La movilización fue encabezada por el gremio docente de AGMER y contó con la participación de otros sindicatos como SADOP y estatales como ATE, CTA Autónoma y CTA de los Trabajadores, entre otros sectores que adhirieron a la jornada. Sin embargo, la suma de sellos organizadores contrastó con el escaso volumen de la marcha.
A la vez, la fallida manifestación de protesta levantó el mal humor y la desaprobación de algunos sectores de los sindicatos, que cuestionaron los costosos gastos que debieron solventar sus arcas para apuntalar una medida que careció de repercusión.
Los gastos de los gremios, en la mira
Para sostener la convocatoria, las organizaciones sindicales destinaron más de 30 millones de pesos en logística y traslados, según dejaron saber por lo bajo fuentes de algunas de las organzaciones.
El operativo habría incluido la contratación de al menos 15 colectivos con un costo cercano a los $600.000 más IVA cada uno, además de autos particulares y remises utilizados para garantizar la presencia de manifestantes provenientes de distintos puntos de la provincia.
Con todo, no fue el único cuestionamiento en el ámbito sindical.
Sin embargo, el impacto de la medida de fuerza fue limitado en términos de adhesión. De acuerdo a datos del Consejo General de Educación (CGE), más del 70% del personal docente asistió a las aulas durante la jornada, lo que permitió el desarrollo normal de clases en la mayoría de las escuelas. Fuentes gremiales hablan de un 80% de adhesión a la medida.
El contraste entre el volumen de recursos destinados a la movilización y el nivel de acatamiento al paro expuso una brecha entre la dirigencia sindical y la conducta efectiva en el territorio, donde la mayoría del gremio docente optó por garantizar el dictado de clases.