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La larretización de Axel Kicillof

Candidatos naturales, sus lanzamientos no sorprendieron a nadie. Mauricio Macri y CFK. Ni romper ni abrazar. El error del porteño que acecha al bonaerense.

Horacio Rodríguez Larreta lo asume como uno de los errores capitales que frustraron su aspiración presidencial, la "obsesión" que lo acompañó desde la más tierna infancia: lanzado a la carrera por la Casa Rosada, no abrazó ni rompió con Mauricio Macri y quedó atrapado en el limbo de un no lugar. Axel Kicillof corre el riesgo de ser Larreta.

El fantasma de Horacio recorre La Plata

En La Plata cuentan que en la cabecera de la mesa chica del gobernador de Buenos Aires hay una foto de Larreta. Es como una estampita que tiene -tenía- el poder de calmar ansiedades y frenar el ímpetu de quienes presionaban para acelerar el paso de la campaña de instalación de Kicillof como candidato a presidente.

El 23 de febrero de 2023, Larreta lanzó formalmente su candidatura con un video grabado en el kilómetro cero de la ruta 40, en la tan kirchnerista provincia de Santa Cruz. Fue una noticia vieja. Larreta confirmó su candidatura, tituló Letra P ese día. Kilómetro cero y, también, impacto cero.

Un botón de muestra de la no novedad: diez meses antes, el 29 de abril de 2022, el entonces jefe de Gobierno porteño dijo por primera vez en público que estaba en carrera. Fue en el Foro Llao Llao, en Bariloche, frente a la crema y nata del Círculo Rojo. Larreta lo dijo por primera vez: “Voy a ser candidato”, reveló ese día este portal.

Larreta no entiende su precocidad proselitista como un error, sino, más bien, como una consecuencia inevitable para un dirigente que se encaminaba a cumplir su segundo mandato al frente de la nacional vidriera porteña, sin chance legal de reelección, con un altísimo nivel de conocimiento a nivel país, con chapa de buen gestor y con su perfil por las nubes por la visibilidad que le había aportado la pandemia, un proceso que inició como el "amigo Horacio" de Alberto Fernández y terminó como una de las voces más duras contra el estiramiento de las medidas de aislamiento que sostenía el gobierno del Frente de Todos.

Horacio Rodríguez Larreta, Alberto Fernández y Axel Kicillof.

Larreta dice que Kicillof es Larreta. Que, por más esfuerzos que hiciera para demorar la formalización de sus aspiraciones presidenciales, su candidatura existía por defecto: gobernador de la provincia que concentra casi el 40% del padrón nacional promediando su segundo mandato -sin chance legal de ir por un tercero- y con las encuestas ubicándolo como la figura de la oposición mejor posicionada para disputarle la reelección a Javier Milei. Tenía cuatro patas, ladraba y movía la cola. ¿Qué más podía ser si no candidato a presidente?

Apurado por los movimientos de Sergio Massa, que puso a trabajar el quirófano a destajo para instalar que está activo y que en algo anda, Kicillof se lanzó el sábado, en Avellaneda: pidió que cuenten con él "para que el año que viene haya una alternativa" a la continuidad del proyecto de extrema derecha. Fue como el lanzamiento de Larreta en 2023: apenas una confirmación; cero impacto.

Romper o abrazar, esa es la cuestión con CFK

Con su cara en la tapa del diario del lunes, Larreta analiza que Kicillof corre el riesgo de terminar siendo Larreta, el candidato natural que creyó que tanta naturalidad lo eximía de romper con Macri o abrazarse a él. No hizo ni una ni la otra cosa y el padrino del PRO lo castigó haciéndolo atravesar el desierto comiendo anchoas, porque lo peor, siempre, es la indiferencia.

El exalcalde advierte que el gobernador corre, entonces, el riesgo de irse por la canaleta de la interna del peronismo, así como su figura se diluyó en el no lugar y quedó sepultada por la prepotencia y la nitidez de Patricia Bullrich, si no se decide a abrazar a Cristina Fernández de Kirchner o a romper definitivamente con La Jefa.

El kicillofismo orgánico enumera los gestos que, dice, le permite sostener que ya lo hizo. Que ya rompió.

- El 5 de setiembre de 2023, el gobernador enardeció al cristinismo cuando, en un acto con Juan Grabois, dijo que el peronismo debía dejar de vivir del trébol Perón-Evita-Néstor-Cristina y componer una nueva canción. Kicillof lanzó el poskirchnerismo, tituló ese día Letra P, y ardió Troya.

¿Estás seguro de lo que estás diciendo?, parece preguntarle Juan Grabois a Axel Kicillof. Fue el 5 de setiembre de 2023, cuando el gobernador lanzó la convocatoria a componer una nueva canción para el peronismo.

- Un año después, le sacó el cuerpo a la campaña de CFK para la presidencia del PJ: no hubo caso de que le ofreciera un respaldo explícito y Cristina asumió la conducción formal del partido con el peronismo prendido fuego.

- Al año siguiente, se le paró de manos a la expresidenta con su decisión de despegar las elecciones bonaerenses de las nacionales, una estrategia que CFK le cuestionó abiertamente en una batalla que escaló la tensión interna hasta el infinito y más allá.

- Al menos hasta el cierre de esta nota, se negó a visitar a CFK en el departamento en el que la expresidenta purga la condena de seis años de prisión con inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos, actitud que el cristinimo le reprocha con máxima dureza. En su columna del domingo 3 de agosto pasado, Gabriela Pepe contó que "11 intendentes que lo visitaron en La Plata para presentar su flamante liga ni se animaron a pedírselo" porque "conocían de antemano la respuesta". Kicillof "dice que no tiene nada que negociar" con su mentora.

Axel Kicillof en Avellaneda: "Cuenten conmigo".

El gobernador ya se lanzó -ya confirmó que va-, pero estirará hasta el límite de lo posible la decisión de romper o abrazar. Primero, dice, tiene que acumular. "Es el año de la construcción", repiten en La Plata, como un mantra que ya se quebró.

Las dos caras de Kicillof

Mientras tanto, arrecian preguntas sobre la verdadera identidad del aspirante a desplazar a Milei de Balcarce 50.

¿Es el que viajó a Nueva York para sacarse una foto con Zohran Mamdani, el alcalde que tiró hasta casi romperla de la cuerda del izquieridismo demócrata para plantarse como la contracara sin dobleces de Donald Trump?

¿Es el que viajó a Nueva York para venderles a los lobos de Wall Street el marketing de un peronismo confiable, mercadofriendly, pagador serial de sus compromisos?

Zohran Mamdani, Elif Eralp, Myriam Bregman y Axel Kicillof. ¿Otro fantasma recorre el mundo?

¿Es la encarnación de la izquierda peronista que un progresismo soñador imagina en una fórmula con la estrella roja Myriam Bregman o es el de la canción poskirchnerista que hace rato viene enviando señales hacia el centro tejiendo vínculos de cooperación con gobernadores radicales y macristas?

Desde la estampita pegada en la cabecera de su mesa chica lo mira Larreta, el mártir de la moderación.

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