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Garro, Macri, Grindetti y Valenzuela sumaron a De la Torre. Quieren un armado con sello bonaerense para disputar las listas en 2021 y la sucesión de Kicillof.

Por 21/09/2020 19:21

Los cuatro barones del PRO, Jorge Macri (Vicente López), Néstor Grindetti (Lanús), Julio Garro (La Plata) y Diego Valenzuela (Tres de Febrero), están decididos a construir un armado electoral que los tenga como protagonistas. Quieren fortalecer Juntos por el Cambio desde la territorialidad y consolidar una propuesta política opositora con sello bonaerense. Para eso, sumaron, en una nueva cumbre en épocas de pandemia, al intendente Jaime Méndez (San Miguel) y a su jefe político, el exministro de gobierno bonaerense Joaquín de la Torre. Admiten que María Eugenia Vidal es la que mejor mide en la encuestas, pero en la provincia quieren mandar ellos. 

 

 

Los jefes territoriales pretenden influir en los comicios de 2021 y estar en el centro de la pelea mayor en 2023. Si bien aseguran que están trabajando para ser una alternativa política al kirchnerismo, no se les escapa que primero deberán dar batalla en el plano interno, en el que vidalistas y dirigentes sin responsabilidad de gestión también quieren encabezar el espacio. "Hace algunas semanas comenzamos a tener una mirada de conjunto pensando en las próximas elecciones", remarcan en la mesa de los jefes comunales del partido amarillo. Para eso, aseguran, tienen con qué competir. Controlan los distritos más representativos y con mayor peso territorial de toda la oposición en la provincia de Buenos Aires y ahora suman otra ciudad de la Primera sección, pero también saben que pondrán mucho en riesgo el año que viene: diez legisladores y legisladoras que terminarán su mandato.

"Nos unen los problemas de gestión del día a día, porque tenemos densidades poblacionales y características similares, pero también empezamos a tener una mirada de conjunto pensando en las próximas elecciones", insisten en la mesa de los barones PRO y aclaran que, si bien saben que la exmandataria es la que mejor mide y la que tiene papeles más claros para mostrar, ellos pueden aportar las tácticas en la postpandemia. 

La primera pelea dentro de Juntos por el Cambio estará relacionada con las candidaturas a diputados y diputadas, senadores y senadoras de las ocho secciones y con la dirección que tome la estrategia de campaña. Ahí creen que es importante el poder de decisión que emana desde los distritos, pero, a futuro, también anhelan que, por primera vez en la historia, un intendente llegue a la Casa de Gobierno. Esta es una postura pública conocida que, con el correr de los días, fue tomando forma y sumando adeptos dentro de la alianza. Es más, Garro lo dejó explicito en diálogo con Letra P"Para 2023, necesitamos un candidato a gobernador que haya sido intendente", dijo.  

 

 

Como dio cuenta este medio, Macri fue el primero en anotarse. De hecho, lo hizo apenas unos días después de que Vidal dejara el sillón de Dardo Rocha en La Plata. "Cada vez tengo más herramientas para ser un buen gobernador", dijo en la oportunidad. Fue luego de aquella cumbre poselectoral en la ciudad capital en la que, de manera premonitoria, los cuatro aludieron a la "horizontalidad" en la conducción de Juntos por el Cambio. 

Con la idea de este proyecto, De la Torre, que supo integrar el espacio del Frente Renovador, vuelve a sentarse en la mesa chica del poder macrista. Las armas más fuertes que muestra son el control político de San Miguel desde 2007, primero en su propio persona y luego en su sucesor, Méndez, pero también sus devaluados vínculos con el peronismo inorgánico: a fines de 2016, se incorporó formalmente al equipo de gobierno de Vidal con la promesa de construir, al amparo de la por entonces gobernadora, la pata peronista de Cambiemos. La iniciativa se vio frustrada y los pocos justicialistas que se sumaron al Plan V se fueron por el mismo camino por el que llegaron. 

La reunión, como la anterior, también sirvió para analizar la situación epidemiológica y para advertir cierto grado de preocupación por las tensiones con los gobiernos nacional y provincial, sobre todo luego de la quita de coparticipación a la Ciudad de Buenos Aires y su giro a la Provincia. Consideran que el diálogo está “resentido”, sobre todo con Kicillof.