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Las empresas resisten mejor que los trabajadores el vendaval de la recesión

Ambas variables se deterioran, pero el trabajo lo hace más pese a los límites legales para despedir y a la ayuda oficial. Mejor que la región, peor que en 2018.

Por 13/07/2020 12:22

La caída en picada de la actividad económica registrada en abril, del 26,4% contra igual mes del año pasado, y la proyectada para el año, de 13 a 15% según analistas privados, se hace sentir en dos indicadores sensibles, el cierre de empresas y la destrucción de puestos de trabajo, aunque con mayor intensidad en el segundo que en el primero.

Así se desprende de un informe elaborado por la consultora Analytica, al que tuvo acceso Letra P, según el cual la desaparición de empresas está en niveles similares a los de otras crisis recientes, mientras que el de puestos de trabajo resulta algo superior.

 

 

“El COVID-19 no generó una devaluación de shock (como en crisis anteriores) y, en consecuencia, la disminución de los salarios, medidos en dólares, no fue suficiente para frenar los despidos a pesar del tejido institucional reforzado por el accionar conjunto del Gobierno y la CGT”, explicó Analytica.

La tendencia, enfatizó, resulta una paradoja, “teniendo en cuenta la prohibición de despidos, la doble indemnización y la reducción de salarios que impuso la CGT”.

Los datos a los que alude el informe surgen de las estadísticas del Ministerio de Trabajo, según las cuales entre febrero y abril, el mes más duro de cuarentena y de caída de la actividad, se perdió un total de 274.000 puestos de trabajo registrados (2,3%). De ellos, 190.000 corresponden al sector privado asalariado (2,9%).

En tanto, “datos de AFIP, a su vez, indican que entre marzo y mayo se destruyeron 285.000 puestos de trabajo (asalariado) registrados. Los datos son preliminares y representan un subconjunto del total de asalariados (solo los que aportan a ANSES), que puede modificarse en revisiones posteriores”, indicó. 

Previos a ese tramo duro de la coyuntura económica, los números del INDEC ya habían arrojado un incremento leve del desempleo en el primer trimestre, al 10,4%. El dato no sorprende: incluso antes de la llegada del nuevo coronavirus, la contracción de la economía ya era fuerte, del 5,4% interanual en ese período.

 

 

En tanto, en lo que respecta al cierre de empresas, Analytica señaló que en abril, “según AFIP, se destruyeron 15.000, en su enorme mayoría pymes de hasta 50 empleados, representando una caída de 2,8% respecto de febrero”.

El dato sobre el cierre de empresas, sin embargo, es indirecto y podría estar algo sobrevalorado ya que involucra específicamente a compañías que dejan de tributar y no necesariamente bajan sus persianas. En realidad no existen estadísticas centralizadas al respecto y habría que recurrir a información sobre concursos y quiebras para armar el collage de la magnitud del fenómeno.

El número disponible, le explicó a Letra P el socio y director de Analytica, Ricardo Delgado, “es, en ese sentido, ‘sucio’ y alcanza solo a las (firmas) que pagan aportes a través de la ANSES. En los casos de provincias que no transfirieron sus cajas previsionales, como Córdoba, no las contempla”.

Para saber qué pasa con las empresas hay que recurrir a estimaciones sectoriales y regionales. Por caso, la Federación de Comercio e Industria de la Ciudad de Buenos Aires (FECOBA) señaló semanas atrás que alrededor del 20% de los comercios de la CABA, unos 24.000, ya dejó de funcionar de manera definitiva.

El tema es sensible: si las puentes de trabajo y producción cayeran de modo masivo, la recuperación de la economía después de la emergencia sanitaria resultaría mucho más lenta e incierta.

Más cauta, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) estimó que el 10% de las pymes industriales y comerciales del país está en peligro de cierre. En una línea similar, la Fundación Observatorio Pyme dijo que “el impacto de la pandemia se manifiesta con mayor peso en los estratos empresariales más débiles del sector urbano: 1) El riesgo de cierre de las empresas que operan en los sectores típicos de las ciudades -como el comercio- es del 10%, mientras que en el sector agropecuario/recursos naturales es de sólo 4%. 2) El riesgo de cierre es del 12% en las microempresas (menos de 10 ocupados) y de solo el 3% en las empresas medianas (entre 51 y 250 ocupados)”.

El tema es sensible: si las puentes de trabajo y producción cayeran de modo masivo, la recuperación de la economía después de la emergencia sanitaria resultaría mucho más lenta e incierta. De ahí la decisión oficial de sostener ese tejido a través de subsidios a los salarios y, además, créditos blandos y próximamente una amplia moratoria impositiva

Con respecto al daño en materia de puestos de trabajo, Analytica constató que la Argentina está sobrellevando la crisis mejor que otros países de la región, entre los que menciona a Perú y Brasil, “donde las caídas alcanzan el 25%, 5,1%, respectivamente”. Sin embargo, el comportamiento del mercado de trabajo es peor que en la crisis de 2018.

“Entre enero y marzo de 2018 se destruyeron 27.000 puestos de trabajo registrados, mientras que en el presente la reducción es de 274.000 empleos: diez veces”, dice el informe. “Sin embargo, corrigiendo las cifras por la caída del producto, las cosas cambian” algo, aclara, dado que la caída actual del PBI es cuatro veces superior.

 

 

“En cuanto a destrucción de empresas, por ahora, la del COVID-19 es una crisis ‘normal’”, afirmó.

Así, interpretó Analytica, “es posible (…) que la pérdida de puestos de 

trabajo se deba en mayor medida a decisiones de despido que al propio cierre de empresas”. 

“En otras palabras, en esta crisis la pérdida de empleo es mayor pese a que se destruye la misma cantidad de empresas que en crisis anteriores en función de la caída de la actividad (la elasticidad es similar). En ese sentido, las razones están en el comportamiento de los salarios y en las políticas activas del Gobierno para contener la pérdida de empresas, ambos elementos ausentes en 2018”, continúa.

 

 

“El salario en dólares cayó más del doble en 2018 que en la actualidad. Hubo una devaluación del 31% del peso en esos tres meses (de aquel año), 

producida por el clásico estrangulamiento del balance de pagos. En esos casos, la caída en los salarios actúa como amortiguador, reduciendo los impactos sobre el empleo”, concluyó.