20|1|2023

Palo y zanahoria: Lula recordó que quisieron "enterrarlo", pero pidió "bajar las armas"

30 de octubre de 2022

30 de octubre de 2022

El presidente electo pegó pero, conciente de los desafíos que enfrenta, fue enfático en el llamado a la unidad y el diálogo. Fiesta en la Avenida Paulista. 

SAN PABLO (Enviado especial) En su primer mensaje como presidente electo de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva llamó a la unidad nacional y prometió que, a partir del 1 de enero, gobernará “para todo el pueblo” y no solo para el eelctorado que este domingo lo votó. Al mismo tiempo, criticó con dureza al presidente saliente, Jair Bolsonaro (a quien no mencionó) y recordó: "Intentaron enterrarme vivo y estoy aquí".

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“Voy a gobernar para todos y todas. No hay dos Brasil, es un solo país y es una sola gran nación”, aseguró y consideró que “es hora de reunir a las familias y restablecer los lazos rotos por la propagación del odio”. Con críticas tácitas al bolsonarismo, que gobernó el gigante sudamericano durante los últimos cuatro años, agregó: “Es hora de bajar las armas que nunca debieron ser empuñadas. Basta de armas”.

 

En su conferencia de prensa, el hombre que se convertirá en la primera persona en presidir Brasil tres veces, leyó su mensaje, un hecho inusual para él, acostumbrado a improvisar. Sin señales de revanchismo contra los sectores que lo encarcelaron durante 580 días, el líder del PT aseguró que el “único” vencedor de estas elecciones fue el “pueblo”. “Esta victoria no es mía, es del pueblo, que hoy dejó en claro que quiere más democracia y no menos”, reiteró. 

 

 

“Es preciso reconstruir este país en todas las cuestiones”, profundizó. Sus críticas al actual jefe de Estado también llegaron a la arena internacional, al manifestar que Brasil “está de nuevo” y que “es más grande que ese papel de paria” al que lo condenó, consideró, la administración de Bolsonaro. “Vamos a reconquistar la credibilidad, la previsibilidad y la estabilidad de este país”, completó.

 

El llamado a la unidad y el diálogo resulta acorde a los desafíos que enfrentará Lula en el terreno de la gobernabilidad. A partir del próximo 1 de enero, cuando asuma en Brasilia, tendrá la titánica tarea de gobernar un país con una severa crisis económica y peligrosos índices de polarización. Todo ello, en un contexto internacional adverso, con un Congreso en minoría y tironeado por las tensiones políticas de su propia coalición gobernante. 

 

Tras derrotar a Jair Bolsonaro en las urnas por escasa diferencia, el líder el Partido de los Trabajadores (PT) utilizó las redes sociales para celebrar su regreso al poder: "Democracia" fue la palabra que eligió para acompañar una foto donde se ve su mano apoyada sobre una bandera de Brasil.

 

Lula se impuso con el 50,90% de los votos en un histórico ballotage que permitirá que el líder de izquierda llegue al poder por tercera vez en la mayor economía de Latinoamérica y principal socio comercial de Argentina.

 

A las 20, el Tribunal Supremo Electoral (TSE) anunció, en la página oficial del recuento de votos, que Lula fue electo presidente y venció a Jair Bolsonaro. "Matemáticamente definida", determinó el máximo órgano de justicia electoral. 

 

 

 

Mientras tanto, en la Avenida Paulista un grupo de seguidores daba comienzo a la fiesta, que se repetía en las calles de Río de Janeiro.

 

Durante toda la jornada, la oposición denunció que la Policía Caminera, un organismo federal que depende de Bolsonaro, realizó controles y operativos ilegales contra el transporte público gratuito, especialmente en el Nordeste del país, donde el PT consigue sus mejores números y resultados.

 

Además, existe el temor de que el presidente cumpla con sus amenazas y desconozca los resultados en caso de una derrota. A pesar de que el jefe de Estado parece tener poco apoyo del resto de las instituciones estatales para lanzar un intento de golpe de Estado, las consecuencias que puedan generar sus acciones generan preocupación.