de moda:
AfD consolidó un crecimiento anticipado por los sondeos y se erigió como la primera fuerza en el este –excomunista, aún postergado en su nivel de vida– de Alemania.
4. La izquierda que gana es radical:
Die Linke dio el batacazo en una Berlín cosmopolita y poderosa, virtual capital de Europa y cruzada por un proceso migratorio intenso que ha sabido asimilar mejor que las periferias alemanas. De hecho, su candidata y posible alcaldesa-gobernadora, Elif Eralp, es hija de inmigrantes turcos.
5. El centro son los padres:
Los centroderechas tradicionales –la Unión Demócrata Cristiana (CDU)– y centroizquierda –el Partido Social Demócrata (SPD)– no dejan de perder votos, bancas e influencia.
¿La tendencia se volverá también federal?
"Asequibilidad", la palabra del momento
Eralp tiene 45 años y es hija de refugiados políticos turcos de izquierda que llegaron a Alemania tras el golpe militar de 1980.
Su eje de campaña fue lo socioeconómico, especialmente en lo que ya es un lugar común en los países desarrollados, especialmente en sus mayores ciudades: el problema del costo de vida, esto es la asequibilidad o accesibilidad.
En ese sentido, convirtió en un ícono el colgante dorado que la acompañó durante toda su campaña, con la palabra Mietendeckel, que significa "tope a los alquileres".
Elif Eralp, la izquiedista ganadora de las elecciones de Berlín.
En efecto, su campaña tuvo como eje descollante el drama de la vivienda en Berlín. Para eso, prometió, justamente, limitar los aumentos de las rentas y expropiar tres mil viviendas hoy en manos de grandes empresas inmobiliarias de modo de ampliar la oferta mediante una política de shock.
Mamdani vibes… ¿Qué otra cosa hizo el alcalde neoyorquino, otro socialista, otro hijo de inmigrantes musulmanes? Hablar de asequibilidad –affordability–, transporte gratuito, cuidado universal para niños pequeños y, en el tema sensible de la vivienda, un combo de congelamientos, regulaciones, subsidios e impuestos a las grandes fortunas, más digeribles que las expropiaciones para la tradición política menos estatista de los Estados Unidos.
El eslabón perdido
El eslabón perdido entre ambos fue Morris Katz, estratega del neoyorquino que puso a su equipo a disposición de Die Linke en Berlín. Para él, el socialismo democrático tiene buenas chances en las grandes ciudades occidentales.
Zohran Mamdani y su estratega, Morris Katz.
En el credo del nuevo gurú de las izquierdas metropolitanas, los motivos de queja de las mayorías son variados, pero el eje de una campaña no puede extraviarse en una pluralidad de reivindicaciones. El mensaje debe ser simple, concreto, abarcativo y eficaz: asequibilidad. La gran etiqueta para condiciones materiales de vida insatisfactorias.
La estrategia, entonces, tiene que tener un monotema o, como mucho, un puñado limitado de ejes: para Mamdani, transporte, cuidado infantil, y, sobre todo congelamiento de los alquileres; para Eralp, sobre todo esto último: Mietendeckel.
La receta rinde en las grandes ciudades. ¿Valdrá también en espacios nacionales más amplios, diversos y conservadores?
Entre otras actividades, dará charlas y entrevistas, tratará de hacerse entender por responsables de fondos de inversión –conciliando la necesidad de presentar sus ideas sobre el futuro de la deuda bonaerense y nacional con su deseo de desmarcarse del mote de "Soviético"–, verá al español Pedro Sánchez y –¿casualidades?– se reunirá con Mamdani.
Una estabilidad que impone penurias pero no termina de consolidarse, la recesión en ciernes, las heridas del ajuste perpetuo, la licuación planificada de ingresos populares y el abandono de la propia idea de nación imponen hablar de condiciones de vida.
No es difícil imaginar que Mamdani le aconseje a Kicillof: "Talk about affordability".
Del PT al FA: el dilema del FIT
El Frente de Izquierda y de Trabajadores - Unidad (FIT) tiene unos cuantos activos en su poder: una militancia consecuente en universidades, escuelas, fábricas y barrios; coherencia discursiva, oposición sin fisuras a la extrema derecha, presencia en la calle en todas y cada una de las reivindicaciones populares, y figuras que siempre están a la altura de lo que pide su base.
Como todo balance, también tiene pasivos: un dogmatismo marcado y una pelea con otras facciones de la izquierda combativa solo comprensibles para los iniciados en los debates del marxismo trotskista.
Tanto el Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil como el Frente Amplio (FA) de Uruguay contaron, desde sus inicios, con fracciones trotskistas que decidieron dos cosas: primero, asumir su pertenencia a un todo mayor y, con vocación de poder, aceptar programas y candidaturas reformistas; segundo, comenzar a construir electoralmente desde la dimensión municipal.
Lo primero parece improbable para el FIT, que, más que acercarse a la centroizquierda, pretende que ese espacio vaya hacia su orilla. ¿Y lo segundo?
El PT llegó al gobierno de la ciudad de San Pablo en 1989 y desde ese momento se hizo también con los de Porto Alegre, Belo Horizonte, localidades populosas del ABC paulista y de capitales de estados como Belém, Goiânia, Recife, Vitória y Florianópolis. Recién en octubre de 2022, después de tres derrotas, Luiz Inácio Lula da Silva dio el gran salto nacional.
En tanto, tras la llegada de Tabaré Vázquez a la intendencia de Montevideo en 1990 y varias derrotas nacionales, el FA consiguió detentar el poder en Uruguay nada menos que entre 2005 y 2020, y ahora nuevamente desde 2025.
Tabaré Vázquez fue elegido intendente de Montevideo el 15 de febrero de 1990. Quince años después, el Frente Amplio se convertiría en una fuerza predominante a nivel nacional en Uruguay.
¿Apostará el FIT a un crecimiento nacional de la mano de Bregman, su figura más taquillera? ¿Buscará, en cambio, hacer pie con fuerza en la Ciudad de Buenos Aires?
Al PT y al FA, lo municipal les permitió controlar y acumular recursos de poder, mostrar gestión y reducir el temor de capas acomodadas, medias y también de trabajadores que dejaron de atribuirles el peligro del caos, los soviets, los defaults descontrolados y el deseo de conculcar la propiedad privada en lugar de, simplemente, regularla con criterio social.
En más de un sentido, los ejemplos de Nueva York y de Berlín parecen más adaptables a Buenos Aires que a la totalidad de una Argentina en crisis estructural y con ciudades y provincias de cuño conservador fuerte, desde Córdoba a Salta y tantas más.
Hay en la Ciudad mucho para decir y hacer en términos de transporte, de acceso a la vivienda –sobre todo para los jóvenes–, de integración urbana… De asequibilidad, bah.