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ESPECIAL 24M | 50 AÑOS

Dictadura económica: plata dulce y hierro amargo

Repaso del rumbo impuesto entre 1976 y 1983: deuda, apertura y atraso cambiario que desmantelaron la industria y profundizaron la desigualdad.

Cuando se suele abordar la política económica de la última dictadura militar, se destaca regularmente su sesgo aperturista y de desregulación, a tono con los cambios en el orden económico mundial de la época; bien se señala que el plan sistemático de desaparición forzada de personas desde el Estado permitía a los dictadores promover un cambio en la estructura económica y social arrollando cualquier resistencia, allí donde los cuestionamientos podían surgir: la fábrica, la universidad, los clubes. En su vocación por diseñar centralmente a la sociedad, la dictadura desplegó políticas económicas que buscaron desarticular la alianza entre pequeños empresarios y trabajadores sindicalizados.

En estos días, en el marco del aniversario 50° del último golpe de estado, numerosos y excelentes textos multidisciplinarios exploran este enfoque desde la economía y la sociología. En este texto, como humilde aporte, quiero complementar con otro encuadre: la última dictadura militar desplegó una política económica fracasada en sus propios términos, generando desequilibrios que rompieron la convergencia de nuestro país respecto de otras economías en desarrollo. Su incidencia en el largo plazo de nuestra historia fue determinante para que Argentina se retrase.

Ahora bien ¿Cuáles eran sus “propios términos” para con esa vara medir la dimensión del fracaso? En este punto, es pertinente señalar dos factores: el punto de partida macroeconómico local y el contexto internacional en materia de pensamiento económico. En primer lugar, la brutal crisis económica tras el “Rodrigazo” volvía imperioso el despliegue de un plan de estabilización que permita mitigar la volatilidad macro y recuperar un sendero de crecimiento sin inflación. La dictadura, como interpretación a este desafío, promovía abrazar adicta, pendular y linealmente el recetario neoliberal que emerge del quiebre del orden económico mundial que ocurrió a principios de la década de 1970.

El cambio de régimen monetario en Estados Unidos en 1971, abandonando la convertibilidad del dólar con el oro y dando paso a un régimen de tipos de cambio flexibles primero, sumado luego a las implicancias de la crisis del petróleo en 1973, provocaron una gran volatilidad financiera internacional y un cambio de esquema en el pensamiento económico. Se consolidó un proceso donde la valorización financiera de los capitales comenzó a predominar sobre la inversión reproductiva en la industria. Las empresas transnacionales ganaron un peso decisivo, relocalizando su producción en la periferia para reducir costos laborales y asegurar materias primas baratas.

martínez de hoz ecomomía

Esta nueva fase de la globalización logró promover el desarrollo, no exento de tensiones y transformaciones, en geografías que otrora se creía imposible conciliar con la dinámica económica global de inversión, comercio, consumo y bienestar. Pero para entrar en ese grupo, la lectura del nuevo contexto global debía ser inteligente y pensada según la estructura y características de cada país. Para los países en desarrollo que tuvieron experiencias de industrialización en la segunda posguerra, presionaba la idea de que estas naciones debían retornar a su especialización en recursos naturales bajo el postulado de las "ventajas comparativas estáticas".

La interpretación geopolítica de la última dictadura de estas tensiones en pugna fue la más errada posible. Lejos de concentrar esfuerzos en corregir asimetrías y fortalecer capacidades productivas, se abrazó un optimismo intelectual global extremo,donde lo que vale para la corrección de desequilibrios en una economía central y desarrollada, vale para un país en desarrollo.

Se ingresó entonces a un intento de estabilizar la economía, con apertura de shock, vocación de cambio en la estructura social y productiva del país y un enfoque geopolítico que, lejos de permitir bases sostenibles para armonizar la dinámica económica, favorecía la apreciación cambiaría, la primarización de la producción y la canasta exportable, la profundización de asimetrías y el desincentivo constante al desarrollo productivo, factor clave para la complejidad económica que amortigua shocks externos. Hecha esta larga introducción y contexto, buscamos repasar en este texto cómo la dictadura no sólo no logró estabilizar la economía argentina, sino que promovió una involución estructural de nuestras capacidades económicas.

Ajuste no es estabilización

A pesar de que uno de los objetivos centrales de la dictadura era "estabilizar" la economía, la inflación se mantuvo en niveles crónicamente altos y terminó en una espiral hiperinflacionaria hacia el final del periodo. La inflación nunca bajó del 100% anual (salvo en 1980, donde fue 87%). En 1976 comenzó en 444% y para 1983 cerró en 433%.

Se intentó frenar la inercia con la Tablita Cambiaria (1978), que preanunciaba micro-devaluaciones menores a la inflación para "anclar" los precios, pero esto solo generó un retraso cambiario insostenible, que implicaba un aumento de la demanda de dólares, presión de la cuenta corriente sobre el tipo de cambio y deterioro de las capacidades locales. La valorización financiera alimentaba este circuito, volviendo el problema crónico (vayan corriendo a ver Plata Dulce, si aun no lo hicieron). Cualquier semejanza con el enamoramiento por el tipo de cambio atrasado han tenido todos los gobiernos democráticos post 1983 no es coincidencia, pero su análisis es para otro texto.

¿Cómo se financió este atraso y promoción de cambio estructural sectorial si la vocación fiscal era austera? Con deuda. La deuda externa total pasó de u$s 8.000 millones en 1975 a aproximadamente u$s 45.000 millones en 1983. Esta deuda no financió infraestructura, ni actualizaciones tecnológicas del aparato productivo. Pero si el atraso cambiario que hacía girar la rueda de la bicicleta que se gusta usar en estas pampas.

Involución

El periodo se caracterizó por una desindustrialización aguda y regresiva. La apertura comercial asimétrica y el retraso cambiario destruyeron gran parte del tejido manufacturero. Entre 1974 (pico de la industrialización) y 1983, el PBI industrial acumuló una caída del 11,1% (Índice 100 en 1974 vs. 88,9 en 1983) . La caída fue aún más severa en el PBI Industrial per cápita, registrando un retroceso del 22,3% en el mismo periodo. Se estima que cerraron más de 20.000 establecimientos industriales.

martínez de hoz dictadura

Entre 1974 y 1983, el salario medio real en la industria cayó aproximadamente un 17,3% (Índice 100 en 1974 vs. 82,7 en 1983). A pesar de la crisis, la productividad por trabajador aumentó un 37,6% entre 1974 y 1983. Como señala el colega Martín Schorr, este fue un "crecimiento espurio" basado en una mayor explotación de la fuerza laboral y el cierre de las firmas menos productivas, no en inversión genuina.

En términos cualitativos, el aparato productivo sufrió una metamorfosis, pasando a concentrar eslabones de menor agregación de valor. Una primarización y reducción de la complejidad de nuestra diversidad productiva y exportable; un desplazamiento de la producción hacia estratos de menor tamaño relativo o directamente hacia actividades de armado y ensamblado, sin complementar incentivos a actividades más densas en innovación y desarrollo tecnológico.

Esta involución no puede apreciarse fielmente si no se compara nuestro devenir con el de países competidores en tamaño y complejidad. Al inicio del periodo (1974), la industria argentina tenía un tamaño considerable en relación con sus pares regionales; a partir de ese punto hubo divergencia. En 1974, el PBI fabril de Argentina equivalía al 61,7% del de Brasil y al 87,6% del de México. Para 2001, estas cifras se desplomaron: el PBI industrial argentino representaba solo el 35,3% del brasileño y el 34,5% del mexicano Respecto al PBI industrial per cápita, mientras que en Argentina este indicador retrocedió un 27,6% entre 1974 y 2001, en Brasil creció un 9,5% y en México un 55,6% en el mismo periodo.

Cierto es que la nueva fase de industrialización global estuvo caracterizada por un descenso relativo de la industria en su peso sobre el total de la economía. Aquí cabe hacer una diferenciación, adelantándonos a preguntas. En países desarrollados, la caída del peso industrial suele asociarse a aumentos de productividad, innovación tecnológica (I+D) y el auge de servicios de alta complejidad vinculados a la industria. En Argentina, el retroceso fue producto de una reconversión regresiva y un pobre rendimiento en la acumulación de capital interno. Esto derivó en una "simplificación productiva" y un aumento de la brecha tecnológica frente a las naciones líderes. La dictadura fue el hito significativo en el inicio de esta marcha divergente.

Se achicó nuestra economía, se inició un período de inestabilidad crónica que hoy día no encuentra solución definitiva. Se buscó destruir. Perdimos el camino. Perdimos 30.000 argentinos. Perdimos mucho. Por eso decimos NUNCA MÁS.

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