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Del supermercado nunca inaugurado por Mauricio al granero de Alberto

Aumentar las ventas externas es la obsesión oficial. Macro sana y detección de oportunidades. El rol de Cancillería. La eterna apuesta al campo.

Por 22/07/2020 14:22

De la mano de los diseños para la economía posterior a la pandemia, un objetivo aparece cada vez más en el discurso oficial: exportar. Sin eso no existe horizonte de crecimiento posible, especialmente para un país que va a necesitar dólares tanto para acumular recursos con los que hacer frente a futuros pagos de deuda como para realizar importaciones imprescindibles para el consumo y el funcionamiento de la industria. Entonces, ¿en qué sectores se puede confiar para exportar más en lo inmediato? Como es habitual, en el complejo agrícola, según surge de un informe de la Cancillería que detecta 242 oportunidades de negocios inmediatas en 62 mercados.

En su discurso del martes por videoconferencia ante el Consejo de las Américas, el presidente Alberto Fernández dijo que “la Argentina tiene un problema de deuda; lo que tenemos que hacer en desendeudarnos. Para poder desendeudarnos y poder pagar, lo que tenemos que hacer es acumular reservas. Y para acumular reservas lo que tenemos que hacer es exportar porque no hay otra forma de que ingresen dólares”.


 

 

Retomó así lo dicho por el ministro de Economía, Martín Guzmán, la semana pasada en una reunión virtual con un grupo de empresarios, cuando señaló que “la reactivación del mercado interno y el fomento de las exportaciones deben ir de la mano (…) En 2021 habrá capacidad instalada ociosa alta y la reactivación del mercado interno va a ser fundamental para la recuperación económica. Va a ser el motor central, pero al mismo tiempo necesitamos generar condiciones para que crezcan las exportaciones y así asegurar la estabilidad de la balanza de pagos”.

 

 

Un cierre satisfactorio de la negociación de la deuda con los acreedores externos, la que se encuentra en instancias decisivas, es una condición necesaria para lo que viene, sobre todo en función de avanzar hacia una macroeconomía más robusta y equilibrada. Esto, junto a un tipo de cambio competitivo, es la base de cualquier necesario aumento de las exportaciones, una promesa repetida, no solo por el gobierno actual sino, al menos, también por el anterior de Mauricio Macri, quien había prometido convertir a la Argentina en el “supermercado del mundo”.

La pandemia ha afectado especialmente el comercio internacional de manufacturas, lo que se suma a los propios males argentinos. Por esa razón, no sorprende que la agrodependencia sea este año la mayor en 34 años. El vaso medio lleno indica que la Argentina tendrá en lo sucesivo algún palenque en el cual rascarse; el medio vacío señala que el siempre postergado objetivo de incrementar las ventas externas de origen industrial deberá esperar todavía más.

De acuerdo con el trabajo del Ministerio de Relaciones Exteriores, denominado Mercados agroalimentarios. Relevamiento de oportunidades, fueron examinados en total 93 mercados. “De ellos, en esta primera etapa la Cancillería marcó como prioritarios 62 mercados en 10 regiones. A su vez para cada mercado destacado en esta primera etapa se anexó una priorización de hasta 5 productos que tienen potencial exportable”, dijo.

 

 

“Queremos ir por mucho más”, dijo el ministro Felipe Solá, quien puso como ejemplo el desarrollo reciente del petróleo y el gas no convencionales de Vaca Muerta. “Si el criterio con que se encaró Vaca Muerta fue que hagamos todo lo necesario para que se dé, ¿por qué no tener ese mismo criterio hacia el aumento de exportación de productos agroindustriales?”, preguntó.

El informe, que se acercó a 64 cámaras empresariales de todo el país y detectó 242 oportunidades de negocios concretas –“con nombres de empresas importadoras y contactos puntuales”, según supo Letra P–, explica que “la mayoría de las oportunidades a explorar corresponden a cereales y oleaginosas, aceites vegetales (soja, girasol, oliva), carnes (bovina, aviar, porcina), frutas frescas, frutos secos, productos de la pesca, lácteos (leche, leche en polvo, quesos), harinas, vinos, yerba mate, golosinas y preparaciones alimenticias”.

Más allá de la repetida agenda de las retenciones y algún tropiezo como el de la fallida expropiación de Vicentin, eso explica la intención oficial de estrechar lazos con el sector primario.

Así, Solá, quien fue secretario de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos entre 1989 y 1991 y, por segunda vez, entre 1993 y 1998, enfatizó que hay que “salir de la cuestión de si algo tiene o no valor agregado: los productos primarios tienen enorme valor agregado, tienen genética, inteligencia, agrónomos, industria química…”.

“¿Por qué no pensar que, si hubo una Vaca Muerta, puede haber una vaca viva que exporte grano de maíz o carne porcina o aviar, solo por dar ejemplos?”. (Felipe Solá)

“El problema no es si tienen no valor agregado, si son industria o no. El problema es que son los de más bajo valor. Hay mucho valor agregado pero un valor bajo. Entonces tenemos que avanzar hacia productos de mayor valor. Con este criterio, por qué no pensar que, si hubo una Vaca Muerta, puede haber una vaca viva que exporte grano de maíz o carne porcina o aviar, solo por dar ejemplos. Hay que partir de un cambio de mentalidad para que las exportaciones argentinas de origen agroindustrial exploten”.

En esa línea, el Gobierno se declara optimista acerca de las oportunidades en materia de exportación de alimentos a la salida de la pandemia. Según le dijo una fuente oficial a Letra P, la emergencia sanitaria “afectó a determinados eslabones de las cadenas de producción de alimentos en diferentes países, algo que no ocurrió acá, donde el sector se mantuvo en funcionamiento”.

Más allá de las exportaciones tradicionales, el Palacio San Martín empezó a trabajar en la futura transferencia de know how agrícola a países de América Central y el Caribe y de África.

En ese sentido, se han identificado mercados puntuales. Uno es el de Mozambique, donde apenas está explotado el 8% de las tierras. Otro es Cuba, donde hay margen para extender la producción de caña. Funtes oficiales señalan al respecto que tecnología desarrollada en Argentina podría hacer la diferencia, aunque el desarrollo específico de los negocios dependería de que empresas nacionales apuesten y se instalen en esos mercados.

 

“Lo que preocupa hacia el futuro es que la Argentina tiene problemas de producción para abastecer la demanda mundial”. (Marcelo Elizondo)

 

La expectativa oficial es incrementar las ventas externas 20% en los próximos dos años. ¿Cuál será la base de cálculo, tras este 2020 difícil por la pandemia de covid-19?

Marcelo Elizondo, director de la consultora Desarrollo de Negocios Internacionales (DNI), le dijo a Letra P que “este año, las exportaciones van a estar más o menos 10% abajo de las del año pasado, algo muy influido por la caída de ventas a Latinoamérica, sobre todo de bienes industriales”. 

“Lo que preocupa hacia el futuro es que la Argentina tiene problemas de producción para abastecer la demanda mundial, que en el futuro cercano va a ser débil porque el mundo se va a recuperar pero de a poco”, añadió.

En el mundo pospandemia “el comercio va a sufrir influencias cruzadas, producto de una geopolítica nueva, nuevos requisitos técnicos y exigencias de normas no arancelarias, con reconfiguración en las cadenas de producción internacionales”, añadió Elizondo. Según el especialista, “en ese escenario habrá que tener mucha capacidad productiva, mientras que la Argentina tiene mucho ruido doméstico y baja inversión”.

La tarea pendiente es grande. “Para el año que viene habrá que prepararse para mejorar la inserción internacional del país. Los recursos que había hasta antes de la pandemia ya no van a alcanzar. Habrá que jugar un partido nuevo y, en ese plano, veo todavía a la Argentina con una agenda muy doméstica y de corto plazo”, cerró Elizondo.