16|11|2022

La parábola del Chivo pródigo

03 de junio de 2022

03 de junio de 2022

El Presidente confirmó este sábado que conducirá la AFI. En esta nota previa a la ratificación, el camino del destierro a la confianza plena. Info es poder.

ROSARIO (Corresponsalía Santa Fe) Trescientos ocho días atrás, Agustín Rossi salía eyectado del Ministerio de Defensa. Dispuesto a enfrentar, jugado por jugado, al gobernador de esta provincia, Omar Perotti, en internas, El Chivo se inmoló por su causa. Apostó muy fuerte, pero perdió con claridad en las elecciones, sin atenuantes. Sin embargo, desde ese momento, no hizo más que acumular victoria tras victoria hasta regresar al gabinete nacional. Renacido, a lo Di Caprio.

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Era un ministro sin cartera, El Chivo. De verba explosiva y argumentos sólidos, se convirtió en un vocero sustancial del Frente de Todos (FdT), pero, sobre todo, del presidente Alberto Fernández. El santafesino se calzó capa y espada para defender al jefe de la Casa Rosada sin contemplaciones. Cuando juega, lo hace a fondo, no conoce otro ritmo.

 

La Agencia Federal de Inteligencia (AFI) sería su destino en las próximas horas. Un rol oscuro, subterráneo, pero digno de alguien que tiene confianza presidencial plena: el Señor 5 tiene acceso a la información más delicada. La intervención, hasta ahora en manos de la exfiscal Cristina Caamaño, vence, a priori, el 6 de junio. ¿Le imprimirá Rossi su sello al área negra o su regreso vendrá de la mano de un nuevo bosquejo en los alcances de la agencia?

 

En Santa Fe, su terruño, la novedad arrojó sorpresa en tropas propias y ajenas. Las cabezas provinciales de la Corriente de la Militancia se enteraron por medios nacionales, nadie les anticipó nada. Sin embargo, Letra P pudo confirmar que personas del círculo estrecho desembarcaron este jueves en la AFI. La movida fue manejada con extrema reservada. Confidencial.

 

Jefe de Gabinete hubiera sido otra cosa. Volver del destierro a ese cargo hubiera significado romper relaciones con Perotti, quien mira con recelo todo el terreno recuperado por Rossi. “Parece que El Chivo, y no nosotros, hubiera ganado la interna”, se queja un perottista paladar negro. El nuevo cargo no desembocará en la necesidad de un contacto fluido entre la AFI y el gobernador, en una intermediación permanente de Rossi entre el Presidente y el rafaelino. Lo saben en la Casa Gris, pero, no obstante, molesta la escalada rossista.

 

Rossi estaba en el desierto en 2021. Fue el único funcionario que renunció para ser candidato. Se fue con aplausos y ovación de Defensa, pero Perotti – también, la vicepresidenta Cristina Fernández – lo cruzaron por sostener una interna. El Chivo tragó saliva y dejó pasar el tiempo, no sacó los pies del plato.

 

Más temprano que tarde, se recuperó. Él y su gente. El rosarino Roberto Sukerman ingresó al Ministerio de Trabajo de Nación y, en la jugada mayúscula, el diputado Germán Martínez reemplazó a Máximo Kirchner en la jefatura de bloque del FdT en Diputados, del que Rossi también había sido desalojado para darle el sillón al hijo de CFK, que, encima, terminó renunciando cuando las papas se pusieron calientes. La designación fue todo mérito de Martínez, pero pertenece a una tribu que conduce Rossi y opera con el manual de su jefe. Por propiedad transitiva, también fue un logro del extitular de Defensa.

 

Pese al cortocircuito del cierre electoral, Rossi nunca perdió el vínculo con el Presidente. Hasta en campaña lo sostuvo y, de a poco, con nombramientos y gestos, ingresó en la órbita más cercana de Fernández. Círculo muy chico. Vio el hueco y entró, nadie lo iba a detener ahora. Se podría decir que se metió solo en el gabinete. Ahora, toma un fierro pesado al que, seguramente, no le debe tener miedo.