23|7|2022

Sin los votos para el Salario Universal, el FdT respira sus lamentos por Cristina

23 de junio de 2022

23 de junio de 2022

En Diputados, el oficialismo decidió no polemizar, pero hay incertidumbre. Las sospechas sobre el rol de los intendentes y un poroteo que desnuda impotencias.

Las críticas que este lunes lanzó la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner contra la intermediación de las organizaciones sociales en la adjudicación de los planes asistenciales calaron hondo en la Cámara de Diputados, en general; y en el bloque del Frente de Todos, en particular, ya que está integrado por una decena de representantes de movimientos como el Evita, la Unión de Trabajadores de la Economía Popular, la Corriente Clasista y Combativa, Somos Barrios de Pie y el Frente Patria Grande. 

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Antes de las declaraciones del lunes, la mayor atención estaba puesta en la posibilidad de avanzar con la creación del Salario Básico Universal. El plan también forma parte de uno de los debates irresueltos dentro del FdT desde hace dos años y ahora resuena en la provincia de Buenos Aires como una forma de retomar la iniciativa en plena tormenta. El tema no pasa inadvertido en la Cámara baja, pero en el bloque oficialista admiten que no tienen los votos para impulsarlo. Ahora bien, no hay impedimento para que sea impulsado en el Senado, donde el interbloque frentetodista tiene más chances de aprobarlo con lo justo. Si se concreta, no sólo sería una forma de articular una polémica viva dentro del oficialismo: también implicaría parte de un guiño de Cristina Kirchner para reordenar el hormiguero que pateó este lunes. 

 

Por fuera de los planteos públicos que hicieron algunos legisladores, como Leonardo Grosso, del Evita, la mayoría de sus pares entraron en un cauteloso silencio luego de las primeras respuestas, incluso una oficial del espacio. Hubo un paraguas técnico con los comunicados que difundieron las principales organizaciones aliadas del FdT para lamentar la estigmatización y la perspectiva de la titular del Senado. El secretario de Relaciones Parlamentarias y referente del Evita, Fernando Navarro, fue más lejos: dijo que Cristina Kirchner “no conoce la realidad, porque hace mucho que no pisa un barrio” y Emilio Pérsico, del mismo espacio, opinó que "es muy injusta con las afirmaciones que hace, no conoce el tema, no sabe qué hacen las organizaciones”. 

 

Si bien salieron a cruzarla con velocidad en público, nadie se animó a decir una palabra en los pasillos parlamentarios sobre algún alineamiento interno en la Cámara baja, donde la paridad es tan estrecha que cualquier poroto disidente puede provocar una tormenta. El Evita hizo trascender que busca formar un movimiento político y social dentro del FdT, algo contado por este medio en mayo, y que podría pelear un lugar en las PASO, pero ninguno de sus dirigentes se refirió al Congreso.

 

Ante el calibre de la polémica, los protagonistas legislativos eligieron el silencio. Sin embargo, según pudo reconstruir Letra P, dentro del conglomerado oficialista hay una mirada casi unánime: no entrar en la discusión pública que planteó CFK ni polemizar con ella como están haciendo algunos personajes "muy devaluados", como Luis D'Elia, cuya influencia concreta dentro del Congreso es nula. 

 

A la sorpresa que tuvieron algunos legisladores, se sumó la desazón. La mayor zozobra pasa por la incredulidad que les provoca comprender que la vicepresidenta "no tiene ningún reconocimiento a las organizaciones sociales que han jugado un rol clave durante la pandemia y en este momento tan crítico", resumen, en sintonía con la mirada de la Casa Rosada. El mensaje no busca deslizar que esperan un agradecimiento, pero sí una consideración respecto a la capacidad que han tenido para contener situaciones críticas durante el aislamiento por el covid-19 y en el presente, a partir del impacto de la crisis económica y la inflación. 

 

Por fuera del sinsabor también hay un interrogante: ¿Qué la llevó a CFK a articular un discurso de semejante calibre? Algunos arriesgan que es parte de una estrategia para acercarse con la clase media urbana; mientras que otros teorizan que la vicepresidenta ha comenzado a inclinarse hacia los intendentes del conurbano bonaerense, dentro de la añeja disputa territorial que mantienen con los movimientos sociales desde hace años. La reunión, que este miércoles, la exmandataria concretó con el alcalde de Pehuajó, Pablo Zurro, alimentó esta especulación. La mayor incógnita gira en torno a la serie de reuniones que el exintendente de Hurlingham y ministro de Desarrollo Social, Juan Zabaleta, mantuvo con ella en el Senado.