Leonardo Nardini, una candidatura que no prende entre las tribus del peronismo
Fuerte en Malvinas, sin despegue provincial. La apuesta a Uñac, los recelos de las tribus del PJ y la foto con Espinoza que su entorno desvincula del MDF.
Nardini (en el medio), junto a Pablo Garate, Alberto Descalzo, Fernando Espinoza y Luis Vivona.
Leonardo Nardini quiere gobernar Buenos Aires, pero su candidatura todavía tiene más voluntad que volumen político. El intendente de Malvinas Argentinas acompaña la apuesta presidencial de Sergio Uñac sin resolver el problema central de su proyecto: transformar su fortaleza municipal en una alternativa que gravite entre el electorado bonaerense y las estructuras del peronismo.
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La mirada crítica sobre su postulación pone el foco en dos dificultades que se alimentan entre sí: la escasa instalación fuera de su territorio y la falta de pertenencia a una de las tribus que disputan el futuro provincial. Nardini no integra el Movimiento Derecho al Futuro (MDF), tampoco se encuadra en La Cámpora ni forma parte de la Liga de Intendentes Peronistas. Su autonomía le permite conversar con todos, pero lo deja ante la tarea de construir un sostén propio para una pelea de escala provincial.
Cuando confirmó su decisión de ser candidato, en septiembre, su entorno describía una estrategia de reuniones privadas y trabajo silencioso. La incógnita es cuánto de ese movimiento puede convertirse en adhesiones que trasciendan Malvinas. El lanzamiento que contó Letra P dejó planteado ese desafío.
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El contraste con su distrito es marcado. Nardini fue reelecto intendente con el 60% de los votos en 2023 y encabezó la lista de concejales que consiguió el 68% en 2025. Esos resultados acreditan una base local; no permiten trasladar automáticamente ese respaldo al conjunto de la provincia.
Su candidatura tampoco empezó con el anuncio de septiembre. En junio, este medio había registrado carteles y actividades de dirigentes que lo promovían para suceder a Axel Kicillof. La instalación venía en marcha, aunque entonces el intendente todavía evitaba confirmar públicamente la postulación. Aquel primer despliegue mostraba una aspiración que ahora necesita sumar densidad política.
El acompañamiento a Uñac tampoco ofrece, por sí mismo, un atajo. La apuesta reúne dos proyectos que necesitan ampliar su alcance electoral. En el caso del jefe comunal, el interrogante es qué estructura bonaerense puede aportar esa sociedad y cuánto contribuye a instalarlo en una discusión dominada por otros nombres y pertenencias.
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La distancia con los principales sectores tiene, además, una historia. Su paso por el Ministerio de Infraestructura bonaerense, iniciado en 2021, habría dejado reparos políticos que todavía pesan en su relación con dirigentes del actual MDF. La experiencia en el gabinete no se tradujo en una integración estable al armado de Kicillof.
En La Cámpora también persiste el recelo por el juego propio que hizo durante aquella etapa, sin alinearse por completo. Esa autonomía vuelve a aparecer como motivo de desconfianza frente a sus movimientos actuales. El vínculo conserva tensiones: tener interlocución con el kirchnerismo no equivale a contar con su respaldo para la gobernación.
De todos modos, Nardini está lejos de carecer de contactos. El archivo registra reuniones con Cristina Fernández de Kirchner, Miguel Pichetto y Emilio Monzó, además de encuentros con Uñac y Dante Gebel. La cuestión es qué construcción sale de esa agenda. La estrategia de conversaciones múltiples amplió su mesa de interlocutores, sin resolver su encuadramiento.
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Sus últimos movimientos volvieron a abrir esa discusión. Nardini compartió un acto y una foto con el intendente de La Matanza, Fernando Espinoza; el exintendente de Ituzaingó Alberto Descalzo; el intendente de Tres Arroyos, Pablo Garate, y el diputado bonaerense Luis Vivona.
Voces del peronismo del conurbano leen esa foto -durante la apertura de los Juegos Argentinos Urbanos en el municipio de Malvinas Argentinas- como un intento de acercamiento al MDF, una interpretación que ubica al intendente en la búsqueda de un lugar dentro de un armado con mayor escala.
En su entorno descartan de plano esa lectura. Sostienen que sigue su propio camino y que la relación con el jefe comunal de La Matanza es anterior al nacimiento del espacio de Kicillof. Para ese círculo, la foto expresa vínculos políticos previos y no un cambio de alineamiento.
La diferencia de interpretaciones expone el dilema de su candidatura: el acercamiento que algunos interpretan como una posible incorporación a una tribu choca con la negativa de su entorno, que reivindica la construcción propia. Nardini ya hizo explícita su voluntad de competir. Todavía debe mostrar qué fuerza puede darle proyección provincial a esa decisión.