25|9|2022

Macri, Fernández y el juego de las diferencias en la cuestión Malvinas

27 de junio de 2022

27 de junio de 2022

El Presidente discutió con Johnson y anticipó un cambio en la relación bilateral. Las consecuencias del legado de Cambiemos y el puente que tiende con CFK.

Desde el fin de la guerra de Malvinas, la ocupación ilegal del territorio que realiza Londres y su intransigencia para alcanzar una solución negociada no cambiaron, pero sí lo hicieron las posturas de los gobiernos argentinos. Así lo mostró este lunes el presidente Alberto Fernández en la reunión bilateral que mantuvo con el primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson, a quien le advirtió que, si no se resuelve la disputa, la “relación va a estar trabada”. Lejos de evidenciar una política de Estado que debería ser transversal, marcó diferencias con su sucesor, Mauricio Macri; se acercó a los preceptos de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner y anticipó otro tipo de vínculo bilateral.

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Durante los cuatro años de Macri hubo un retroceso en el reclamo soberano que solo se mantuvo como un cascarón en sus tradicionales declaraciones ante la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU). En 2018, por ejemplo, ratificó el pedido de soberanía, pero a partir de su “compromiso” con una “nueva fase” que abría con el Reino Unido y que se basaba, aseguró, en “la construcción de confianza mutua y en el diálogo amplio y positivo”. Debajo de esa capa discursiva, que no podría no existir para un país que ve ocupado su territorio por una potencia extranjera, se escondió una práctica que atentó contra ese reclamo y priorizó los nexos económicos de la prometida “lluvia de inversiones”.

 

En su primera gran oportunidad, Fernández marcó una diferencia clara con Macri en los lazos con Londres, que a partir de ahora deberá manifestar en la práctica para no construir su propio cascarón vacío. “Hasta que no solucionemos este tema, no podremos avanzar en otras cuestiones”, le manifestó a Johnson en el primer encuentro bilateral que mantuvieron en el marco de la cumbre del G7 de Alemania. A la espera de un robustecimiento de su política exterior dedicada a las Islas, que hasta el momento estuvo atravesada, primero, por la pandemia de Covid-19 y, segundo, por la guerra en Ucrania, el mandatario argentino marcó un cambio y evidenció que no relegará la soberanía frente a transacciones económicas.

 

En su primer encuentro con un premier británico, en 2016 con David Cameron, Macri mostró su disposición a postergar el reclamo soberano. “Fue una muy linda reunión”, dijo después de su primera cita, en la que no se trató la actualidad de las Islas. Esto continuó en 2018, cuando recibió a Theresa May -quien sucedió a Cameron- en Buenos Aires en la cumbre del G20, lo que representó el primer desembarco de una autoridad ejecutiva del Reino en la capital desde la guerra de 1982. En esta oportunidad, el mandatario argentino ni siquiera hizo referencia a las Islas, pero sí a las oportunidades para invertir que existían para Londres.

 

Esta serie de encuentros y esta diplomacia que priorizó lo económico por sobre la integridad territorial y la soberanía nacional la describió la propia May, cuando dijo: “Nuestra posición no ha cambiado, pero lo que ha cambiado es que hemos visto mejores relaciones con Argentina”. 

 

Sí intervención

La prioridad que Macri le dio a lo económico por sobre los intereses políticos o la soberanía nacional o de un tercero fue un factor que se evidenció en otros aspectos de su política exterior y que rompió, a la vez, tradiciones argentinas, tal como lo hizo con Malvinas. Su seguimiento al posicionamiento intervencionista de Estados Unidos sobre Venezuela, primero con Barack Obama y luego con Donald Trump, fue otro ejemplo.

 

Ante la necesidad de generar caudal de una lluvia que no mojaba, se perfiló detrás de la Casa Blanca y se convirtió en uno de sus principales soldados en el continente. Votó a favor de distintas declaraciones internacionales que intercedieron abiertamente en los asuntos internos de Caracas, como el reconocimiento de Juan Guaidó como presidente encargado o la aplicación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), por el cual se habilitaba el “empleo de la fuerza armada” para una eventual intervención extranjera, puntos que vulneraron la doctrina argentina de “no intervención”. 

 

Si Fernández marcó un cambio con su antecesor, Macri lo hizo con Néstor y Cristina Kirchner. El matrimonio que llegó de Santa Cruz hizo del reclamo soberano un ítem importante de su política exterior bajo una estrategia que, si bien marcó diferencias entre los distintos sectores vinculados a la cuestión Malvinas, como excombatientes o centros de estudios, no dejó de generar una demanda que ni Londres ni el resto de la comunidad internacional pudieron desoír.

 

En ese tiempo, el país logró avances significativos, como el reconocimiento del reclamo de Buenos Aires por parte de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y del G77+China, un organismo que reúne a más de 130 países del mundo. La reconstrucción de este hilo conductor le permite a Fernández generar un acercamiento con la vicepresidenta en momentos en que sus peleas amenazan con destruir la unidad oficialista. 

 

La herencia

Las consecuencias de la diplomacia de Cambiemos todavía se evidencian en el escenario internacional argentino. Con Malvinas hubo un quiebre en la construcción de un reclamo que debería ser política de Estado, que se había sostenido -principalmente- durante tres presidencias consecutivas y que recién ahora se busca retomar.

 

Los resultados prácticos de haber priorizado lo económico provocaron, por ejemplo, la firma del tratado Foradori-Duncan, que levantó las sanciones argentinas contra las empresas que explotaban ilegalmente los recursos petroleros y pesqueros de las Islas. Esto estuvo vigente hasta la derogación ordenada por Alberto Fernández luego de que se conociera, a partir de un libro escrito por el entonces canciller británico, Alan Duncan, que el vicecanciller argentino Carlos Foradori estaba “borracho” al momento de firmarlo. 

 

Mientras Fernández muestra diferencias con Macri, la política nacional enfrenta el reto de construir una política de Estado que perdure en el tiempo.