21|1|2023

El encierro y el silencio del impredecible Bolsonaro

31 de octubre de 2022

31 de octubre de 2022

El presidente no se pronunció sobre su derrota. ¿Reconocerá los números o intentará un golpe? Sus bases protestan y cortan rutas. Los límites del establishment.

SAN PABLO (Enviado especial) Más de 12 horas después de que se confirmara la victoria electoral del candidato a presidente por el Partido de los Trabajadores (PT), Luiz Inácio Lula da Silva, el actual jefe de Estado, Jair Bolsonaro, no se había pronunciado al respecto. Ante las consultas de este portal y de otros medios de comunicación, su equipo mantenía un silencio que no permitía determinar si el mandatario avanzará en su intento de desconocer los resultados o, como demanda la democracia, el 1 de enero le entregará la banda presidencial a su sucesor en Brasilia. 

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Según distintos reportes de la prensa local, luego de conocer la victoria de su rival, el presidente se encerró en su habitación sin la presencia de sus asesores, a quienes decidió ignorar, e inició un proceso de inmersión que no se sabe cuándo terminará. Sus cuentas en redes sociales muestran una extraña falta de interacciones, al igual que las de sus hijos, hombres acostumbrados a tuitear o megustear mensajes cibernéticos. Esta mañana partió hacia la sede de gobierno sin saludar a los manifestantes que lo apoyaban y sin hablar con la prensa.

 

A pesar de que Lua ya realizó dos discursos como presidente electo (uno forma,l en conferencia de prensa, y otro ante su militancia), la pregunta todavía pasa por la respuesta que tendrá el jefe de Estado. ¿Denunciará un fraude en su contra? ¿Reconocerá su derrota? ¿Iniciará un proceso judicial para realizar una auditoría e inaugurará un proceso de inestabilidad y discordia hasta la tercera asunción del exlíder sindical? “Es preciso saber cómo esta gente va a gobernar este país. Es necesario saber si el presidente que ya derrotamos va a permitir que haya una transición. Tengo dos meses para armar un gobierno”, aseguró Lula desde el camión que su campaña montó en los festejos de la Avenida Paulista.

 

Mientras él no habla, algunos sectores más duros de su base electoral ya iniciaron protestas en contra de la victoria de Lula. Este lunes, distintas organizaciones de camioneros (un rubro muy ligado al presidente) cortaron más de 70 rutas en 11 estados diferentes de todo el país como forma de protesta ante lo que denuncian como un "fraude" en contra del actual jefe de Estado. Hasta el momento no representan una amenaza para la democracia, pero evidencian que hay sectores oficialistas que están dispuestos a dar batalla. ¿Esperará el jefe de Estado a que se sumen más sectores para conducir el camión golpista? 

 

A la espera de la palabra presidencial, el resto de las instituciones del Estado brasilero sí hablaron y limitaron el margen de maniobra de Bolsonaro. El Tribunal Superior Electoral (TSE) felicitó por su victoria a la oposición. “El proceso fue limpio, seguro y transparente”, dijo su máxima autoridad, Alexandre de Moraes. El líder de la Cámara de Diputados y representante del poderoso Centrão, Arthur Lira, también felicitó al PT por su victoria. “La voluntad manifestada en las urnas deberá ser respetada y seguiremos trabajando por un país soberano, justo y con menos desigualdad”, dijo el hombre que lidera este grupo de partidos de centroderecha que se alinean con el oficialismo de turno, que hasta hoy son aliados de Bolsonaro y ahora buscan diálogo para ser el pilar legislativo del PT. 

 

El escenario internacional tampoco le dejó espacio al presidente para atrincherarse en el Palacio de Planalto. Todos los países de América del Sur reconocieron la victoria de su rival, desde el argentino Alberto Fernández hasta el conservador de Uruguay, Luis Lacalle Pou. A través de un comunicado oficial, la Casa Blanca felicitó al líder del PT por imponerse en unas elecciones “libres, justas y creíbles”. Con la salida de Donald Trump del salón oval, Bolsonaro perdió a su máximo aliado internacional ante Joe Biden, con quien está enfrentado y quien le prestó especial atención a estos comicios para evitar un intento golpista como el que sufrió Washington con la toma del capitolio, en enero de 2020.

 

Ni siquiera sus propios aliados parece que lo respaldarán. Su exministro de la Casa Civil (jefatura de Gabinete) Onyx Lorenzoni perdió el ballotage que disputó por la gobernación de Río Grande del Sur y, en su conferencia de prensa, dijo que se deben respetar los números porque “la decisión del pueblo es soberana”. También su exintegrante de gobierno y gobernador electo de San Pablo, Tarcísio Freitas, adelantó que interactuará con Lula porque “la alineación con el gobierno federal será fundamental” a la hora de trabajar por el futuro del estado más importante del país. 

 

Su silencio y las voces que confluyeron en la construcción de un bloque democrático limitan las maniobras autoritarias de Bolsonaro, pero, a partir de sus antecedentes y la radicalidad de sus bases más duras, todavía ningún escenario está descartado.