NOVENA SECCIÓN

Buenos Aires, kilómetro cero del peronismo 2027

La disputa en la Legislatura y el nuevo gabinete de Kicillof, el primer fotograma del film que se viene. El arca de Axel, Kirchner, Massa y otra oportunidad.

La pulseada por la presidencia de la Cámara de Diputados y la oficialización -este sábado- del nuevo gabinete de Buenos Aires, la provincia convertida en fuerte de resistencia del oficialismo en retirada, acaso ofrezcan el primer fotograma de la pelea que se inicia por la conducción del peronismo, una película con guion en construcción, protagonistas más o menos cantados y un plantel de actores en ascenso.

Detrás de Alejandro Dichiara, Alexis Guerrera y Carlos Moreno, el Cuto, ubicados en ese orden en el podio de autoridades de la Cámara baja, asoman Máximo Kirchner, Sergio Massa y Axel Kicillof, tres pesos pesados del peronismo que se viene. Sobre estos se posa la mirada, aunque también sobre algunas de las comandancias de las otras siete provincias que gobernará el peronismo, además de los gremios, destinados a organizar la resistencia frente a la motosierra que empuñará el presidente Javier Milei.

La rosca interminable del miércoles incluía a Mariano Cascallares, intendente electo de Almirante Brown, y Rubén Eslaiman, espada legislativa y referente del massismo bonaerense. Las negociaciones se llevaron puestos esos nombres, pero las terminales políticas de los caídos en desgracia y los bendecidos son las mismas.

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Esos hechos demuestran que la sociedad M&M fundada en el epílogo de la presidencia de Mauricio Macri resiste -al menos por ahora- en el mar de tensiones que la atosigan. En su jura del miércoles, El Langa Dichiara agradeció al “compañero y amigo” Máximo K., marca de agua de una relación inquebrantable que trasunta un estado de cosas… quién maneja la botonera de Diputados. Guerrera, exministro de Transporte en el deslucido gobierno de Alberto Fernández por obra y gracia del excandidato presidencial de Unión por la Patria (UP), tomará el control en la segunda mitad de mandato. Dos años para cada uno no le hacen mal a ninguno.

Cuto, un histórico de la Legislatura muy cercano al gobernador, no estaba en los planes. “Entró a último momento”, cuenta un dirigente del conurbano al tanto de las negociaciones, quien durante estos cuatro años se mantuvo a distancia del bloque de jefes y jefas comunales que responde a Kirchner. Como sea, “volvió a perder”, agrega la fuente sobre el peronista más ganador de octubre, el hombre de la nueva partitura. Este sábado, el gobernador demostró que gana el partido que más le interesa disputar, el que se juega en el ejecutivo que conduce.

Colonización por goteo

Kirchner aceleró su edificación en Buenos Aires con el armado de listas de postulantes para 2019, siguió con las de 2021 y su desembarco en el PJ y culminó su obra empuñando la lapicera en 2023. Su triunfo de este miércoles no nace de un repollo, se debe a los movimientos previos que hizo sobre el tablero político.

No le salió bien la toma por asalto del gabinete de Kicillof que hicieron los jefes comunales después de las PASO de 2021 ni el intento de empujar al gobernador hacia arriba, para que encabezara la boleta presidencial, pero en La Cámpora tuvo el arma para golpear en octubre y quedarse con intendencias de peso. Su agrupación gobernará doce, tres de las cuales se ubican en el inmenso conurbano.

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Mi gobierno, mi equipo

A Kicillof nadie le quita haber sido el único héroe en el lío del peronismo. Su 45% y reelección habiendo llevado de tiro a los más mentados del conurbano que también ganaron con holgura las intendencias lo instalan definitivamente en la pelea de 2027.

Este sábado volvió a mostrar autonomía al dar a conocer su gabinete. Subió al barco al primer albertista -reversionado al peronismo clásico en el último tramo de la fallida gestión nacional- Gabriel Katopodis (Infraestructura); con Juan Martín Mena en lugar de Julio Alak le dio continuidad kirchnerista al Ministerio de Justicia y le abre la puerta al massismo al empujar a Malena Galmarini como presidenta del Grupo Bapro. Con Silvina Batakis reemplazando a Agustín Simone suma sciolismo y contenta al intendentismo más potente de la Tercera sección, con La Matanza a la cabeza.

Vengan, entren, dice Kicillof, pero las sillas de adelante están reservadas. La mesa chica sigue en su lugar y Carlos Bianco, su hombre de mayor confianza, relegado hace dos años por obra y gracia del fuego amigo en combinación con una derrota electoral, vuelve al primer plano al encabezar el Ministerio de Gobierno. En los hechos, probablemente esta cartera termine funcionando como la extinta Jefatura de Gabinete.

Mas(sa) adentro que afuera

Aún es una incógnita el camino que tomará Massa. Haber “liberado” a su tropa para que cada quien, “a título personal”, defina si se suma al gobierno de Milei es un indicio. El pseudo retiro que anunció el día de la derrota en el ballotage no parece creíble en boca de un animal político que dedicó su vida a escalar peldaño por peldaño. Aunque golpeado, parece improbable que decida alejarse para siempre con el 36% de los votos que le dio un peronismo entero encolumnado detrás de sí y el 44 de la segunda vuelta. No debe olvidarse: el 56 por ciento sobre el que se parará Milei para acelerar su motosierra es ficticio. Más del 70% de la gente no lo eligió.

Con el terreno fértil que Milei y su brutal ajuste en puerta ofrecen para el ejercicio de la oposición y con el antecedente del daño autoinfligido que le produjo al Frente de Todos (FdT) la pelea entre los Fernández, ¿es posible pensar en una alianza tripartita Kicillof - Kirchner - Massa, una detrás de la cual se encolumen gobernadores, gremios y demás?

¿El ascenso meteórico del anarcocapitalista hasta la cúspide del poder político, con el que acaso terminen rifándose años y años de esfuerzo, alcanzará para que las figuras del peronismo guarden los egos y se enfoquen en las coincidencias?

Difícilmente el chancho empiece a ladrar. Inevitablemente habrá guerra. Buenos Aires, convertida en refugio de un peronismo atormentado por el knockout, es cantera de titulares para el partido de 2027. Que la disputa por la cinta de capitán sea sangrienta o no dependerá la suerte del peronismo en construcción.

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