A 50 años de la última dictadura: todo está guardado en la memoria
Sentimos un profundo orgullo por crear una marca indeleble que resistió varios embates: la democracia argentina es la de la defensa de los derechos humanos.
A 50 años de la última dictadura: todo está guardado en la memoria
A 50 años del golpe de Estado de 1976 que inició la última dictadura, la causa Memoria, Verdad y Justicia volverá a alumbrar este 24 de marzo una convocatoria masiva en todo el país, seguramente una que supere con creces las anteriores.
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A través de la educación y la cultura, de las políticas públicas, de la conversación cotidiana en las casas y en las calles, de los miles de argentinos que hemos sido transmisores de una experiencia que no debe volver a pasar, amplificamos sin pausa el Nunca Más hasta convertirlo en un símbolo que trascendió las fronteras y hoy le cuenta al mundo nuestra historia.
En Enero del 77 la dictadura secuestró y desapareció a mi primo César Raúl. Su mamá, mi madrina Ana, lo lloró en su casa hasta el último día. Quebrada en la tristeza, no pudo pudo salir, no pudo dar pelea. También por esas madres sumidas en la inmovilidad del dolor #MemoriaEnCasapic.twitter.com/6Opc1dFHP2
Hablar del regreso de la democracia en la Argentina implica hablar del Juicio a las Juntas, del informe de la Conadep, de la lucha de Madres y Abuelas de la Plaza de Mayo. Es decir Memoria, Verdad, Justicia, pero también es sentir un profundo orgullo de saber que lo hicimos bien, que fuimos capaces de construir en medio del dolor una marca indeleble que resistió más de un embate y varios intentos concretos de retroceso. La democracia argentina es la de la defensa de los derechos humanos.
La memoria en Santa Fe
En la provincia de Santa Fe ese compromiso también echó raíces profundas. Gobiernos, partidos políticos, organizaciones de derechos humanos, universidades, sindicatos, y un sinfín de instituciones y agrupaciones de la sociedad civil, todos juntos hemos marcado hitos. Ninguno fue resultado de una acción individual, ni de un sector en particular. Siempre fueron frutos de una construcción colectiva que hoy se expresa en una política de Estado.
Allí están los más de 20 sitios de memoria señalizados en todo el territorio provincial, los centros clandestinos de detención, tortura y exterminio. Lugares donde reinó el horror y hoy la memoria resiste y enseña. Como el edificio de la excomisaría 4ª, en la ciudad de Santa Fe, que aloja actualmente al Archivo Provincial de la Memoria, creado a su vez para preservar testimonios y documentos que nos recuerdan la barbarie que nunca debe volver a suceder.
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El Archivo Provincial de la Memoria en Santa Fe
Como el Museo de la Memoria de Rosario, el primero del país, creado en 1998. Desde 2010, gracias al empuje de la comunidad rosarina, pudo abrir sus puertas en la que fuera la sede del Comando del II Cuerpo de Ejército y hoy es un referente en su tipo a nivel nacional e internacional.
La batalla contra el olvido
Sin embargo, la batalla contra el olvido no termina nunca. Necesita muchas voces, siempre. La consigna Memoria, Verdad y Justicia no es patrimonio de ningún gobierno ni de ningún sector político. Es una causa de la nación Argentina, que en 1983 selló un contrato democrático a partir del cual se comprometió a dirimir sus conflictos en el marco de la Constitución. Hoy persiste en la mayoría de los argentinos un consenso tácito: elegimos vivir en libertad.
¿Qué libertad?. Por estos días bien vale la pena reflexionar sobre este punto. La Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, que en nuestro país tiene rango constitucional desde 1994, nos advierte que “el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad”. También nos señala como horizonte “un mundo en que los seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de la libertad de creencias”.
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Ese horizonte sigue siendo, en gran medida, un desafío a alcanzar. Si bien el compromiso que suscribimos en 1983 sigue en pie, aún está pendiente un segundo pacto en la Argentina, que permita avanzar hacia el desarrollo sostenido y armónico, hacia un país donde podamos hablar de libertad, pero indisolublemente ligada a la igualdad, donde la realización sea palpable en ambos vectores. Si la mayoría de nuestros compatriotas no puede vislumbrar la posibilidad de progresar ni de ofrecer siquiera un futuro mejor a sus hijos, será cada vez más difícil que participen de la vida democrática y más probable que adhieran a propuestas individualistas que saquen rédito de ese malestar.
El legado de la dictadura
Cuando vemos cómo algunos pretenden aligerar la responsabilidad de quienes llevaron adelante el golpe de Estado del '76 o justificar sus acciones, recordemos también que la desgracia de la dictadura no se limitó a su costado violento y atroz; dejaron un país sin instituciones, empobrecido y endeudado, aislado del mundo. Un país arrasado en todo sentido.
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Al mismo tiempo, la reflexión sobre nuestros actos es indispensable entre quienes sostenemos que la democracia es el mejor sistema de gobierno, el único capaz de consagrar aquella libertad y aquella igualdad. Cuando los domingos de elección ya no generan las mismas expectativas para muchos argentinos es imperioso que la política -la buena política- demuestre día a día que puede resolver los problemas que afectan la vida diaria y real de las personas.
Desde la cercanía y el contacto mano a mano, desde el cuidado y la responsabilidad, desde la capacidad de gestión eficiente y la disposición para rendir cuentas y dar explicaciones. Solo así podremos avanzar hacia esa Argentina que todavía soñamos: una con instituciones sólidas y confiables, y con oportunidades reales para las mayorías. Donde la memoria no sea solo recuerdo, sino también guía y compromiso hacia el futuro.