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El gobernador peronista y el intendente progresista estrechan el vínculo. Condonación de deuda y apoyo legislativo. Una sociedad transitoria en pandemia.

Por 10/08/2020 17:20

“En la calle codo a codo somos mucho más que dos”. La frase utilizada por el uruguayo Mario Benedetti en el poema “Te quiero” se ajusta a la relación que entablaron el gobernador de Santa Fe, Omar Perotti, y el intendente de Rosario, Pablo Javkin. Apremiados por la pandemia, el peronista y el progresista cultivaron un dúo a prueba de balas internas que a cada cual le sirve para librar su propia batalla interna: el jefe de la Casa Gris acota el crecimiento del PJ rosarino y golpea al jefe de la oposición y el titular del Palacio de los Leones juega con el celo de su socio socialista y presidente de Diputados, Miguel Lifschitz.

 

 

Cuando uno era gobernador y la otra intendena, Lifschitz y Mónica Fein sellaron una refinanciación de deuda correspondiente a adelantos de coparticipación. La mochila le cayó a Javkin, que tuvo que viajar a Santa Fe para pedirle a Perotti una revisión en los plazos de pago. Lo consiguió la semana pasada y el gobierno provincial aprovechó para comunicarlo con la foto que ilustra esta nota. Sonrientes detrás del barbijo, acodados y biromes sobre el escritorio.

Rosario, la ciudad más grande de la provincia, fue decisiva en el triunfo de Perotti sobre el candidato del Frente Progresista Antonio Bonfatti. Sacó siete puntos de ventaja que fueron clave para celebrar. Ahora, para el rafaelino con dificultades históricas para penetrar en ese electorado no hay margen para ensayo de dudoso resultado. Perotti primero cerró filas con Javkin, le aseguró los fondos que necesita para su municipio virtualmente quebrado y recibió, en contrapartida, un apoyo infranqueable a sus demandas urgentes. Por caso, Javkin fue el principal demandante de la aprobación de la Ley de Necesidad Pública a los diputados propios del Frente Progresista.

 

 

“Lo único que le importa a Pablo es que no se incendie Rosario”, graficó a Letra P un funcionario de la mesa chica javkinista. Tensar con Perotti implicaría una restricción en el envío de partidas. Javkin no puede darse ese lujo, mucho menos en tiempos de vacas flacas.

Por otro lado, un vínculo aceitado le sirve para mensajear hacia adentro del progresismo, especialmente al socialismo de Lifschitz. Javkin pelea el liderazgo del Frente Progresista. Entiende que es momento para que la coalición opositora sea conducida por los intendentes, no por los diputados, no por el socialismo; en definitiva, por él.

 

 

Atiborrado por la gestión, el intendente habla por sus encuentros, por su presencia en las mesas de rosca. Como la celebrada semana atrás en la que compartió espacio con los radicales impulsores del frente de frentes, el armado que contendría a la UCR, al PS y al PRO, esquema que por el momento pone en un brete interno al socialismo.

Perotti también hace la suya. Cerrar filas con Javkin restringe las chances de crecimiento del PJ rosarino, que perdió por apenas 1,5 puntos el año pasado. No parece preocuparle eso en la actualidad. El rafaelino se abocará a la gestión, porque es lo que le interesó toda su carrera. La política se le delegará el año próximo a su mano derecha Roberto Mirabella, su candidato a renovar la senaduría. Al mismo tiempo, todo lo que sirva para esmerilar la figura de Lifschitz, como la refinanciación de deuda, le es bienvenido.