24|9|2022

10 de marzo de 2021

10 de marzo de 2021

El exgobernador de Entre Ríos representa al país en Israel y enfrenta una dura saga judicial en su pago. Un kirchnerista sin tropa y herbívoro con la Justicia.

Después de un tiempo adverso, Sergio Urribarri encontró un primer respiro con el triunfo en 2019 de Alberto Fernández y Cristina Kirchner. Debe haber tomado aire cuando aquel 11 de agosto el monitor dio los primeros resultados de las PASO, que posicionaron a la fórmula del Frente de Todos para llegar a la Casa Rosada. Hasta ese momento, el exgobernador de Entre Ríos había tratado de anotarse como candidato a senador nacional, un lugar donde suelen recalar los dirigentes que tuvieron el timón en sus provincias. La banca conlleva una cobertura implícita: los fueros. El Senado, por tradición, no se los ha negado a nadie. 

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Tal vez este recuerdo haya pasado por la cabeza del hoy embajador argentino en Israel el viernes último, cuando la Justicia le puso fecha al juicio oral que se iniciará en su contra por sobreprecios y negociaciones incompatibles durante su paso como funcionario. Las audiencias públicas serán durante septiembre y octubre próximos, en pleno proceso electoral.

 

Pese a los malos tragos que ha pasado por su cuestión procesal y que lo tuvieron los años recientes en las noticias ligadas a los tribunales, no se le ha escuchado una sola crítica al Poder Judicial. En este punto, quizás el único, se diferencia de la narrativa kirchnerista, a la que se subió la semana pasada el Presidente, que acusa a la Justicia de operar políticamente en sintonía con medios de comunicación y servicios de inteligencia. 

 

Distinto

Urribarri tiene una causa por negociaciones incompatibles con la función pública en un contrato de software y otra en la que se acumularon tres legajos con imputaciones que incluyen sobreprecios en obra pública y peculado. Se lo acusa de haber utilizado fondos estatales para posicionar en 2014 su precandidatura presidencial, finalmente fallida a instancias del "baño de humildad" impuesto por la entonces presidenta Cristina Kirchner. La justicia observó el delito de usufructuar dinero público para un interés personal en la instalación de un parador en una playa de Mar del Plata y la publicación de solicitadas contra los fondos buitre en diarios nacionales. 

 

La relación de Urribarri con el Poder Judicial siempre fue buena. Una de las razones es haber concedido lo más preciado para cualquier integrante de la comunidad tribunalicia: la Ley de Enganche, que ata las paritarias judiciales a los incrementos que dictamina la Corte Suprema de Justicia de la Nación a sola firma. En todos esos años, el porcentaje otorgado a los funcionarios y empleados de ese poder fue superior al de los docentes y estatales en Entre Ríos. El año pasado, con la ley de emergencia provincial, quedó en suspenso.

 

Hace una semana, el dirigente oriundo de Arroyo Barú protagonizó un hecho inusual. Desde su despacho en la embajada decidió dar los argumentos para solicitar el sobreseimiento en la causa en la que está imputado por la contratación del software al empresario paraguayo Diego Cardona Herreros, que trabaja para varias provincias. Le rechazaron la petición, que suelen hacer los abogados defensores. Cuando se conoció el cronograma de audiencias para el juicio en el que acumula las otras tres causas, Urribarri apenas emitió un comunicado, en el que dijo que las audiencias en el juzgado serán “el momento para demostrar su inocencia”. Nada de embestidas y petardismo. Un kirchnerista herbívoro.

 

Distancias

En la actualidad, Urribarri se encuentra abocado exclusivamente a su tarea diplomática. De hecho, su designación fue fruto de la unidad del peronismo en 2019 pese a que el exmandatario, que venía de presidir la Cámara de Diputados provincial, tuvo encontronazos con su sucesor, Gustavo Bordetdesde 2015 y a lo largo de los cuatro años del primer mandato del concordiense.

 

Sin que la sangre llegue al río, supieron guerrear por debajo de la superficie. No obstante, convivieron. En la Legislatura se votó todo lo que requirió la gestión, hasta que hubo que avanzar con una reforma política que impulsaba el remplazo de la boleta sábana por la Boleta Única de Papel (BUP). La traba llegó por el lado del puñado de oficialistas que todavía respondían al exgobernador y la iniciativa se truncó. 

 

Su relación con Bordet mejoró a partir de la unidad peronista. Incluso, la convergencia justicialista lo acercó a su mentor, el también exgobernador Jorge Busti, con quien se distanció al calor del conflicto del gobierno de CFK con las entidades del campo en 2008, al punto que estuvieron una década sin hablarse. Dicen que la distancia es el olvido. 

 

Instalado en la tierra prometida solo con la compañía de su esposa Ana Lía visita el país y Entre Ríos con asiduidad. Tiene en su diario laboral una serie de encuentros con funcionarios nacionales y con el gobernador. Incluso tienen agendada una misión comercial para julio próximo. A principios de año envió desde Medio Oriente una encomienda con ejemplares del libro “Néstor, el hombre que cambió todo”, una recopilación de Jorge “Topo” Devoto, que reunió relatos de Fernández, Agustín Rossi, Estela de Carlotto, Hugo Moyano y hasta el papa Francisco. Urribarri dejó su anécdota estampada en el libro, que distribuyó a funcionarios, legisladores e intendentes de la provincia, con una dedicatoria personalizada. Muchos acudieron a las redes sociales para agradecerle el gesto al embajador.

 

Tal vez esa haya sido su última intervención política en la escena local. Desde que abandonó el Poder Ejecutivo en diciembre de 2015, las causas judiciales le consumieron la agenda. Las denuncias en su contra no merecieron el apoyo de la dirigencia local que se había encuadrado bajo su conducción ocho años antes, cuando asumió su primer gobierno. Con ese escenario y con el peronismo sin jefe a nivel nacional luego de la victoria de Cambiemos, en aquel momento decidió conservar la línea del kirchnerismo duro.

 

En 2017, con CFK en la boleta de Unidad Ciudadana por una senaduría en la provincia de Buenos Aires, el entonces presidente de la Cámara baja se enroló en el “vamos a volver” y comenzó a tejer una línea interna kirchnerista en el peronismo entrerriano. Entusiasmó a Julio Solanas para enfrentar a Bordet, quien entonces buscaba la reelección. Antes, no pudo convencer al entonces vicegobernador Adán Bahl, de relación distante con el mandatario. Hasta último momento dejó entrever que podía llegar a pelear por la Gobernación.

 

Cuando Fernández aún era un lobista de la expresidenta, cerró un acto en Villaguay con todo el kirchnerismo silvestre que se movilizó durante el gobierno macrista y que, de alguna manera, siempre agitó Urribarri. Fue el 15 de diciembre de 2018, un día después de que le asestaran el golpe más duro en los tribunales: detuvieron a su cuñado, Juan Pablo Aguilera, en una causa en la que se investiga un desfalco en el seno de la Legislatura. Como hasta hoy, los tribunales le volvían a marcar la agenda.