Axel Kicillof tendrá una agenda de tres pasos este viernes en Córdoba: participará del congreso de la Federación de Asociaciones de Trabajadores de la Sanidad (FATSA), presentará un libro y firmará convenios de gestión con el intendente de Cosquín, Raúl Cardinalli, y la Universidad Tecnológica Nacional (UTN).
Martín Llaryora no opuso resistencia al desembarco de un probable candidato presidencial del peronismo. Sin embargo, buscará quedar alejado de cualquier especulación precipitada. La misma actitud esquiva mostrará Natalia de la Sota, presa de los rumores de un acuerdo nacional que la alejaría de la política provincial, a la que no piensa renunciar.
Kicillof pasará por esta provincia con un buen marco sindical de fondo. Héctor Daer ordenó a su alfil de ATSA, Ricardo López, que invite a todos, sin importar pelaje ni procedencia. Uno de los secretarios generales de la CGT, Octavio Argüello (Camioneros), también será de la partida. Otro de los triunviros, Jorge Sola (Seguro), habría deslizado la posibilidad de llegar al encuentro que la organización estima que superará las mil personas.
Fuera del anillo sindical, la política cordobesa estará muy al pendiente, aunque asome como una constante la negación de los vínculos entre el peronismo cordobés y el kicllofismo.
Martín Llaryora viaja el viernes a San Juan
Fuentes del Panal, como se conoce al Centro Cívico provincial, aseguraron a Letra P “que todos son bienvenidos a la República de Córdoba”, pero no habrá foto con su par Kicillof.
Primero, explican que no habría razón de un encuentro entre ambos gobernadores, porque el presidenciable no viene en plan de gestión. Y si pudieran saltarse el "protocolo", tampoco sería posible porque Llaryora tiene planificado un viaje a San Juan, para participar este viernes de la Expo Minera que reunirá a más 200 empresas cordobesas. Este es un giro típico del resbaladizo cordobesismo: la gestión y las escapaditas convenientes ante visitas polémicas.
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El gobernador de Córdoba, Martín Llaryora, volverá a la Expo San Juan Minera
La anticipación de los movimientos calculados del mandatario bonaerense bastó para generar impacto en el PJ cordobés, que oscila entre la peronización con la que avanza Llaryora, la tradición transversal de la provincia que no se depone y el necesario equilibrio con la Casa Rosada para evitar la guerra en 2027, cuando Llaryora intentará su reelección.
Natalia de la Sota sospecha un acuerdo
Quienes conocen las dinámicas de la provincia y el cauteloso armado de Kicillof afirman que el desembarco se hizo con venia cordobesista. Este punto es el que resaltan en la escudería de Natalia de la Sota para negar, por enésima vez, su vínculo con Kicillof y las versiones que la ubican como su compañera de fórmula presidencial.
De la Sota se mantendrá al margen. En el búnker ubicado en el coqueto barrio Rogelio Martínez no pestañean al afirmar que esta gira del exministro de Economía de Cristina Fernández de Kirchner se arregló “de gobernador a gobernador”.
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Natalia de la Sota se mantiene al margen del armado de Axel Kicillof en Córdoba
“Kicillof cree que Llaryora lo va a apoyar: que se olvide”, dicen las usinas del delasotismo que, en la semana en la que vienen visitas bonaerenses, advierten que el gobernador cordobés sigue más cerca de Mauricio Macri, Maximiliano Pullaro, Juan Schiaretti y todo nombre transversal que camine si eso favorece su reelección.
“Inexorablemente Natalia, en ese contexto, deberá ser candidata a gobernadora”, disparó un asesor de la fundadora de Defendamos Córdoba. En la msma semana que viene Kicillof, los operadores de la diputada vuelven a hablar del plan de Córdoba que, si bien no había abandonado, había perdido centralidad por sus giras nacionales, que debían terminar en un frente antilibertario.
El complejo ecosistema del PJ de Córdoba
No es secreto que Llaryora buscará un acuerdo de no agresión con Milei en la ronda provincial y será la negociación de la reforma política, con la suspensión de las PASO, la primera parada. La prioridad es el proyecto local, pero en ese marco no se descarta un juego abierto con el peronismo. El problema es que no prometerán nada hasta que el mapa electoral decante y seguirán regando las canteras del peronismo federal, abriendo la tranquera para que el kicillofismo entre al impenetrable cordobés o coqueteando con outsiders como Dante Gebel.
En ese mientras tanto, con esta vía libre a Kicillof sin meterse de lleno, probablemente Llaryora se congracie con el estado de opinión dominante del peronismo cordobés, que quiere poner un punto final al proyecto de Javier Milei el año que viene y que no hará la vista gorda como ocurrió con Sergio Massa. Ese mismo peronismo es el que reconoce que Llaryora y Kicillof hablan permanentemente. “Es más profundo de lo que se ve”, admiten.
En la mesa chica del gobernador hay quienes prefieren el tono institucionalista y atan las conversaciones a preocupaciones comunes de cualquier gestor como los fondos para el PAMI o las cajas de jubilaciones. Hay otras voces que hablan de relaciones no sólo de Llaryora con Kicillof sino a todos los niveles con alfiles del bonaerense. Nombran mucho al ministro de Gobierno bonaerense, Carlos Bianco, naturalmente; también al vicepresidente de la Cámara de Diputados, Mariano Cascallares.
Bajo reserva mantienen a quien hace algunos meses le habría propuesto la fórmula presidencial al cordobés. El peronismo habla y parece más entusiasmado con Kicillof de lo que expresan sus cabecillas.