El cierre de listas para la interna del PJ de Jujuy dejó una paradoja incómoda para Carolina Moisés. La senadora consiguió el proceso electoral que reclamaba, pero no el resultado político que buscaba. Rubén Rivarola, el último presidente antes de la intervención, cerró a casi todos los sectores del peronismo provincia para enfrentarla.
Moises fue una de las principales impulsoras de la intervención judicial que exigió el fin de la intervención política del partido. Sus intenciones de quedarse con la presidencia del PJ, primero de manera directa y luego a través del exdiputado Carlos de Aparici, y su alineamiento nacional con el armado de Gustavo Sáenz terminaron empujando al resto de las tribus peronistas a confluir detrás de Rivarola.
La interna quedó planteada entre dos listas. De un lado, Generación Valiente, el espacio de Moisés con De Aparici como candidato a presidente. Del otro, la Celeste y Blanca N° 2 llevará al propio Rivarola como candidato principal y reunió a sectores vinculados al diputado Guillermo Snopek, al exgobernador Eduardo Fellner, y a referentes como Guillermo Jenefes y Carlos Haquim. El kirchnerismo , los gremios y la mayoría de los intendentes también se sumaron al armado del hombre al que Alberto Fernández corrió de la presidencia del partido por su cercanía con el gobierno de Gerardo Morales.
La sombra de Sáenz sobre la interna peronista en Jujuy
La fractura no se explica solamente por la pelea doméstica por cargos. En el resto del peronismo pesó también la lectura de que Moisés quedó alineada con Sáenz, el gobernador salteño que busca construir un polo federal, pragmático y dialoguista para terciar en la interna nacional del PJ. Ese armado mantiene puentes con la Casa Rosada y genera recelos en sectores que no quieren que el sello jujeño quede asociado a una terminal provincial del saencismo.
En esa clave, la disputa por la presidencia del PJ excede la sede partidaria. Si Moisés gana, Sáenz podría sumar una cabecera institucional en el norte para su proyecto nacional. Si pierde, esa apuesta queda golpeada antes de nacer en la provincia. Por eso, para los sectores que se abroquelaron detrás de Rivarola, la discusión de fondo no era únicamente quién encabezaba el Consejo Provincial, sino quién tendría la lapicera para ordenar alianzas, candidaturas y estrategia electoral en 2027.
Moisés intentó una salida de consenso hasta el final. Primero reclamó la presidencia partidaria para ella y luego propuso a De Aparici como figura alternativa. También ofreció un reparto de cargos en el Consejo Provincial y en el Congreso partidario. Del otro lado, la respuesta fue negativa. La discusión se trabó en la desconfianza: ningún sector quiso entregarle a la senadora, ni a un dirigente de su confianza, el control del partido.
Tras presentar su lista, Moisés buscó correrse del lugar de intransigente. En un comunicado, sostuvo que agotó los esfuerzos por la unidad y que priorizó la reconstrucción partidaria por encima de sus aspiraciones personales. También responsabilizó a la conducción de Rivarola por el retroceso del PJ en la provincia y planteó la interna como una disputa entre dos modelos: uno atado a viejas prácticas y otro que, según su sector, pretende recuperar competitividad para 2027.
Rubén Rivarola y una coalición a la defensiva en el PJ
La respuesta del rivarolismo llegó con volumen territorial. Rivarola no sólo presentó lista propia. También logró reunir a casi todos los espacios que podían funcionar como contrapeso interno. El ex vicegobernador Jenefes, que hasta las últimas horas aparecía como una de las incógnitas del cierre, quedó dentro del armado. Según pudo saber Letra P, será candidato a presidir el Congreso provincial del PJ. También aparecen dirigentes de su sector, entre ellos Juan Jenefes y María Uriondo.
La Celeste y Blanca incluye además al propio Fellner como candidato dentro de la nómina y a un hermano de Leila Chaher, dato que confirma la incorporación de sectores del kirchnerismo jujeño al armado de Rivarola. La lista contiene, además, representación de espacios ligados a Haquim, Snopek, gremios, intendentes y dirigentes del interior. La foto interna es nítida: Moisés quedó con su espacio propio; Rivarola reunió al resto.
La amplitud de la Celeste y Blanca no elimina las tensiones entre sus integrantes. Varios de esos sectores estuvieron enfrentados durante años y llegan a este acuerdo más por resistencia a Moisés que por una síntesis política consolidada. Rivarola consiguió transformar el rechazo a la conducción de la senadora en una plataforma común para disputar el control partidario.
La dificultad operativa de la interna también jugó a favor de las estructuras más grandes. La elección obliga a cubrir más de 700 cargos entre Consejo Provincial, Congreso provincial, congresales nacionales y estructuras departamentales. Además, exige avales en todos los departamentos. Según fuentes del proceso, incluso a Rivarola le costó completar todos los requisitos y necesitó del aporte de intendentes, gremios y dirigentes territoriales. En su presentación pública, la Celeste y Blanca informó más de 8.000 avales. Generación Valiente aseguró haber presentado 716 candidatos y 9.900 avales.
Ese punto abre otro capítulo, porque la presentación de listas no equivale a oficialización. Desde ambos bandos advierten que la discusión continuará.
La pelea real por el armado del peronismo en 2027
La elección del 30 de agosto difícilmente cierre por sí sola la fractura. La experiencia reciente juega en contra. El PJ jujeño llega a esta etapa después de sanciones, impugnaciones, intervenciones, rupturas legislativas y pérdida sostenida de representación. La intervención judicial logró ordenar un calendario, pero no reconstruyó una autoridad política aceptada por todos.
En la Celeste y Blanca creen que la ventaja de Rivarola es amplia. No sólo por el nombre del candidato, sino por la cobertura territorial, la capacidad de fiscalización y la integración de sectores diversos. Moisés apuesta a instalar una campaña de renovación contra la vieja dirigencia y capitalizar el desgaste de un partido que llegó intervenido a la interna. Su problema es que esa narrativa llega con poco aparato frente a una estructura que se abroqueló casi completa del otro lado.
El impacto excede la interna partidaria. En 2027, el PJ pondrá en juego buena parte de su representación legislativa y todos los sectores ya descuentan que una división sostenida puede hacerle perder la segunda minoría en la Legislatura. Ese lugar aparece amenazado por La Libertad Avanza, que en Jujuy creció como fuerza de oposición y puede capitalizar una nueva fragmentación peronista. Para el oficialismo provincial, una interna que deje heridas abiertas también puede ser funcional: divide a una oposición debilitada y reordena la competencia alrededor de la disputa entre el Frente Cambia Jujuy y el mileísmo.
Todavía queda margen para un entendimiento posterior. Algunas fuentes no descartan que una eventual unidad nacional del peronismo decante en un acuerdo provincial antes de las elecciones del año próximo. Pero ese escenario aparece, por ahora, más como una hipótesis de contención que como una salida inmediata.