Maximiliano Pullaro en la conferencia de prensa que le puso fin al motín policial en Santa Fe.
Con una conferencia de prensa que logró otorgarle por primera vez la iniciativa desde que comenzó el motín de la Policía de Santa Fe, Maximiliano Pullaro logró ponerle fin a la protesta que lo tuvo una semana a maltraer. Si bien el gobernador ve una mano negra detrás, priorizó frenar la sangría y defender su principal bandera.
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La reacción fue casi automática: una vez que Pullaro dio por terminada su conferencia tras 45 minutos de discurso, los policías que aún estaban apostados en la puerta de la Unidad Regional II de Rosario comenzaron a retirar los patrulleros y retomar paulatinamente sus tareas. Detrás suyo quedaron las esquirlas que dañaron por primera vez el corazón del relato que la Casa Gris construyó con paciencia y esmero en torno a la seguridad pública. Una crisis que se cocinó durante meses y que el gobierno, por primera vez, no tuvo la agilidad suficiente para prevenir antes de que le explotara.
A sabiendas de que su relato sufrió una herida severa, durante la conferencia apareció el perfil que Pullaro mejor cultiva: el fighter que no teme entrar en el golpe por golpe. Cada vez que el gobernador se sacó los lentes y despegó la mirada de su iPad, dejó declaraciones fuertes: enumeró los compromisos cumplidos por su gobierno, avisó que tenía “el cuero duro”, pero quería mirar para adelante y tendió una y otra vez puentes con los sectores policiales, recordando las veces que “puso la cara” por ellos. Un torniquete discursivo para cortar la hemorragia que se dilató siete largos días. El gobernador dejó en claro, sin embargo, que era un ultimátum: si la protesta no terminaba reimpondría las sanciones que desactivó en un gesto de buena voluntad.
La mano negra que ve Maximiliano Pullaro
Más allá del control de daños, Pullaro se permitió sembrar frases que dejan en claro que ve una mano negra que “se montó sobre un reclamo genuino” para romper su vínculo, que hasta ahora lucía indestructible, con la Policía. “Hay mucha manipulación”, dejó saber el gobernador. No escapa al análisis de la Casa Gris que la protesta se desactivó con la misma propuesta que doce horas antes se le había extendido a “quienes dicen ser interlocutores” de los azules. “Tuvimos una buena reunión anoche y, por alguna razón, las cosas cambiaron luego”, dejó el interrogante el hughense.
Detrás de esa afirmación se halla la convicción de que hubo infiltrados agitando las manifestaciones con otras motivaciones. En la Casa Gris avisan que ya están investigando fake news que se viralizaron en grupos de WhatsApp y Telegram de policías. También dicen tener identificados a los encapuchados más activos en la marcha frente a Jefatura, y deslizan que son figuras cercanas a los trece jefes policiales detenidos desde el año pasado por un caso de corrupción en la compra de combustibles para patrulleros. Por ese episodio descabezaron a la policía de Rosario.
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Maximiliano Pullaro junto a su ministro de Seguridad y Justicia Pablo Cococcioni y el jefe de la Policía de Santa Fe, Luis Maldonado.
Los dos desafíos a futuro
De cara al futuro, la Casa Gris enfrenta dos desafíos. El primero, con la sangría ya detenida, es sanar el vínculo con la fuerza policial. Dentro del gobierno reconocen que hace tiempo sabían del malestar de los agentes y hay algunos reproches por la falta de rapidez para contener el problema. Encima, los interlocutores con los azules quedaron desautorizados: no por nada Pullaro decidió parar a su lado al jefe de la Policía -que fue escupido por un manifestante no identificado, otro indicio de infiltración de la protesta- y darle su apoyo explícito.
El otro desafío es evitar un efecto contagio con el resto de los empleados públicos. El gobernador reconoció que están mal pagos e hizo referencia tres veces a que sin recuperación económica es difícil recomponer el ingreso, en un mensaje a la Casa Rosada. Este mismo martes fue la primera reunión paritaria; todo indica que los sindicatos huelen sangre y están más combativos que de costumbre. Pullaro se tiene fe para poder recuperarse. Cuando terminó su conferencia, se escucharon aplausos: parte de su gabinete había ido a bancarlo en su hora más aciaga.