El desafío de Jorge Macri: gobernar la Ciudad con el PRO diluido y La Libertad Avanza al acecho
Sin mayoría propia, el oficialismo porteño enfrenta un tablero fragmentado, condicionado por los libertarios, el PJ y la disputa interna del centro político.
Jorge Macri deberá resolver el dilema sobre qué alianzas hacer para llegar competitivo a 2027.
El larretista Emmanuel Ferrario, el vicepresidente primero de la Legislatura, Matías López y las presidentas del bloque de la UCR y del peronismo, Manuela Thurte y Claudia Neira.
A mitad de su mandato, Jorge Macri tiene en la mira el 2027, un objetivo aún lejano para el que primero deberá resolver un desafío que atraviesa a todo el PRO: reconstruir un polo de centroderecha propio o forzar una alianza estructural con La Libertad Avanza, incluso sabiendo que, en el caso de la Ciudad, la tropa libertaria aspiran a desembarcar en Uspallata dentro de dos años. No hay opciones sin costos.
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Durante su primer parte del mandato, el jefe de Gobierno navegó entre esas dos aguas e intentó imprimirle una identidad a su gestión a través de una alquimia que combina elementos de los imaginarios que ambos excandidatos presidenciales del PRO (y potenciales competidores en 2027), Horacio Rodríguez Larreta y Patricia Bullrich, convirtieron en marca registrada: seguridad y control del espacio público, en el caso de la exministra nacional, y una gestión local de cercanía, puesta en valor del territorio y proyección de una Ciudad global, en el del exalcalde.
En esa clave se explica la incorporación del publicista Rodrigo Figueroa Reyes a la mesa chica de Macri. Figura histórica del mundo creativo, redactó un giro a la narrativa oficial para apuntalar la marca Ciudad y ordenar un relato que hasta ahora aparecía fragmentado. El spot institucional difundido en las últimas semanas fue el primer gesto visible de esa estrategia.
Sin embargo, para llegar competitivo a 2027, esa construcción comunicacional deberá ponerse a prueba en el terreno político. Macri gobierna una Ciudad en la que el crecimiento explosivo libertario se apoyó, paradójicamente, en las banderas históricas del PRO. Ese avance acota su margen de maniobra y explica buena parte de la incertidumbre actual de la política porteña, aunque también es cierto que el escenario es, parcialmente, consecuencia de decisiones propias del oficialismo.
Una nueva estrategia de Jorge Macri para la Ciudad
El desdoblamiento de las elecciones locales, forzado por el jefe de Gobierno y adelantadas a mayo, le costó al PRO la peor derrota de su historia en su bastión. Ese resultado marcó un punto de inflexión: abrió una etapa de repliegue estratégico, mantuvo en suspenso la definición de alianzas y habilitó el desembarco de Daniel Angelici como operador político central de la gestión porteña.
El empresario radical aporta como principal activo su capacidad de diálogo transversal con todas las fuerzas políticas de la Ciudad. Esa muñeca quedó a la vista durante la aprobación del Presupuesto 2026, que, a diferencia del año pasado, se sancionó con una mayoría cómoda, producto de una negociación aceitada que tuvo como interlocutor clave al angelicistaMartín Ocampo.
El acuerdo no solo ordenó al oficialismo sino que introdujo una novedad política: La Libertad Avanza consiguió, por primera vez, un lugar propio en la vicepresidencia tercera de la Legislatura, un espacio tradicionalmente reservado para sectores progresistas. Angelici, además, combina su llegada al círculo más cercano de Karina Milei con un vínculo fluido con el Nuevo Espacio de Participación, que conduce Juan Manuel Olmos, con quien coadministra organismos centrales del entramado institucional porteño, en un contexto en el que el peronismo pasará a controlar un tercio de las bancas.
Esa aritmética legislativa es hoy uno de los principales condicionantes de la política oficialista. Aun con el acompañamiento de La Libertad Avanza, los votos no le alcanzan al PRO para aprobar leyes clave, lo que convierte al peronismo en un actor inevitable. No es un socio natural del oficialismo, pero sí una llave parlamentaria sin la cual el jefe de Gobierno queda expuesto a una dependencia casi exclusiva de los libertarios o al riesgo de parálisis.
Para Macri, el vínculo con el PJ no es una opción deseable, sino una necesidad táctica: ampliar su margen de maniobra sin quedar atrapado entre un aliado que quiere ocupar su lugar y una oposición con capacidad de veto.
La Libertad Avanza en la Ciudad
Desde el lado libertario, el mensaje hacia 2026 es, por ahora, de convivencia y buena sintonía. Ese clima se expresó en distintos gestos durante los últimos meses, luego de la guerra total, como el respaldo público de Javier Milei a la colocación de deuda de la Ciudad. A eso se suma la expectativa por una resolución del reclamo por coparticipación que el Estado nacional mantiene con el distrito, señales todas de un deshielo en la relación con la cúpula del oficialismo nacional, pero también con la jefa del distrito, Pilar Ramírez.
No obstante, en el ecosistema político porteño es vox populi que los libertarios mantienen el cuchillo afilado debajo del poncho. La incógnita no es si volverán a mostrarlo, sino cuándo y cómo. Sobre todo porque en el último año ampliaron el menú de opciones y dejaron en claro el valor estratégico que le asignan a la Ciudad, donde ubicaron al tope de las listas locales y nacionales a Bullrich y Manuel Adorni, dos figuras de peso que podrían disputar el gobierno porteño en 2027.
La vuelta de Horacio Rodríguez Larreta
La alternativa a un acercamiento estratégico con La Libertad Avanza y la negociación con el peronismo tampoco es un camino sin escollos. La decisión de Larreta de volver a jugar en la Ciudad y su ingreso a la Legislatura porteña también pone en crisis la posibilidad de recrear la experiencia de Juntos por el Cambio.
El exalcalde está decidido a recuperar el cargo que condujo durante ocho años. Sin apuro y con alto nivel de conocimiento público, se recuesta en una estrategia tiempista que comenzó con su postulación como legislador y continuó con la conformación del bloque Confianza y Desarrollo, donde se agrupan siete legisladores de su espacio, de Confianza Pública de Graciela Ocaña y del Movimiento de Integración y Desarrollo. Ese armado podría convertirse en un polo de atracción de radicales o libertarios disidentes, lo que complicaría la opción centrista del oficialismo.
En ese escenario, hacia 2027, más que definir aliados, Jorge Macri deberá definir un modo de gobernar una Ciudad sin partido dominante, con un oficialismo tensionado, una oposición con poder de veto y un socio nacional que juega a dos puntas. La administración de ese equilibrio, más que cualquier gesto electoral, será la que determine si llega a 2027 con margen propio o atrapado en un esquema que otros diseñan.