24|7|2022

Fase B: urgencias y dilemas del segundo tiempo de Todos

04 de julio de 2022

04 de julio de 2022

La ministra designada desayunaba con el Presidente en Olivos. Se sube a una montaña rusa con acuerdo de CFK, pero tiene experiencia en tensiones con la vice.  

La flamante ministra de Economía (designada, todavía no asumida formalmente), Silvina Batakis, inició este lunes bien temprano la Fase B de la gestión económica del Frente de Todos: pasadas las 8 de la mañana, entró a la quinta de Olivos para desayunar con el presidente Alberto Fernández. De esa manera, en el vértigo que la llevó al sillón más caliente de la administración nacional al término de un fin de semana dramático, inició el segundo tiempo de una administración que, hasta acá, estuvo regida por la moderación, en palabras del vocero cristinista Andrés Larroque, impuesta por el jefe de Estado en tándem con el saliente Martín Guzmán y su pacto con el Fondo Monetario Internacional (FMI). El acuerdo que prestó la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, promotora de un cambio a lo K en el rumbo económico del Gobierno, permitiría augurar que, efectivamente, la prudencia ortodoxa se terminó, pero la hasta ahora secretaria de Provincias del Ministerio del Interior llega con antecedentes y, sobre todo, con un contexto que obligan a aplicar cautela con ese pronóstico.

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Batakis, es cierto, se convirtió en la prenda de paz que no habían encontrado antes las dos máximas figuras de la coalición peronista. ¿Listo? No conviene apurarse. El cuadro es complejo.

 

Como el autor de esta nota señala en la primera edición de desPertar Letra P también está de estreno este lunes: suscripciones, aquí–, los operadores financieros del exterior se afanan por conocer quién es la "Griega" y parte de lo que encontraban en los medios argentinos acaso no les gustaría. Clarín les avisó que “Cristina Kirchner le impuso al Presidente a Silvina Batakis como ministra de Economía"; La Nación alecciona sobre “cómo piensa la nueva ministra de Economía y por qué es una garantía para Cristina Kirchner" y, desde ese sitio, el liberal Juan Carlos de Pablo la condena: "Puede que crea que es Gardel". Todo dicho. Para colmo, al stalkearla, esos actores curiosos encontrarán sus selfies con Cristina, su admiración por Fidel Castro, su fanatismo por Boca Juniors y hasta alusiones sardónicas al descenso de Riber, así, con be larga. Si le darán el beneficio de la duda, será por poco tiempo.

 

El posteo fijado en su cuenta de Twitter dice bastante sobre Batakis. Que es capaz de levantarse temprano en la previa de la Navidad y que, al menos, desde el 24 de diciembre de 2019 sostiene como carta de presentación su aversión a la pobreza y la convicción de que no se la combate con mercado irrestricto, sino con intervención estatal.

 

Batakis es, ante todo, una mujer valiente que se hace cargo de un hierro caliente que varios hombres curtidos rechazaron no solo este domingo, sino desde hace semanas y meses en las que el jefe de Estado alternaba su apoyo público a Guzmán con ofertas discretas a economistas como Roberto Lavagna Emmanuel Álvarez Agis.

 

Es, además, una profesional bien formada que, entre otras cosas, manejó la economía bonaerense entre 2011 y 2015. Cuidó en lo que pudo los equilibrios macro e intentó limitar, al filo de la prudencia, el endeudamiento provincial. Fue leal a Daniel Scioli, que este lunes bien temprano, honrando el estilo Pichichi, se deshizo en elogios para ella, al punto de que era número puesto para el Palacio de Hacienda si la taba del ballotage 2015 caía del lado del Frente para la Victoria.

 

En esa etapa, la nueva funcionaria nacional conoció el rigor de una Cristina Kirchner que, antes de convertirlo en su "primer Alberto" –esto es, su delfín moderado–, entonces rigoreaba al gobernador. Por falta de auxilio de la Nación, en 2012 Batakis debió pagar –con dolor, confesó– en cuotas los aguinaldos en la administración local. Batakis adora a Cristina, se sabe, pero ha sabido guerrear con ella: en aquel tiempo, su jefe directo era Scioli y le respondió con lealtad. El Scioli de hoy es Alberto Fernández.

 

Los planetas alineados

La crisis encontró a Batakis en el centro de todas las encrucijadas. Ante todo, es una peronista. En tanto, hasta ahora secretaria de Provincias del Ministerio del Interior, se hizo cercana a Eduardo de Pedro y, por ende, bendecible tanto por por el cristinismo como por los gobernadores, además de alguien que, en su independencia relativa, resultó aceptable para Fernández. Fue, al cabo, una prenda de paz entre el Presidente y la vice. “Batakis, la solución salomónika", la presentó Letra P en el anochecer del domingo agitadísimo.

 

Montaña rusa

La rueda cambiaria de este lunes le brinda una ventaja y una desventaja. Entre lo primero, se destaca que, en tanto Independence Day, no habrá mercado financiero en Estados Unidos y, con ello, cotizaciones de títulos públicos ni de ADR –acciones– argentinas, dólar "contado con liquidación" –CCL o "fuga"– ni riesgo país. La segunda es que su nombramiento a última hora del domingo deshizo las especulaciones sobre un feriado cambiario, lo que hará que sí haya bolsa, dólar blue y dólar MEP. La operatoria de este último es equivalente a la del CCL –un tipo de cambio que surge de la compra y venta de títulos en pesos y en dólares– pero, a diferencia de aquel, se desarrolla totalmente en la plaza local. El más que relativo indicador de las cotizaciones que surgían esta madrugada del mercado cripto hacían presagiar un empinamiento mayor de los dólares paralelos. Se verá en el correr de la mañana de este Día B.

 

Ante eso, vale repasar los números del kilómetro cero de Batakis:

 

Fuente: Rava Bursátil.

Muchos análisis que solo observan la política saludarán la unidad de Todos salvada in extremis. El alivio, con todo, no debe exagerarse. Lo que le espera a Batakis es titánico y una charla entre Alberto y Cristina no soluciona la falta de sintonía programática, personal e ideológica que ha convertido a la coalición en un fiasco.

 

Batakis puede ser una ministra de consenso y alguien que está técnicamente a la altura del desafío, pero no podrá eludir la toma de decisiones que, fatalmente, agradarán o desagradarán a uno y a otra. Para decirlo brutal, pero claramente: ¿habrá salario básico universal, como reclamó el sábado la vice, o apego a las metas fiscal y monetaria pactadas con el Fondo Monetario Internacional (FMI)? ¿Seguirá en pie el aumento de tarifas o primará el "aporte teórico" del cristinismo a la ciencia económica contemporánea, que dice que un país sin acceso a financiamiento puede incurrir, sin problema y como un miembro cualquiera del G20, en emisión sin respaldo?

 

Falta aguda de dólares; supercepo para que no se vuelen los pocos que quedan; vencimientos de deuda del Tesoro en pesos por 490.000 millones este mes –302.000 millones de ellos en poder de tenedores privados–, por 475.000 millones en agosto y por casi un billón en septiembre; negociación que Guzmán dejó pendiente con el Club de París y que requerirá cierta piedad de Estados Unidos; un acuerdo con el FMI que pende de un hilo, advertencias de aflojar con la maquinita y una inflación que, antes de mejorar, podría agravarse "gracias" a la corrida contra el riesgo argentino y a la crisis del fin de semana.

 

Julio está caliente y algunos analistas de esos a los que les interesa el país le auguran un futuro de bisagra antes del estallido que, sí, abriría paso a un ordenamiento bajo otras premisas. También hay que decirles a ellos que no vayan tan rápido, que el tiempo que media hasta las elecciones no permite más chambonadas en Todos, que habrá –para bien o para mal– lapicera a pleno y que la falta de alternativas es la mejor garantía de que la flamante ministra tendrá, al menos de entrada, un tratamiento más considerado que el de su antecesor.

 

Con todo, Batakis, cabe recordar, se haría cargo sin beneficio de inventario: toda la línea de Energía que terminó por serrucharle el piso a Guzmán pareciera seguir en su lugar, sin que el Presidente ose plantear que haber propiciado la caída de un ministro debería precipitar, también, su eyección.