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Los motivos que llevaron al socialista a romper el silencio. Pandemia y aprobación de ley clave para Perotti. Vuelta a los primeros planos y primeros trazos del escenario electoral 2021.

Por 04/04/2020 15:40

Unos 120 días le duró el silenzio stampa al exgobernador de Santa Fe Miguel Lifschitz. Durante cuatro meses se mantuvo inactivo en la escena pública y eligió no responder los dardos que le propinaron el actual mandatario, Omar Perotti, y el peronismo. Pero el lunes, en el amanecer de la semana, recuperó centralidad, sorprendió a sus pares al bajar de la silla de presidente de la Cámara de Diputados y sentarse junto a sus pares progresistas para romper el silencio.

Solo algunos de sus colaboradores más cercanos conocían su movida. Sus socios radicales se sorprendieron en plena sesión y la oposición de Diputados quedó descolocada. Lifschitz abandonó la mudez para reflexionar sobre las consecuencias de la pandemia en Santa Fe, pero, sobre todo, para argumentar porqué permitió que una “mala ley” como la de Necesidad Pública, bandera de largada de Perotti, tuviera finalmente luz verde.  

 

 

Lifschitz insiste en que la norma que le permite al gobernador endeudarse en 54 mil millones de pesos es lesiva para la provincia y comprometerá a las dos gestiones futuras. Aun así, cree fervientemente que Perotti no tiene ahora “excusas” para gobernar y llevar adelante su plan. Se quedó esperando un llamado de la Casa Gris en agradecimiento.

Sabe también que, hacia dentro de las filas del Frente Progresista, no tenía mucho hilo para cortar. La presión de los intendente progresistas, sobre todo la del rosarino Pablo Javkin, se hizo sentir con vehemencia y agresividad.

 

 

El socialista rescata que, pese a los intereses peronistas de operar una ruptura, el Frente se mantuvo sólido en este proceso, que la sangre no llegó al río y la coalición sufrió una tormenta, pero está de pie. Con matices y disidencias, pero de pie.

Tras la sanción de la ley, Lifschitz habló con el intendente de Santa Fe, Emilio Jatón, a quien lo une una relación estrecha y de diálogo fluido. No tiene el mismo trato con Javkin, pero dice respetarle su lugar y, sobre todo, sus aspiraciones de alcanzar un liderazgo propio, al que considera legítimo.  “A veces se excede, pero es comprensible”, les marca a sus discípulos socialistas. A Javkin se lo observa en detalle, pero se lo deja correr, esa es la bajada.

 

 

Mira con preocupación la respuesta de Perotti ante la pandemia. El socialista cree que hay “falta de gestión”, según reveló a Letra P uno de sus laderos, y entiende que el peronismo santafesino “va atrás” de las respuestas que da el gobierno liderado por el presidente Alberto Fernández. “Miguel cree que hacen falta otras medidas, anticiparse al pico de la pandemia, ve que no hay un liderazgo claro, varios ministros que aparecen y desaparecen, pero ninguno centralizando el manejo de la crisis. No hay trabajo con las autoridades locales, lo cual es un problema serio y grave. Perotti está muy atrás en economía, solo adhiriendo a medidas del Gobierno. La provincia no largó una batería de medidas, disminución de tarifas, exenciones, financiamientos a tasas bajas, auxilio a PYMES, nada”, advierten desde su mesa chica.

Y, si bien la pandemia y la grieta local se comen la agenda, Lifschitz tiene en su cabeza el formato tentativo del escenario electoral 2021. Para el exgobernador no habrá mayores cambios en ese plano; solo queda dilucidar si el PJ se mantendrá unido o sufrirá una fuga. Estima que el Frente Progresista, pese a intenciones de dividirlo, sostendrá su composición actual y entiende que Juntos por el Cambio es la fuerza más comprometida y no podrá acompañar el sistema de tercios que reina en Santa Fe.

 

 

En ese sentido, el socialista no piensa manejar la ambulancia para levantar los heridos del PRO, pero observará al costado del camino cómo el radicalismo consolida un escenario de fortaleza y unidad que traería aparejada la vuelta de ucerreístas que jugaron fuerte dentro del macrismo, como José Corral, Julián Galdeano y Mario Barletta. Los espera con los brazos abiertos, pero dejará que el tiempo acomode las cosas.

Ahora que volvió a una parte del centro, Lifschitz tiene decidido que no volverá a recluirse. Mantendrá un perfil de mediano a alto, concederá entrevistas políticas y se calzará el traje de líder opositor para seguir de cerca los pasos del gobernador Perotti.