LA CARTA MAGNA

Diario de la Convención de Santa Fe, día 41: el Karinagate se metió en el debate por la reforma constitucional

El caso de las coimas se coló en la última sesión en un clima de alta tensión entre Unidos y La Libertad Avanza. Escándalo en la discusión sobre Educación.

El escándalo nacional por los audios sobre presuntas coimas obtenidas por la secretaria General de la Presidencia, Karina Milei, se coló sobre la hora en la Convención que encara la recta final de la reforma constitucional de Santa Fe, en un clima de alta tensión entre el oficialismo y La Libertad Avanza que se extendió durante todo el proceso reformista.

En ese esquema de confrontación, hubo dos convencionales que sobresalieron en los casi dos meses de constituyente. Por un lado, el jefe de la bancada LLA, Nicolás Mayoraz, cuya retórica combina la solidez técnica con la destreza en el arte de la provocación. Por el otro, el intendente de Las Rosas, Javier Meyer, quien encarna un formato de argumentación rudimentaria con superficies ásperas.

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Un ejemplo de esta línea de acción se vio este sábado por la mañana, en la segunda jornada de la sesión desdoblada sobre Declaraciones, Derechos y Garantías, cuando Mayoraz aprovechó el debate de los artículos sobre Educación para exhibir sus talentos. En su discurso, leyó en voz alta un tramo de la novela “Cometierra”, de Dolores Reyes, en la cual se describen escenas de sexo con lenguaje explícito, y aseguró que el ministerio provincial del área avalaba que ese libro esté incorporado como contenido escolar.

Se desató a partir de ese momento una batahola verbal en pleno recinto, con gritos proferidos hasta por el ministro de Educación, José Goity, invitado especialmente a la sesión, quien negaba enfáticamente la aseveración del jefe libertario. Mayoraz, en su salsa, reclamaba que retiraran al funcionario de la sala. El barullo cerró minutos después, con un apercibimiento al convencional de LLA.

Una semana, dos meses

Si bien ese tipo de episodios fue sistemático durante los casi 60 días de la Convención, las últimas jornadas fueron pródigas en la materia. Hubo en concreto dos picos de tensión, en los que pareció que todo volaría por los aires.

Al final de la sesión del lunes pasado, Mayoraz hizo de las suyas y logró sacar de las casillas al presidente de la Convención, Felipe Michlig. “¡Usted es un provocador!”, le gritó varias veces el dirigente radical, quien al instante dio por levantado el pleno. Sin percatarse de que el micrófono había quedado abierto, tiró: “Lo voy a cagar a trompadas al tipo éste”. Al día siguiente, la autoridad reformista se disculpó.

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Días después, el protagonista de las vociferaciones cruzadas fue Meyer. Tal como lo hizo durante todo el proceso reformista con cualquier tema en debate, ejemplificó su postura con su experiencia como intendente y cargó contra los “sindicalistas corruptos”, un clásico de su retórica.

Pero además, sugirió que la presunta inacción frente al narcotráfico de los fiscales de su zona se debía a un vínculo espurio con el oficialismo. Otra vez, se desató un griterío en el recinto y desde el bloque Unidos, a través del radical Fabián Bastía y el socialista Joaquín Blanco, se reclamaron sanciones para el convencional libertario. Se le exigió un pedido de disculpas al dirigente mileísta, quien se negó rotundamente.

Este viernes, a primera hora de la mañana, Meyer posteó en la red social X una evaluación de la reforma con la delicadeza de un marcador central de la Primera B Metropolitana. Al rato, la borró.

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El Karinagate y la censura

A pesar de las numerosas intervenciones filosas de Mayoraz y Meyer, las respuestas desde Unidos e incluso de los bloques panperonistas, casi nunca se asentaron en el conmocionante caso de los audios que involucran a la hermana del Presidente. Es evidente que la definición política de esos segmentos fue no pelear “en el barro”, ante el riesgo de que se detone el proceso constituyente.

Hubo excepciones. Al cierre de la sesión en la que se votó la chance de reelección de Maximiliano Pullaro, se desató una virulenta pelea verbal entre tres dirigentes que saltaron juntos a la política y de hecho compartieron lista en 2019, al calor de la pelea contra el aborto legal: Amalia Granata, el pastor Walter Ghione y el propio Mayoraz.

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En esa agria discusión, plagada de golpes bajos, el jefe libertario acusó al sacerdote evangélico, hoy en Unidos, de avalar la interrupción del embarazo. La respuesta de Ghione fue revolearle por la cabeza el “robo a los discapacitados”.

Días después, en un tono completamente distinto, más bien de chicana jocosa, el tema se coló nuevamente en el debate reformista. Marcelo Lewandowski, de Activemos cumplió años y Michlig pidió un aplauso al pleno de la Convención por ese motivo. Alguien le exigió al homenajeado que aporte una torta, quien le pidió a Mayoraz que la haga “la repostera”. Ni lerdo ni perezoso, el libertario le contestó que se la exija a “la condenada”.

Salvo estos dos episodios, el escándalo no había permeado en el debate constituyente. Pero, en la última sesión temática, varios se sacaron las ganas. Cuando se debatió el texto sobre libertad de expresión, un nutrido grupo de convencionales hizo cola para pegarle a LLA por la prohibición judicial de difusión de los audios de Karina Milei.

Con menciones más o menos elípticas, se anotaron en esa línea: las socialistas Lionella Cattalini y Gisel Mahmud, el filoperonista Juan Monteverde, el reformista de Activemos Rubén Giustiniani y hasta la siempre moderada Caren Fruh, del Frente para la Esperanza, entre otros. En esta ocasión, no hubo réplica libertaria.

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