15|11|2021

La Construcción, del ostracismo a las dudas por un rebote de patas cortas

05 de octubre de 2021

05 de octubre de 2021

La Cámara volvió a la rosca presencial después de cuatro años. No compra planes de largo plazo, teme por la obra pública y advierte que la privada no despega.

La Convención Anual de la Cámara Argentina de la Construcción (Camarco) volvió a la presencialidad. El aislamiento preventivo del sector constructor fue más largo que el del resto de la población del país: duró cuatro años. El último evento de los barones (y las pocas baronesas) de la obra pública y privada había sido a fines de 2017, justo antes del estallido de la causa Cuadernos que hizo desfilar por prisiones y tribunales a buena parte de la plana directiva de la entidad. A la espera del presidente Alberto Fernández, los constructores celebraban la reactivación de la actividad, pero le comenzaron a poner fecha de vencimiento, preocupados por una obra pública que puede cortarse en el corto plazo y una privada que no se despierta ni con una inyección de blanqueo.

 

"Luego de cuatro años sin encontrarnos en una Convención anual, hoy estamos aquí presentes con una gran expectativa por lo que vendrá, pero también con la fortaleza de haber superado momentos muy difíciles”, celebró el presidente de Camarco, Iván Szczech, al inaugurar el evento. El anfitrión encabezaba una larga mesa que integraban el siempre dispuesto Gerardo Martínez (Uocra) y el jefe de Gabinete, Juan Manzur. El jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, decidió bajarse y envió en su representación al ministro de Desarrollo Económico, José Luis Giusti. Sin precisiones, Manzur buscó envalentonar al sector con una consigna del manual peronista: “Quizás sea el momento de reeditar aquello de los planes quinquenales”, propuso.

 

Debajo del estrado, la expectativa era más moderada, a pesar del crecimiento de la actividad del 19,8% acumulado entre enero y julio que relevó el Indec y de la recuperación de los últimos dos meses, después de cuatro meses de caídas mensuales desestacionalizadas. “La obra pública va bien y nos pagan a tiempo, pero hay dudas”, dijo un referente de la cámara a Letra P. “Preocupa la emisión monetaria, porque cuando venga el ajuste, lo primero que se recorta es la obra pública”, añadió.

 

“La obra privada viene muy tranquila, depende de las expectativas y el blanqueo en ese sentido no funcionó, porque nadie va a exteriorizar en este escenario de incertidumbre”, agregó el ejecutivo. La extensión del blanqueo de pesos para destinar a obras privadas duerme en el Congreso, luego de una primera etapa en la que apenas ingresaron U$S200 millones, menos de la décima parte de lo que se transaccionó con los Cedines de Guillermo Moreno. "Fueron U$S200 millones en cinco días. porque de sesenta días que había, hubo 55 sin reglamentación", matizó Szczech ante la consulta de Letra P. El constructor espera que el Congreso valide la segunda vuelta de la exteriorización.

 

Szczech buscaba transmitir expectativas positivas que, en su opinión, pueden ampliarse si el Congreso vota la ley para ampliar el crédito hipotecario que duerme en el palacio legislativo hace un año. "Si nos quedamos a esperar que la macroeconomía se arregle, no vamos a hacer nada. Necesitamos tomar decisiones", arengó. Celebró el convenio con la Uocra para capacitar personas que cobran Potenciar Trabajo y que se integren a la construcción formal, que apenas agrupa al 25% de los trabajadores que dicen vivir de la actividad. Los últimos registros dan cuenta de 365.000 empleos registrados, sobre un universo de 1,5 millón de trabajadores. "Hoy estamos en los niveles de empleo de inicios de 2019; tenemos que recuperar 60.000 puestos de trabajo", le dijo Martínez a Letra P. "Se quedó corto, son 90.000", sostuvo el presidente de Camarco. La obra pública duplicó su tamaño sobre el PBI en un año, pero todavía está lejos de los picos de 2015 y 2017.

 

La Cámara armó un evento para que los ministros vengan a mostrar proyectos y recibir tarjetas de presentación. No todos lo aprovecharon. Una mesa para pensar políticas de infraestructura con los ministros de Obras Públicas, Gabriel Katopodis; Transporte, Alexis Guerrera; y Desarrollo Urbano y Hábitat, Jorge Ferraresi; se convirtió en discursos y proyección de láminas de los secretarios de Obras Públicas, Martín Gill; y de Transporte, Diego Giuliano. El ministro Ferraresi sí participó y, al término de su exposición, fue de las figuras más buscadas por empresarios como Eduardo Elsztain, el mandamás de IRSA que se paseaba por los pasillos sin declarar ante la prensa pero a la búsqueda de consensos (también esperaba con paciencia su turno para hablar con el muy solicitado Gerardo Martínez). Katopodis tenía prevista una exposición por la tarde, antes del cierre del Presidente. El ministro de Economía, Martín Guzmán, llegó al mediodía para garantizar que la inversión pública continuará y acelerará el ritmo de ejecución. Pero dejó definiciones menos contundentes sobre la inflación: "Esperamos que siga la baja inercial de la tasa de inflación, a la velocidad que se puede en función de que se vayan reduciendo los otros desequilibrios, incluyendo la escasez de divisas", sostuvo.

 

Pocas mujeres escucharon a los funcionarios y a los empresarios. La directora de Economía, Igualdad y Género del Ministerio de Economía, Mercedes D'Alessandro, fue una de las que enfatizó la prácticamente nula participación de las mujeres en el sector. 

 

También se paseaban por el predio de La Rural dos expresidentes de Camarco que tuvieron sus dolores de cabeza con los Cuadernos. Uno de ellos, Juan Chediack, fue uno de los primeros arrepentidos o imputados colaboradores y el lunes, en la causa de Vialidad, se desligó de responsabilidades. “Nuestra empresa no participó de ninguna licitación en Santa Cruz, por lo que carecemos de información cierta, confiable y fidedigna de los hechos que pudieran haber pasado”, sostuvo ante la Justicia. El otro, Gustavo Weiss, hablaba con todos y todas y no descartaba suceder a Szczech el próximo 30 de noviembre, cuando se renueven las autoridades de la Cámara. Un grupo importante de socios lo impulsan, en un sistema de voto calificado en el que el peso de las grandes compañías es determinante.