Javier Milei anunció la firma del Pacto de Mayo en Córdoba y las cámaras se posaron en Martín Llaryora que, con cara de ocasión, dejó escapar una sonrisa amable. El gobernador estaba otra vez en el centro de la escena, el lugar del que nunca quiso correrse.
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El sanfrancisqueño no se inmutó. Sabía que la “sorpresa” del Presidente tenía a Córdoba como protagonista y desde un primer momento encontró allí una serie de potencialidades que no está dispuesto a desaprovechar.
Viajó en nombre del “diálogo y del consenso” y, contra todas predicciones de los opositores duros, se llevó un premio: el Presidente lo volvió a poner en un lugar protagónico. No esta vez como el enemigo predilecto, sino como lo que siempre quiso ser, uno de los garantes de la gobernabilidad.
Como contó Letra P, Llaryora viajó hasta el Congreso en nombre del consenso y se trajo consigo una carta que está dispuesto a jugar en el futuro. Con las diferencias ya expuestas está dispuesto a tensionar tanto como sea posible para instalar una agenda “productiva y social” que, con acento federal, ponga a la Argentina en la senda del crecimiento.
Ese escenario, que siempre tuvo muy claro para el círculo chico del llaryorismo, le impidió al sanfrancisqueño enfrentar frontalmente al libertario sin exponerse a una serie de consecuencias demasiado dañinas para su proyección nacional.
Ahora, el cordobés redobla la apuesta y pide una mesa amplia en donde se sienten los sectores productivos y lo sectores sindicales para “avanzar en una reforma estructural de la Argentina”.
“La Argentina necesita una reforma pero no necesita un capricho”, dijo a la salida del Congreso, abrazando la propuesta presidencial pero marcando las distancias que lo siguen ubicando en el terreno de la oposición.
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Martín Llaryora en le palco con los gobernadores durante el discurso de Javier Milei.
Hablando de la necesidad de avanzar hacia una “gran acuerdo argentino”, Llaryora puso un freno a la emoción libertaria. No está dispuesto a negociar las banderas que ya plantó como referente provincial y aunque entiende las “necesidades” nacionales no claudicará en su “defensa de los intereses de Córdoba”. Lo dijo, lo repitió y lo seguirá advirtiendo.
Es difícil imaginar que el sector del peronismo más cercano al exgobernador no supiera del anuncio. La celebración suena lógica, por lo que también es razonable la unidad discursiva que viene fortaleciéndose en el PJ mediterráneo.
Más allá de la euforia, la diputada Natalia de la Sota volvió a marcar sus distancia con el Presidente y se alejó de los puentes que el minarquista trazó con el cordobesismo. “Milei no habló del dolor de hoy. No me sorprende”, escribió.
Al alargue
Con todo, en el llaryorismo entienden que el Presidente “gana tiempo” del mismo modo en que el gobernador logra escapar de brete en el que empezaba a sentirse demasiado incómodo.
En la previa, se encargó de alejarse de las propuestas libertarias encabezando el acto que presentó las actividades del “Mes Provincial de la Mujer”, defendiendo la creación de la Universidad de Río Tercero, reclamando por la vuelta del FONID y plantando bandera con el plan provincial de transporte.
Viajó sabiendo que el regreso le presentaría otro desafío, que ahora busca aprovechar.
Para adentro, Llaryora gana tiempo en un partido que se presentó mucho más chivo de lo que imaginaba. Con toda la oposición abocada en el contragolpe, se logró ubicar en el campo y espera. Sabe que tiene un tiempo más que, asume, será demasiado largo.