01|1|2022

El poder real y la etiqueta estanciera de la Sociedad Residual Argentina

29 de mayo de 2021

29 de mayo de 2021

Va a las urnas en un momento de influencia reducida, pero de lobby a mano del establishment. Celos con el Consejo Agroindustrial y los popes del agro.   

La revolución del campo de comienzos de la década del 2000 rompió los moldes no sólo del rendimiento agrícola, sino, también, del sujeto rural y su organización. Hubo un quiebre en el poder real que se trasladó a los grandes pools de siembra, fondos de inversión, proveedores de insumos, agroexportadores y dueños de eventos biotecnológicos. En ese sentido, la Sociedad Rural Argentina (SRA), garante histórica de la simbología estanciera, mermó su centenaria influencia aunque mantiene capacidad de lobby y de representatividad del establishment por más que el bacalao se corte en otro lado. Por eso, no es menor la disputa por la conducción que se dirime este lunes entre Daniel Pelegrina, que va por la reelección, y el productor agropecuario Nicolás Pino.

 

La Sociedad Rural mantiene la carga identitaria, histórica y hasta sociocultural de un sector rural y aristocrático. La cima de ese despliegue es la Exposición Rural de Palermo, que, con las cucardas en el pecho de los toros sementales y los caballos pura sangre, sostiene la tradición agropecuaria nacional y la utiliza para enviar mensajes políticos. 

 

En ese marco, una fuente que conoce de adentro los movimientos institucionales colocó al discurso anual en Palermo como uno de los puntos al que más apuesta la dirigencia, porque “tiene una llegada mediática enorme y fija posición”. Vale recordar lo profundo que calaron los silbidos contra el entonces presidente Raúl Alfonsín en el acto de 1988, sumido en plena crisis económica y de gobierno, que bramaban más que los propios novillos de la exposición.

 

A estas etiquetas se les suma un despliegue mediático-comunicacional, con palco preferencial en la tribuna doctrinaria de La Nación, que le permite un posicionamiento en el clima político. La pregunta es hasta dónde la SRA es un canal de lobby o un protagonista del verdadero poder, ese que tiene su cualidad en la observación silenciosa y en inducir conductas de fondo. 

 

La actual dirigencia sostiene que la institución conserva toda la influencia como ninguna otra entidad, asociación o empresa ligada al campo lo puede hacer. “¿A quién sientan en la foto los presidentes para demostrar afinidad con el campo? Al presidente de la Sociedad Rural, siempre”, grafican ante Letra P. Como logro más reciente, remarcan un rol institucional en la reunión del G-20 en Buenos Aires en 2018 y hasta un supuesto peso en el acuerdo del Mercosur con la Unión Europea en 2019.

 

Así dejan entrever las relaciones estrechas con los gobiernos con los que conectan, como el de Mauricio Macri, al punto que Luis Etchevehere pasó sin escalas de presidente de la SRA a secretario de Gobierno de Agroindustria de la Nación, un rango ministerial. En cambio, mueven su aparato contra los gobiernos no liberales con los que no concuerda y a los que prefiere vincularse a partir de la polarización.

 

Etchevere, Macri y Pelegrina en la Exposición Rural de Palermo

El modelo de país ya no es el mismo de aquella primera Exposición Rural inaugurada por Julio Roca en 1886 ni vive en el cristal de la oligarquía de las primeras décadas de 1900 o en los privilegios del último cuarto de siglo. Las estructuras y los alcances del poder han cambiado con la revolución tecnológica aplicada al agro. Ya no sólo mandan los terratenientes. En una mirada panorámica, modificar genéticamente una semilla o desarrollar tecnología de precisión milimétrica para la siembra supone ser más determinante que un eventual lockout patronal. 

 

La representación

Ese cambio de paradigma productivo del campo también modificó la representatividad y dio lugar a nuevas alianzas multisectoriales, como las asociaciones de cadenas productivas. Estas nuevas figuras chocan con la esencia de las tradicionales entidades rurales que históricamente sectorizaron los intereses del campo entre pequeños y grandes productores, confederaciones y cooperativismo. 

 

En ese nuevo esquema, la SRA perdió la exclusividad y el peso que tenía, más allá de que integre distintos espacios multisectoriales. A su vez, mantiene un lugar en grupos de entidades empresariales como el Foro de Convergencia Empresarial y puede conectar con los intereses de los popes del poder real, como son los miembros de la Asociación Empresaria Argentina (AEA).

 

Los nuevos ámbitos de representatividad buscan generar diálogo entre los eslabones y sortear las diferencias de intereses aunque muchas veces quedan expuestos. Un caso particular es el Consejo Agroindustrial Argentino (CAA), que reúne a 60 cámaras, bolsas, federaciones, uniones y demás asociaciones productivas, impulsado a mediados de 2020 para ser interlocutor con el Gobierno para mejorar las exportaciones.

 

A contramano del resto de la Mesa de Enlace, la SRA decidió no integrar el espacio que quiere alzarse como la voz negociadora del nuevo campo, algo que no cae bien en el honor de la centenaria institución y hace peligrar su protagonismo. El fundamento fue que ya eran parte del Grupo de los Seis (G-6), un organismo de los pesos pesado de bancos, constructoras, comercio e industria que, según esa entidad, es de mayor relevancia que el Consejo. 

 

Pero también disparan por lo bajo que el Consejo no tiene poder de fuego para torcer negociaciones con el Gobierno y que direcciona intereses de las aceiteras y algunos agroexportadores, como ocurrió -argumentan- con el diferencial de retenciones. "¿Qué lograron además del diferencial de retenciones? No pudieron parar el cierre de exportaciones de carne", lanzó con picante una fuente de la SRA en medio de la vorágine por las elecciones. En tanto, el candidato de la oposición, Pino, dijo a este medio que, en el caso de que sea elegido presidente, buscará ingresar al Consejo para mantener la organicidad de la Mesa de Enlace.

 

El próximo 10 de julio, la Rural cumplirá 155 años de vida: de aquel nacimiento bajo el calor del mitrismo y un país que empezaba a organizarse, pasando por la manteca al techo terrateniente y el privilegio de ser una pieza central de la política, a mantener un poder que quedó residual al lado del que supo tener.