TODO MUNDIAL ES POLÍTICO

Argentina, Inglaterra y las Malvinas: la politización va por dentro

La Scaloneta, el trapo de las islas y el tesoro enjabonado del humor popular. Los Milei y los Kicillof vs. Messi, Maradona y el Indio: suspendanló.

Karl Marx decía que el trabajador sufrido explotado era, inevitablemente, de izquierda. Que su condición lo politiza de izquierda en términos revolucionarios. Esa teoría sería criticada como un reduccionismo: se reduce la ideología, se la encapsula en una situación económica.

Casi un siglo después, el pensador y filósofo argentino Ernesto Laclau vino a hablar de los populismos. Planteó que no hay ninguna situación social intrínsecamente politizada, que hay que politizarlas y que ahí están los líderes para hacerlo. ¿Los descontentos son de derecha o de izquierda? No sabemos. Tal vez algún líder pueda interpretar lo que cada uno siente, vive y sufre en casa.

Vale el marco teórico en tiempos de fiebre mundialista y argentinidad al palo. ¿Quién puede capitalizar mejor la euforia popular por la Scaloneta, Javier Milei o Axel Kicillof? Un antecedente puede derribar cualquier elucubración y, con ella, esta nota: hace tres años y medio, Alberto Fernández no pudo.

Desde hace poco más de una semana, el Presidente y el gobernador de Buenos Aires ensayan operativos prematuros para recibir a la Selección, pase lo que pase en términos deportivos. Se sabe: una marea vestida de celeste y blanco recibirá a los héroes que volvieron a vengar a la Argentina de los ingleses, a su modo, en su campo, en este plano de la historia.

Se ocuparon Leandro Paredes y Lisandro Martínez, después y en los micrófonos, de ratificar esa consigna.

Los héroes involuntarios de la Argentina

El fútbol convierte en héroes populares a hombres que en muchos casos nunca pensaron cómo controlar a las masas. Mucho menos gobernarlas. Aprenden, como pueden, a cuidar su mensaje hacia el pueblo que los ama. Otros se preparan durante décadas y pasan toda una vida soñando con tener la popularidad y el amor de la gente para que los voten. Mientras, la política intenta pensar cómo se para frente a Chiqui Tapia, amado y odiado al mismo tiempo. Unos lo quieren preso; otros lo integran a su gobierno.

Axel Kicillof y Chiqui Tapia, un solo corazón.

Axel Kicillof y Chiqui Tapia, un solo corazón.

A propósito de la bandera, no hubo un rechazo generalizado en las redes ni en los medios. Todo lo contrario. Volvamos al inicio, entonces: la politización iba por dentro. Los pechos argentinos se inflaron cuando la vieron extenderse entre los pibes de la Scaloneta que cantaban “el que no salta es un inglés”. Hubo casi un país entero orgulloso de esa expresión, a la que no le importa la multa económica de la FIFA, ese lobby superpoderoso que el Diego despreciaba.

El partido chivo por la representación popular

Entonces, ¿quién capitaliza el humor social? Hace un mes el país entero era un velorio. El Indio se murió y con él se fueron infancias, adolescencias y la felicidad de generaciones enteras. Argentina fue escenario de uno de los funerales más impresionantes que haya dado la historia nacional. Siete kilómetros de pibes, grandes, chicos, hombres, mujeres y familias llorando en silencio o cantando eufóricos. Hubo allí un despertar del descontento social que, a través de las letras de Los Redondos, le cantaron las 40 al Gobierno. Una multitud indescriptible que le recordó que a Milei que las tribus son de la calle y le habló a Adorni: “Quedate con el vuelto, mula de la enfermedad".

El funeral popular del Indio Solari fue una multitudinaria marcha opositora.

El funeral popular del Indio Solari fue una multitudinaria marcha opositora.

El peronismo salió en las redes, este miércoles de euforia, a repostear imágenes de la bandera de Malvinas. ¿Qué siente la gente? No sabemos, pero hay pistas. Las Malvinas son argentinas. Ni Alejandra Monteoliva, la ministra de Seguridad, apurada en pedir que se protegieran los protocolos que la FIFA y Estado Unidos imponen, ni ningún otro funcionario del Gobierno salieron a repudiarlo. Milei no se perdió la oportunidad de decir que el reclamo debe hacerse a través de las vías diplomáticas. Da la impresión de que a buena parte del pueblo futbolero que estalló con esa imagen le gustaría recuperar las Malvinas por esa vía, pero que se resiste a guardar los trapos.

El pueblo llora porque sufre y explota de emoción con las alegrías. Como sea, millones en las calles, siempre. Como ese libro de Mario Wainfeld, Estallidos argentinos, que narra extraordinariamente hechos en los que los argentinos salieron a decir que quieren ser parte de la historia. Pasó el 25 de mayo de 1810, cuando el pueblo empezó a decirle basta al colonialismo español. También, el 17 de octubre de 1945, cuando el peronismo pidió la liberación de su líder y también lo hizo en las buenas. Y el 18 de diciembre de 2022, acaso en la más extraordinaria movilización popular que conozca el país, con la tercera que, un rato antes, Lionel Messi había levantado en Qatar.

Milei, reacio a las movilizaciones populares pero ágil para activar el populismo de derecha, y Kicillof, que en modo hincha salió a la Plaza San Martín de La Plata para mostrarse como un hincha más de la Scaloneta, intentan descifrar cómo capitalizar la alegría de los pueblos.

A Diego, a Leo y al Indio les sale de taquito y sin querer.

Ambas cosas pasaron en 40 días en el suelo de las Malvinas, del Diego y del Indio.

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