LETRA P EN SAN PABLO

La torcida de Lula le gana el ballotage a la de Bolsonaro mientras vota Brasil

Recorrida por el corazón de la capital paulista. Entusiasmo en el PT y preocupación en el bolsonarismo. El temor por el desconocimiento de los resultados.

SAN PABLO (Enviado especial) En el centro de esta ciudad, la militancia del Partido de los Trabajadores (PT) mostraba la confianza que su dirigencia trataba de apaciguar ante la posibilidad de que su candidato a presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, gane el ballotage que se desarrollaba este domingo en Brasil. A diferencia de la silenciosa y preocupada tropa del mandatario que busca la reelección, Jair Bolsonaro, el electorado de la oposición participaba de la jornada electoral con una impronta de carnaval. 

 

Desde los parlantes de un auto se escucha Tá na hora do Jair já ir embora, el hit de campaña del PT que juega con el nombre del presidente (Jair) y “já ir embora”, que quiere decir "es hora de irse para afuera". En la previa de esta elección, llegó al segundo puesto de las canciones más escuchadas en Spotify. “Mi voto por Lula es muy fácil: lo voto porque quiero un Brasil mejor, por los programas sociales y por una economía mejor”, cuenta Filippi, que baja del asiento del conductor después de apagar la música.

 

Carolina llega bailando al centro de votación ubicado en el corazón de la capital paulista, donde el PT es más fuerte a raíz de un electorado más cosmopolita. Luce un vestido rojo, un sticker de Lula en el corazón y el hit del momento sonando a todo volumen en el celular. En Brasil no hay límites proselitistas a la hora de votar, por lo que las personas simpatizantes de las distintas fuerzas suelen ir identificadas a sufragar. “Hoy empezamos a dejar en el pasado los años de violencia, autoritarismo, racismo y odio a las mujeres”, asegura la mujer y anticipa: “Lula es el primer paso. Falta mucho, pero con Bolsonaro no será posible“.

 

Del otro lado, la tropa bolsonarista se muestra más calma, menos entusiasta. “Voto a Bolsonaro porque defiende a Dios, a la familia y a la patria y está en contra del socialismo”, explica Ivo, un hombre alto y fuerte que usa anteojos de sol estilo militar. De fondo, algunas personas gritan a favor de Lula mientras ríen. “Hoy está difícil”, reconoce Christian, que viste la camiseta de fútbol de la selección. “Bolsonaro tiene errores porque nadie es perfecto, pero es mejor que el PT”, agrega. 

 

Durante la primera candidatura presidencial de Lula, Roberto formó parte de su equipo y entabló una relación personal con el exlíder sindical. Casi 20 años después, viste una remera de la selección junto a su esposa, Eva, que replica el vestuario. “Cuando ganó la primera presidencia, en 2003, me fui y nunca más tuvimos relación”, recuerda el hombre que votó por Bolsonaro para que no gobierne el “socialismo” en Brasil. “Lula no tiene un programa de gobierno, tiene un programa de poder. Yo lo vi con mis propios ojos, yo lo sé”, cuenta. Durante la campaña, uno de los ataques del oficialismo contra el PT fue la falta de detalles de sus propuestas.

 

En este domingo de sol y calor primaveral, las bases y el electorado petistas mostraban la alegría y la expectativa que la dirigencia intentaba calmar porque, a pesar de que la vuelta al poder de Lula nunca estuvo tan cerca, dicen en privado, la victoria no estará asegurada hasta que lo confirme el Tribunal Superior Electoral (TSE). La comandancia política teme que los sondeos de oposición se vuelvan a equivocar o que Bolsonaro no reconozca su derrota, un miedo latente todavía en las calles de Brasil ante las amenazas que hizo el jefe de Estado.

 

“Soy pobre y voto a Lula porque es el único que se preocupa por las personas que pasamos hambre y con el único que hay una posibilidad de ascenso social”, explica Tisia, una joven que lleva una gorra del Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra (MST). “La única vez que vi a la gente de mi barrio estudiando y jugando al ajedrez fue con los gobiernos del PT”, rememora. Los recuerdos de las dos administraciones del expresidente fueron uno de los puntos fuertes de su nueva campaña. “Volver a ser feliz” es su lema de campaña, otra canción que también se convirtió en un hit proselitista. 

 

Si Lula gana esta noche, Susana, una mujer de casi 60 años que viste una musculosa con lentejuelas que forman la bandera nacional, no sabe qué hará. “Es un retroceso, no puedo entenderlo. Dejaron el país en ruinas con mucha corrupción”, dice y rechaza la posibilidad de desconocer los resultados, como baraja el presidente. “Si gana, gana; si perdemos, perdemos”, sostiene. Para Miguel, el oficialismo “merece otra oportunidad” para poder gobernar “sin pandemia y sin guerra”. “Con cuatro años normales va a poder hacer todo lo que quiere. Ahora no lo dejan”, profundiza. 

 

Ana Carolina, una joven con camiseta de la selección metida dentro de unos jeans oxford, analiza la posibilidad de volver a vivir al interior de San Pablo si el PT se impone, región donde Bolsonaro es más fuerte. “La izquierda nunca hizo nada por la educación, la abandonó, la dejó en ruinas”, afirma y destaca la figura del presidente porque “piensa y defiende a los empresarios”, quienes generan empleo en el país. El temor (infundado) a que las grandes empresas abandonen el país si la izquierda vuelve al poder se instaló con fuerza en un sector de la sociedad. “Si gana Bolsonaro, Chevrolet va a abrir fábricas; si gana Lula, se van”, dice otro hombre. 

 

El futuro del país, de las bases bolsonaristas y de la tropa petista que quiere terminar de festejar se revelará esta noche, cuando se conozcan los resultados de las elecciones más importantes de los últimos 40 años de Brasil.

 

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