23|1|2023

El acuerdo con el Fondo hace agua y complica más la situación de Guzmán

01 de junio de 2022

01 de junio de 2022

Tendencias negativas en acumulación de reservas, reducción del déficit y moderación monetaria. La inflación, sin paz. A buscar "waiver" en el diccionario.

Uno de los puntos fuertes de Martín Guzmán, que explica su permanencia en el gabinete a pesar del fuego pesado con el que le dispara desde hace meses el cristinismo, es su condición de garante frente al Fondo Monetario Internacional (FMI) de que el gobierno peronista buscará atenerse, en la mayor medida posible, a las condiciones pactadas para la refinanciación de la deuda de 45.000 millones de dólares. Sin embargo, aunque crece y genera empleo y un nivel general de consumo en recuperación, la economía sigue deparando problemas, sobre todo en lo que respecta a la inflación y a una serie de indicadores clave, lo que pone en cuestión, justamente, el cumplimiento de lo firmado. Así las cosas, el ministro puede encontrar más difícil afianzarse en dicho rol, lo que hace que su situación se vuelva más precaria.

desPertar

Un análisis útil para enfrentar
una realidad desafiante

Recibilo todas las mañanas en tu mail

desPertar

Un análisis útil para enfrentar

una realidad desafiante

Recibilo todas las mañanas en tu mail

 

"La idea de que el acuerdo con el FMI podía resultar como un estabilizador de las expectativas es cada vez más lejana. La evolución reciente de las principales metas acordadas –fiscales, monetarias y de reservas– se encamina a un triple incumplimiento. El acuerdo, que nació light, corre riesgo de volverse decorativo", señaló Consultatio Plus en su último informe.

 

De acuerdo con el trabajo, "la meta de acumulación de reservas es sin dudas la más comprometida: faltando apenas un mes para que termine el trimestre y la ‘temporada alta’ de liquidación de divisas, el Banco Central todavía debe sumar reservas netas por 3.000 millones de dólares, una tarea que parece casi imposible, para llegar desde los 3.400 millones actuales a los 6.425 millones requeridos. Para lograrlo, debería tener un junio caso epopéyico", dado que el promedio de compra de dólares en ese mes por parte de la autoridad monetaria en años de cepo alcanza a 685 millones. "Asimismo, el nuevo Fideicomiso de Resiliencia y Sostenibilidad del Fondo (que representará para la Argentina 1.300 millones de dólares ‘del cielo’) se estima que entrará en vigor en octubre, por lo que no podrá ayudar a las metas de junio ni de septiembre", añade.

 

Para peor, lo más demandante está por venir, esto es la suma de reservas netas por 1.700 millones de dólares entre junio y diciembre, un período que históricamente es más de ventas (un promedio de 3.700 millones en años de cepo vigente) que de compras.

 

En materia fiscal, Guzmán hizo los deberes en abril y logró mantener la economía dentro de los parámetros del acuerdo en vigor. El FMI aceptó para eso que contabilizara como ingresos la diferencia entre lo captado por el Tesoro en sus emisiones de deuda en pesos y el valor nominal de los títulos, un truco contable al que, de cualquier forma, le puso un tope anual de 0,3% del PBI, algo que el comunicado del Palacio de Hacienda presenta como una decisión propia.

 

Lo que viene, también en esta matera sensible, será cuesta arriba.

 

El informe de Consultatio Plus señala que "los subsidios económicos crecieron 148% interanual en abril, mientras que el gasto social se aceleró a un ritmo anual del 82%". A favor de la dinámica fiscal, cabe agregar, juega que comenzará ya a regir el aumento de tarifas de luz y gas, lo que al menos limitará los subsidios al consumo. Sin embargo, el hecho de que el propio Guzmán haya asegurado que esa suba será la última del año y la posibilidad de que la guerra en Ucrania mantenga sostenidos los precios de la energía limitan el ahorro que pueda lograrse por esta vía.

 

El gasto social, claro, es un campo de batalla dominante en la guerra entre el albertismo y el cristinismo, más cuando la inflación acumuló 23,1% en el primer cuatrimestre y está lejos de entregar señales claras de desacecleración. He ahí otra acechanza para el plan fiscal de Guzmán.

 

En este contexto, "con casi todas las categorías del gasto corriendo por encima de la inflación (…), es casi un hecho que el Gobierno no podrá cumplir con la meta fiscal de 2,5% del PBU pactada con el FMI para este año. Incluso la meta fiscal de junio ya está bajo amenaza", señala el estudio.

 

Por último, concluye Consultatio Plus, "la tercera meta que luce difícil de alcanzar es la monetaria (…). El Gobierno cuenta, en principio, con mecanismos para evitar el incumplimiento (…), pero lo negativo es que, de las tres metas, esta parecía la más sencilla y lo peor es que, hacia el segundo semestre, el panorama no mejoraría, ya que la estacionalidad de las variables casi siempre juega en contra de la economía argentina".

 

El entendimiento con el Fondo indica que el tope de emisión monetaria –el financiamiento del Banco Central al Tesoro– es de 1% del PBI para este año, La misma debe reducirse a 0,6% en 2023 y llegar a cero en 2024.

 

Cabe entonces concluir que la dinámica del gasto público parece autonomizada de la voluntad de la conducción económica y, con ello, las necesidades de emisión, porque el mercado local de deuda no da para financiar un agujero tan grande. Todo eso tiende a deteriorar las expectativas y a acelerar la fuga del peso de los agentes económicos, lo que atiza, a su vez, el fenómeno inflacionario. Como una de las formas más relevantes que está tomando esta tendencia es el anticipo de importaciones, la posibilidad del Central de captar divisas para fortalecer las reservas también se evapora.

 

El FMI ya dijo que el contexto –sobre todo, el internacional– puede llevar a una reformulación de las metas pactadas, pero, para que lo firmado se sostuviera, sería necesario que el organismo considerase que cualquier desvío es más poco relevante o temporario, lo que le permitiría la concesión de un waiver o "dispensa" que permitiera seguir adelante.

 

Es fatal: cuando vuelve el Fondo, vuelve la jerga que describe a la pérdida de autonomía en el manejo de la política económica.

 

¿Se acerca el momento en que, azuzado por Kristalina Georgieva, Guzmán deba desempolvar ese diccionario indeseado?