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Por qué se van empresas del país: no soy yo, sos vos

Crisis global y local. Un país más fácil de dejar que otros. Inestabilidad, inflación, cepo y ánimo por el piso. Del reparto de culpas a los problemas de fondo.

Crisis global y local. Un país más fácil de dejar que otros. Inestabilidad, inflación, cepo y ánimo por el piso. Del reparto de culpas a los problemas de fondo.

Por 17/09/2020 13:06

La tendencia al cierre de empresas locales o a la salida, total o parcial –a veces, incluida en estrategias regionales–, de compañías extranjeras es sostenida e involucra marcas de renombre. El costo para el país en términos de destrucción de riqueza y empleo es dramático y hará más compleja la superación de la larga crisis nacional. Así, suma poco que unos y otros empotren el problema en los minúsculos intersticios de la grieta para simplemente repartir culpas y dejar en paz la conciencia propia. El estancamiento cristinista de la economía, serrucho mediante, data del período 2011-2015 y la recesión macrista, salvo por el interregno de 2017, abarca el lapso 2016-2019. La pandemia convirtió esa caída en derrumbe este año –¿será 12%–, pero el gobierno de Alberto Fernández espera un rebote del 5,5% en 2021. Si hay posibilidades de recuperación, ¿por qué entonces se acentúa la tendencia?

 

Evolución del PBI. Fuente: Banco Mundial.

 

Los anuncios son impactantes e incluyen desde la cadena local de restaurantes Pippo hasta el cierre de locales de las chilenas Falabella y Sodimac, por nombrar los casos más recientes. Sin pretender la presentación de un listado completo, hay que mencionar también casos como el de la estadounidense VF Corporation, que dejó de producir en el país los jeans Wrangler y Lee; el de aerolíneas como Norwegian y Latam, que abandonaron el mercado de cabotaje, mientras que Qatar Airways y Air New Zeland cesaron sus operaciones internacionales en el marco de la pandemia; la salida de las divisiones de fabricación de pintura para autos de Basf –alemana– y de Axalta y PPG –estadounidenses–; la venta de sus instalaciones del laboratorio francés Pierre Fabre; el cierre de parte de sus operaciones de la autopartista francesa Saint-Gobain Sekurit y la intención de buscar socio o comprador de la cadena de supermercados Walmart.

Para sacar el tema de la grieta, hay que recordar que la tendencia no empezó este año. Ya en campaña, Fernández denunciaba que con Mauricio Macri cerraban 43 empresas por día, aunque ese dato, en realidad, correspondía al de las firmas que dejaban de tributar a la AFIP, algo concomitante pero no necesariamente idéntico, en lo inmediato, a bajar las persianas.

 

 

Según un informe publicado en julio por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), “si se compara la cantidad de empresas con aportes de trabajadores/as (es decir, con personal en relación de dependencia registrado), entre principios de diciembre de 2015 y finales de noviembre de 2019, se reduce la cantidad de empleadores en 24.505 casos, lo que implica una fuerte destrucción del aparato productivo durante la gestión de Cambiemos”.

 

 

Así, solo en 2019 se recuerda el cierre de instalaciones o el achicamiento de compañías emblemáticas como la cadena de electrodomésticos Musimundo, la cementera Loma Negra y la aceitera COFCO (ex-Nidera), entre varias más. La crisis de la cerealera Vicentin le estalló en las manos a Fernández, pero se había fraguado en el año final de su antecesor.

 

 

Hoy, la pandemia mete la cola. Si de multinacionales extranjeras se trata, la recesión global muchas veces impone la necesidad de achicar y cerrar operaciones en diversos países. Por diversas razones, cuando se presenta la ponderación de dónde salir primero, la Argentina del achique permanente se ubica al tope del ranking maldito.

Ricardo Delgado, director de la consultora Analytica, le dijo a Letra P que “todos los sectores sufren el impacto de la crisis, pero tienen perspectivas diferentes. Algunas particularidades de la economía argentina, como su volatilidad y el cambio violento de reglas de juego en un contexto global más complejo, la hacen más fácil de abandonar”.

El especialista en comercio e inversión internacional Marcelo Elizondo, en tanto, también en diálogo con este medio, señaló que “no es fácil dimensionar el impacto de las salidas de empresas, porque no todas son iguales: algunas cierran todo o una parte, otras venden…”.

Según él, “lo que hay que recordar es la debilidad de la inversión extranjera en la Argentina, con un stock de 67.000 millones de dólares que es bajísimo, el mismo que había hace 20 años. Entonces, lo poco que se vaya siempre es importante en relación con el conjunto porque parte de una base baja”. 

Elizondo, director de la consultora Desarrollo de Negocios Internacionales (DNI), reveló que “hay empresas que están evaluando seguir o no, aunque no hayan tomado ya una decisión y no quieran hacerlo público por una cuestión de reputación. Eso podría hacer que alguna busque vender a algún inversor local o que se retiren discretamente, dejando alguna oficina con la marca de modo que el público ni se entere”.

“Empresarios con los que hablo me transmiten pesimismo y la sensación de que la Argentina se encamina a más problemas”, dijo Marcelo Elizondo.

La tendencia, señaló, incluye a pequeñas y medianas empresas que hacen consultas para instalarse en Uruguay, algo que va más allá de la intención de pagar menos impuestos. La carga tributaria para quienes están en el radar de la AFIP, que nunca termina de alcanzar al 35% de economía en negro, también es parte importante de muchas quejas.

Según el hombre de DNI, las causas son de dos tipos: objetivas y subjetivas.

“Las objetivas pasan por el hecho de que la Argentina es un país complicado para las empresas extranjeras: no corrige la inflación y prolonga el desdoblamiento cambiario. Esto último hace que una inversión que una compañía desee realizar deba pasar por el tipo de cambio oficial, lo mismo que las exportaciones. Además, cualquier importación que quiera efectuar se encuentra con restricciones”, dijo Elizondo. 

 

Si se observa el listado de las empresas que cierran o dejan la Argentina, hay un sesgo claro: prima lo vinculado a un consumo que viene en baja desde hace años.

 

“Entre las causas subjetivas, se percibe un desgaste, un cansancio. Empresarios con los que hablo me transmiten pesimismo y la sensación de que la Argentina se encamina a más problemas, lo que hace que algunas compañías prefieran esperar afuera. Si esa percepción es justificada o no, es otra cuestión, pero existe la sensación de que una mejoría va a tardar algunos años y de que la situación probablemente empeore antes de hacerlo”, agregó.

Si se observa el listado de las empresas que cierran o dejan la Argentina, hay un sesgo claro: prima lo vinculado a un consumo que viene en baja desde hace años y que amenaza con estar iluminado por lamparitas LED por un buen tiempo, algo que, en el caso de las firmas extranjeras, se agrava por una pérdida de valor del peso que se desató a mediados de 2018 y no cede.

El análisis sesgado no va a sacar a la Argentina del pozo. No está mal señalar responsabilidades, pero la solución pasa por atender, de una vez, los problemas de fondo.

“No soy yo, sos vos”, parecieran decir muchos argentinos y extranjeros que alguna vez tomaron la decisión de invertir imaginando un futuro que jamás llegó.