Si el proyecto de Presupuesto 2027 es un conjunto de deseos sobre cómo debería responder la economía para que la reelección de Javier Milei no se complique más de la cuenta, cabe mirar más allá de sus voluntarismos en materia de inflación y crecimiento. El problema de la deuda pública emerge así nítidamente en un contexto cada vez más complejo para el Gobierno.
Registrate para continuar leyendo y disfrutando de más contenidos de LETRA P.
En efecto, el Presidente se vería forzado a pedir el voto a la ciudadanía al mismo tiempo que Toto Caputo deba hacer frente a vencimientos por casi 25.000 millones de dólares –la mitad de ellos con acreedores privados y 6000 millones con el FMI– a pura motosierra y licuadora.
La maldición de Avellaneda
El texto del Presupuesto que se elevó al Congreso establece en su artículo 42 la posibilidad de que el Poder Ejecutivo busque "el 18% del monto total destinado a la emisión de títulos públicos (…) en moneda y bajo jurisdicción extranjera". Es decir, en el mercado voluntario internacional, por un equivalente a 36.000 millones de dólares.
"Al aplicar el tope del 18% sobre el equivalente a 54.180 millones de dólares previstos en colocaciones de deuda –convertidos al tipo de cambio promedio proyectado en la pauta macroeconómica para 2027 de 1728 pesos por dólar–, la autorización para colocar bonos bajo tribunales arbitrales internacionales alcanzaría los 31.354 millones de dólares", desglosó la periodista Lorena Haken una nota publicada en Letra E, el nuevo portal económico de Letra P.
"A ese cupo se suman tres operaciones de crédito aprobadas de manera directa en la planilla anexa en dólares estadounidenses por un total de 3750 millones (…). Asimismo, el artículo 49 faculta a Economía a concretar emisiones adicionales por hasta 1030 millones de dólares 'con destino exclusivo a la cancelación de obligaciones derivadas de decisiones y/o laudos firmes dictados en arbitrajes internacionales contra el Estado Nacional', lo que redondea el esquema en 36.000 millones de dólares", finalizó.
Acudir al mercado internacional, claro, es apenas una posibilidad para la que Caputo busca autorización en la futura ley de Presupuesto. La realidad es que la misma parece de improbable concreción por factores que se analizarán un poco más adelante, lo que en el esquema actual, obligaría al Gobierno, en plena campaña, a hacer frente a esas obligaciones en base a la perpetuación de un ajuste que debería forzar un superávit primario de 1,3% del PBI y a las divisas que aporten las exportaciones y los ingresos financieros.
Refinanciar vencimientos en las bolsas internacionales, esto es más allá de las limitaciones del mercado local, permitiría, en teoría, aliviar la carga del ajuste. Como contrapartida, no poder hacerlo llevaría a recrear la promesa de 1876 de Nicolás Avellaneda: los argentinos, los mismos que serán llamados a votar, economizarán "hasta sobre su hambre y sobre su sed para responder en una situación suprema a los compromisos de nuestra fe pública en los mercados extranjeros".
Detrás de los cristales, llueve…
La acumulación de nubarrones en los mercados globales –verdadera amenaza de tormenta perfecta– creció ayer con la decisión de la Reserva Federal –el banco central de los Estados Unidos– de elevar en 25 puntos básicos su tasa de interés de referencia, llevándola a un rango de 3,75 a 4%.
La decisión, sin precedentes desde 2023, sería seguida este mismo año de una segunda suba para poner en caja una inflación que se ha mantenido "demasiado alta desde hace demasiado tiempo", según dijo el titular del organismo, Kevin Warsh.
La inflación estadounidense llegó en agosto a 3,4% interanual, muy por encima del objetivo del 2% de la Fed y alimentada por las dos grandes y mal calculadas aventuras de Donald Trump: el aumento generalizado de los aranceles y –desde fines de febrero, con severo impacto en el petróleo– la guerra contra Irán.
El jefe de la Casa Blanca había promovido a Warsh a ese puesto para lo contrario: bajar la tasa y, de ese modo, dinamizar la economía en paralelo a sus necesidades electorales. Por eso, con las midtermsdel 3 de noviembre en el horizonte, reaccionó indignado a la decisión del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) de la Fed.
Afuera llueve.
… y adentro también
"Que la tasa suba en Estados Unidos siempre nos afecta porque ese país es una aspiradora de dólares. Si allá los remuneran mejor, los inversores deciden acudir ahí en lugar de tomar riesgo en otros mercados. Es cierto que hoy no hay una gran masa de inversores posicionados en bonos argentinos, por lo que no se va a ver una salida de fondos importante. Sin embargo, hay que poner la mirada en 2027, cuando el país va a tener que colocar fondos para repagar vencimientos", le explicó a desPertar el analista financiero Christian Buteler.
¿Por qué Estados Unidos sube la tasa? "Porque tiene problemas para controlar la inflación y su propia deuda. Es decir que hay una inestabilidad financiera a nivel mundial. Y como siempre, cuando el resto del mundo se resfría, Argentina se puede pescar una neumonía", agregó.
Aunque no sea la única causa, la propia expectativa de que la Fed decidiera lo que finalmente concretó ayer se vincula con el repunte del riesgo argentino, que volvió a acomodarse por encima de los 500 puntos básicos, esto es cinco puntos porcentuales por encima de los rendimientos de los bonos del Tesoro norteamericano, que viene de ubicarse en niveles sin precedentes desde 2007. Sin una reducción de ese indicador a menos de 350 puntos, no hay financiamiento posible para el país.
Fuente: Ámbito Financiero.
Por ahora, el impacto del incremento de la tasa norteamericana de 0,25% es limitado y afectó, sobre todo, a los índices accionarios de Wall Street, que sufren una salida de fondos hacia el mercado de renta fija.
Fuente: MarketWatch.
Sin embargo, si la realidad derivara en una segunda suba y, sobre todo, en un eventual agravamiento de la crisis en el sector de la inteligencia artificial, Argentina podría enfrentarse a un escenario más hostil, que no sólo saque de la cancha financiera al Gobierno, sino también a empresas que todavía acceden a financiamiento externo.
Si YPF, la reina de Vaca Muerta, hoy toma fondos a un elevado 7,5%, un mercado más difícil el año que viene podría dejarle poco lugar al financiamiento de la inversión privada.
Eso limitaría el ingreso de dólares necesarios para pagar deuda, lo que obligaría a Caputo a confiar en un superávit comercial que se proyecta importante y, de modo más polémico, a raspar los fondos de olla del mercado doméstico, los organismos internacionales y, acaso, la cara y vaporosa benevolencia de Donald Trump.
El hambre y la sed
Por lo dicho, la autorización para que Toto Caputo acuda a los mercados externos contenida en el artículo 42 del proyecto de Presupuesto debe ser entendida como una virtualidad sin chances concreción. Quedarían, entonces, "el hambre y la sed". Mala opción para una campaña electoral que ya comienza, de hecho, sobre la base de un escenario económico recesivo.
La segunda pelota será la propia campaña. Si el marasmo de la actividad económica, la destrucción de puestos de trabajo, la derrota deliberada de los salarios y las jubilaciones, y el producto de todo eso que es la caída del consumo –todo lo que Milei niega con frenesí– constituyen un pobre escenario para la búsqueda del respaldo ciudadano, otra complicación será el hecho de que el oficialismo se enfrentará con el –a pesar de todo– persistente peronismo.
Sea Axel Kicillof u otro el candidato que dé pelea en octubre-noviembre del año que viene, en ese espacio prima la idea de que la deuda pública resulta impagable en sus condiciones actuales.
Eso explica los requiebres del discurso del ministro de Economía, que un día actúa con criterio electoralista y advierte –lleno de macartismo extremista– contra el "riesgo kuka", para pasar al siguiente a comportarse como el funcionario que es y desestimar esa posibilidad que desagrada a los inversores.
Presupuesto 2027: ensayo sobre el dolor
Si lo que convendría buscar afuera no va a estar disponible, en la lógica de Milei sólo queda ajustar, ajustar y ajustar, así eso deteriore más el nivel de actividad y la calidad de vida de las mayorías.
Eso, que pegaría sobre índices de pobreza e indigencia que se anticipan crecidos, muestra sólo una de las facetas por las que el ajuste por venir será tan impopular.
El reverso de esa moneda está dado por la verdadera razón de ser del proyecto paleolibertario: la maximización de las ganancias de ciertos segmentos del empresariado, a los que se les permite mantener indexados sus ingresos a costa de las capas medias y populares de la población.
En efecto, locadores de viviendas, dueños de empresas de salud y educación privadas, y compañías de telefonía, cable e Internet, entre otras, no tienen ningún impedimento para indexar lo que quieran. De ese modo, para quebrar la inercia inflacionaria, el Gobierno se limita a pararse firme contra el pueblo.
Tampoco resulta políticamente digerible otra novedad de las últimas horas: el proyecto de Presupuesto también elimina la actualización de los pagos a los prestadores de servicios a personas con discapacidad. Cómo será de cruel lo que viene que hasta los diputados de La Libertad Avanza (LLA) se mostraron escandalizados.
Entonces, el ajuste perpetuo es lo único que se le ocurre a Milei para lidiar con el monstruo inflacionario, que ayer volvió a jugarle una mala pasada con el dato mayorista de agosto.
El 2,1% anunciado por el INDEC dejó una vez más en offside la sabiduría que se atribuye el Presidente –tan inverosímil como su "doctorado"– y ridiculizó los golpes en el pecho que se había dado al fraguar el cumplimiento del "cero coma…" de julio.