11|9|2022

La misión de Massa a Brasil tropieza con la guerra entre Bolsonaro y su Congreso

04 de marzo de 2020

04 de marzo de 2020

Pujas presupuestarias, agresiones y denuncias de autogolpe enrarecen el clima político en el país vecino. Los límites de los influyentes moderados. ¿Tregua a la vista? Dos presidentes que se evitan.

Como parte de los esfuerzos del Gobierno para encaminar una relación difícil, el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, viajó a Brasil para reunirse este miércoles con su homólogo, Rodrigo Maia; con el titular del Senado, Davi Alcolumbre, y con el jefe del Supremo Tribunal Federal, José Antonio Dias Toffoli. La visita, destinada a reforzar las relaciones entre los respectivos poderes legislativos y, por esa vía, influir en el Ejecutivo de derecha dura, resulta limitada por la encarnizada pelea en curso entre el presidente Jair Bolsonaro y los mencionados líderes parlamentarios, hasta hace poco aliados de aquel.

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ACTIVIDAD. En la mañana de este miércoles, Sergio Massa desayunó con el titular de la Cámara de Diputados de Brasil, Rodrigo Maia, y con los jefes de los diferentes bloques. Más tarde almorzó con Maia en la residencia de este, encuentro al que se sumaron los titulares del Senado, Davi Alcolumbre, y del Supremo Tribunal Federal, José Antonio Dias Toffoli. Por la tarde fue homenajeado en la Cámara Baja y mantuvo otras reuniones con legisladores. Este jueves se entrevistará en Río de Janeiro con el presidente del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES), Gustavo Montezano.

 

Las actividades de Massa forman parte de una estrategia general del Gobierno y se suman a la reciente visita del canciller Felipe Solá a su par Ernesto Araújo y a los contactos entablados por el futuro embajador, Daniel Scioli. Sin embargo, la búsqueda en el Congreso brasileño de canales útiles para influir sobre Bolsonaro se ve hoy limitada por una pelea política de alto impacto, en la que una disputa por la letra chica del Presupuesto derivó en ataques personales e institucionales lanzados por el palacio presidencial y en amenazas de juicio político insinuadas en el legislativo.

 

En esa puja se juega el diseño del llamado “presupuesto obligatorio”, partidas de gastos que los legisladores suelen incluir y quedan fuera del alcance del veto presidencial. En esta ocasión, Maia y Alcolumbre hablaron de gastos de esa índole por 30.000 millones de reales (6.600 millones de dólares), lo que fue rechazado duramente por el jefe de Estado.

 

El ministro de la Oficina de Seguridad Institucional, general de reserva Augusto Heleno, uno de los líderes del ala militar del gobierno, habló de "chantaje" de los parlamentarios en una conversación susurrada en el marco de un acto institucional que fue captada por un micrófono indiscreto. “¡Que se jodan!”, remató.

 

 

 

La crisis escaló cuando el propio presidente compartió a través de WhatsApp un video de tono muy duro que convocaba para el próximo domingo 15 a una manifestación contra el Congreso bajo el lema "Capitán Bolsonaro-General Heleno. Brasil es nuestro y no de los políticos de siempre". Los organizadores de la movida, militantes oficialistas, tienen como uno de sus eslóganes principales el cierre del legislativo.

 

 

 

Para peor, uno de los hijos del mandatario, el diputado Eduardo Bolsonaro, respondió a un tuit de la periodista Vera Magalhães al señalar que el pueblo no lloraría si una bomba atómica estallara en el Congreso.

 

 

 

Todo eso generó indignación dentro y fuera del palacio legislativo de Brasilia y fue ampliamente interpretado como un modo de generar un estado de opinión capaz de abrirle la puerta a un autogolpe con apoyo militar. Tanto es así, que varios legisladores calificaron el video de Bolsonaro como una “ruptura de decoro”, uno de los “crímenes de responsabilidad” que la Constitución describe para iniciar un juicio político.

 

Aunque el Congreso trata esta semana una serie de proyectos negociados con el Poder Ejecutivo para reformular el alcance de los vetos presidenciales al Presupuesto, este contexto obstruye por el momento las vías de acceso indirectas hacia la galaxia Bolsonaro exploradas tanto por Massa como por Scioli. De hecho, el presidente brasileño parece cerrar su administración en torno a dos de sus alas: la ideológica de ultraderecha, en la que militan sus hijos, el canciller Araújo y el poderoso asesor especial de la Presidencia para Asuntos Internacionales Filipe Martins; y la militar, reforzada con una serie de nombramientos recientes, como el del general Walter Sousa Braga Netto como jefe de gabinete, que elevaron a nueve las carteras controladas por militares sobre un total de 22.

 

Ambas alas están en el centro de la polémica en curso, que podría ser superada en términos de la puja presupuestaria y que hasta podría derivar en un vaciamiento de las protestas del 15, pero que dejará heridas.

 

Mientras, la relación entre la Argentina y Brasil oscila entre intentos de acercamiento, discrepancias crecientes sobre la celeridad con la que conviene aplicar el tratado de libre comercio con la Unión Europea y un encuentro entre los presidentes que Alberto Fernández evitó el último domingo y que aún no tiene fecha prevista. ¿Se producirá antes de la cumbre del Mercosur que se realizará en julio en Asunción? Acaso eso sea lo deseable; sería un dolor de cabeza que las irresueltas diferencias de fondo estallaran en ese foro de alta visibilidad.