04|7|2022

28 de octubre de 2021

28 de octubre de 2021

El expresidente Macri volvió este miércoles a declararse un "perseguido político". En esta nota del 28 de octubre, los lazos que lo unen a CFK.  

En la relación simbiótica que sostienen Mauricio Macri y Cristina Fernández, el principal combustible, se sabe, es el contraste -el primero se inventó a sí mismo en tensión con la segunda-, pero algunas veces -no pocas- los opuestos terminan pareciéndose. Tanto, que, como algunas veces -no pocas-, las comparaciones terminan siendo odiosas. Sucede ahora, con el culebrón que viene protagonizando el expresidente desde que fue citado a declaración indagatoria acusado de haber hecho, durante su presidencia, espionaje ilegal sobre familiares de la tripulación del submarino ARA San Juan.

 

Este portal usó el título que ahora recicla para este artículo el 15 de julio de 2020. Presentó con ese encabezado una nota que revelaba los pensamientos de Macri en el año de su debut en el llano -aunque su llano nunca sea llano- después de 12 años en el poder, ocho en la gobernación porteña y cuatro en la Casa Rosada. "Mauricio Macri está instalado en la casa que alquiló junto a su esposa y exprimera dama, Juliana Awada, en el barrio sanisidrense de Acassuso. Tiene tiempo para pensar y reflexionar", arrancaba y más adelante contaba qué había por aquel entonces en la cabeza del ingeniero: lo tentaba tomar el modelo de la CFK 2017, radicalizarse acompañado por su núcleo más ferviente de respaldos y medirse en las elecciones de medio término 2021 para saber si tenía 2023. Después pasaron cosas: Horacio Rodríguez Larreta tomó el control de la campaña y ni siquiera Patricia Bullrich tuvo lugar en el menú electoral opositor.

 

Justamente Bullrich gritó este jueves, bajo el sol impiadoso de un día muy peronista del octubre peronista, sobre un escenario precario montado en la plaza de Dolores, donde el macrismo nostálgico tendió la mesa del clamor por Macri 2023: "¡No somos iguales! ¡No somos iguales! ¡No somos iguales!"

 

Sin embargo, otras vez las malditas comparaciones odiosas: el imitador atacó de nuevo, acaso cebado por el refrán ese que dice que no hay mal que por bien no venga.

 

-Macri se presentó a declarar aupado por una movilización de respaldo que, aunque sin punto de comparación en términos de envergadura, recordó la manifestación que acompañó a CFK en abril de 2016, en su primera aparición pública después de dejar el poder, en diciembre del año anterior, para declarar ante el juez Claudio Bonadio en la causa dólar futuro.

 

-Lo hizo después de recusar (sin éxito) y atacar al juez de la causa, Martín Bava, por supuesta parcialidad y por, según un criterio que rechazó la Cámara Federal de Mar del Plata, no tener jurisdicción para actuar en la causa. La coalición que pretende seguir liderando desde una posición de muy relativa trascendencia, que lo respalda con cierto pudor, acusó al magistrado de "abuso de poder en plena campaña electoral"

 

-Lo hizo en calidad de perseguido político, como dijo autopercibirse: una víctima de la Santa Justicia que el kirchnerismo, según reza la muletilla de la derecha republicanista, se encargó de atacar/embestir/presionar/avasallar.

 

-Lo hizo con un escrito y con el plan de no aceptar preguntas del juez, como hizo Cristina en aquella mañana lluviosa de 2016.

 

Lo dijo al término de la cita con el juez el abogado de Macri, Pablo Lanusse, enojadísimo porque, aseguró, la citación fue "un show" armado arteramente para perjudicar al expresidente a sabiendas de que el ingeniero no iba a poder cumplir con la requisitoria judicial por no haber sido relevado de la prohibición de violar secretos de inteligencia: "Cuando decimos que esto es una persecusión política, no somos iguales al kirchnerismo". ¿Por qué, doctor? "Porque nosotros lo decimos objetivamente". OK.