01|7|2022

Rompan todo (sin romper demasiado)

Fuego a discreción de la tropa kirchnerista bonaerense contra la Casa Rosada. La (re)fundación del espacio en torno a Ella. Fotos, hechos y palabras de guerra.

LA PLATA (Corresponsalía Buenos Aires) Se acabó el tiempo. Rompan todo. La orden, que baja de la cúspide del kirchnerismo, fue alumbrada por decantación y al calor de la marcha de la gestión de Alberto Fernández, sobre la cual La Jefa viene advirtiendo desde el amanecer mismo del gobierno que ella engendró. La decisión no implica dinamitar la coalición hasta extinguirla antes de la línea de llegada de 2023, sino plantar un mojón (re)fundacional para volver a las bases y empezar algo nuevo… con Ella como emblema y, claro, sin él. A los coroneles del Cuartel Central Buenos Aires parece habérseles encargado la tarea de anunciar el despegue a grito pelado. Comenzaron a hacerlo -y seguirán haciéndolo- esta semana con una ráfaga de declaraciones furiosas y gestos de distinta intensidad, según el cargo y el perfil de cada cual. El silencio de CFK ratifica y ensordece: la accionista mayoritaria de la alianza de gobierno ya decidió ir por otro camino que tiene en el distrito del 37 por ciento del padrón electoral nacional su kilómetro cero.

 

Un dirigente importante del peronismo bonaerense lo grafica así: “Como decía el General, para hacer una tortilla primero hay que romper los huevos. No se trata de romper todo, sino de construir algo nuevo. En un momento en el que todo puede ocurrir, lo importante es tener algo armado y en eso está el peronismo”.

 

Los soldados del batallón K no se cansan de desandar el camino de advertencias que la vicepresidente empezó a recorrer en diciembre de 2020, cuando lanzó en La Plata aquello de “los funcionarios que no funcionan”; después, que las ganancias no se la lleven cuatro vivos, el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI)… “Perdimos las elecciones y no hay reacción”, dicen para justificar las detonaciones contra la Casa Rosada.

 

El peronismo no albertista busca resignificar el escenario desde la figura de CFK, que es quien aportó los votos. “El peronismo es verticalidad y se ordena de arriba para abajo y con los votos. Eso es lo que está pasando”, analiza el mismo dirigente y vuelve a la alegoría culinaria: “Los huevos están rotos, el aceite está caliente y las papas, cortadas: se cuece una nueva tortilla”. Y más: “Estamos en medio de una guerra, puede pasar cualquier cosa. Lo importante es tener algo armado”.

 

El cambio de dimensión del enfrentamiento, que pasó de una guerra de trincheras al cuerpo a cuerpo, queda expuesto cuando se ponen en fila los acontecimientos de los últimos diez días: el jefe de Asesores Carlos Bianco proponiendo a Cristina como candidata presidencial; el ministro Andrés Larroque una, dos, tres veces contra Martín Guzmán, el punching ball predilecto del kirchnerismo duro; las críticas de la senadora Juliana Di Tullio y la ráfaga de la senadora bonaerense Teresa García, quien directamente pidió las cabezas del ministro de Economía y de Matías Kulfas. “Ciclo cumplido”, corta la bocha.

 

La galería de personajes -cada cual con sus gestos- sigue. Kicillof, maestro del equilibrismo por necesidad y urgencia, avanzó con la institucionalización del Frente de Todo en Buenos Aires en el que no hay ni rastros de albertismo. ¡Hello!, interpela la foto que muestra al mandatario en el centro de una imagen de colección para el álbum de la batalla. Carlos Castagneto, Mónica Macha, Máximo Kirchner, Malena Malgarini, Kicillof, Verónica Magario, Mario Secco, Cristina Álvarez Rodríguez y Martín Insaurralde.

 

La foto de Kicillof en el municipio de 25 de Mayo con el uno y dos de Energía, Darío Martínez y Federico Basualdo -este último, emblema de la resistencia K en el gabinete nacional por su disputa aparte con Guzmán, quien no pudo echarlo- también se leyó en clave política más allá del acto de gestión que presentaron. Fue a horas nomás de que Larroque empuñara el lanzallamas en contra del arquitecto del acuerdo con el Fondo.

 

La República Separatista de Buenos Aires que gobierna Kicillof y tiene a Kirchner al mando de la tropa que supo alinear blandirá este sábado en Baradero la bandera de la independencia, donde la rama sindical del PJ del Subcomandante Máximo hará rancho aparte para festejar el Día del Trabajador. Volumen alto, orejas paradas para escuchar el discurso del diputado previsto para media tarde en el predio del sindicato de Luz y Fuerza.

 

La sociedad M&M, que soporta las tensiones en el Congreso mientras alambra Buenos Aires; el poder territorial de los intendentes, quienes lograron sentarse a la mesa; el gobernador, que ya volvió a su fórmula 2019 mientras se mantiene a salvo del efecto AF; un comando de artilleros con carta blanca para disparar… Un ejército potente que avanza y responde a un solo mando. Resta saber si en el camino aceptará nuevos aliados o si, como alguna vez, irá solo a la batalla.