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Debe elegir nuevas autoridades antes de mayo, cuando se vence el mandato de Gioja. La búsqueda de la unidad y el cierre de listas permanente. Duhalde, Massa y la apuesta Capitanich.

Por 07/02/2020 16:16

Mientras el Gobierno concentra sus esfuerzos en encaminar la situación económica y las negociaciones por la deuda, el Partido Justicialista, columna vertebral de la coalición de gobierno, debe atender un asunto que aparece como inoportuno en el estreno de una gestión con tantas urgencias: el mandato de José Luis Gioja como presidente vence a principios de mayo y el partido deberá elegir a sus nuevas autoridades antes de esa fecha. La dirigencia ya comenzó su trabajo subterráneo con la misión de cuidar la unidad como valor supremo y la idea de sumar a todos los sectores a una misma lista, en la que podrían convivir desde el kirchnerismo y La Cámpora hasta el duhaldismo, pasando por los gobernadores. Afuera quedaría, por ahora, el masismo, que se resiste a la integración al PJ y proclama su independencia como Frente Renovador.

Los tiempos que impone el calendario son incómodos. En el oficialismo entienden que la definición de cargos partidarios en el actual escenario económico y cuando el Gobierno recién arranca es, cuanto menos, inconveniente hacia adentro y también de cara a la ciudadanía. “No es lo ideal hacer un congreso ahora. La sociedad nos tiene que ver resolviendo problemas y no metidos en la rosca partidaria”, le dice a Letra P un dirigente cercano a Cristina Fernández de Kirchner que talla en las conversaciones por la sucesión de Gioja.

Conscientes de esa situación, en el peronismo exploraron alternativas para sortear la elección de autoridades. Pero el histórico apoderado partidario, Jorge Landau, advirtió que extender los mandatos vigentes sin llamar a elecciones -y, de esa manera, contradiciendo la carta orgánica- podría provocar que la Justicia dispusiera la caducidad del partido a pedido de cualquier afiliado, como ya sucedió en otras oportunidades. Sin opciones, la dirigencia comenzó a negociar los pasos a seguir y estima agendar para marzo una reunión del Consejo Nacional, que a su vez llamará al Congreso Nacional para que discuta sobre las próximas autoridades.

 

 

En ese marco, la rosca partidaria abre varios dilemas. El primero es quién será ungido presidente del partido. Gioja ya dejó trascender que le gustaría ser reelecto y cosecha el apoyo de algunos sectores que creen que, por ahora, es mejor “no romper nada y dejar todo como está” con un dirigente que “les cierra a todos”. “El ´Flaco´ se merece un reconocimiento por el laburo que hizo con la unidad. Habrá que ver cómo lo resolvemos”, dice un dirigente cristinista que se inclina, sin embargo, por darle su apoyo al otro candidato a firme a ocupar la presidencia, el chaqueño Jorge “Coqui” Capitanich.

El primer dilema es quién será ungido presidente del partido. Gioja ya dejó trascender que le gustaría ser reelecto y cosecha el apoyo de algunos sectores que creen que, por ahora, es mejor “no romper nada y dejar todo como está”.

“Coqui es el tipo que está pensando en el futuro, tiene una idea moderna, vendría bien para darle una nueva impronta al partido”, agrega la misma fuente.

Un intendente del conurbano coincide con la mirada: “Hay que renovar la foto”. Capitanich tiene, además, un diálogo constante y fluido con el presidente Alberto Fernández, que le pidió, además, que se ocupara de la institucionalización del Frente de Todos. El primer mandatario ya dijo en varias oportunidades que no tiene intenciones de presidir el partido. El chaqueño quedó a la espera de instrucciones al regreso de la gira presidencial. 

Además de la conducción, en el armado de la lista interna aparece otro tema central: la necesidad de contener con lugares en el Consejo Nacional a los diferentes sectores peronistas que forman parte del oficialismo. Allí se anotan el kirchnerismo, La Cámpora, los gobernadores y el albertismo más puro hasta los sectores que hoy están afuera del partido, como el massismo y el duhaldismo.

Las conversaciones están en marcha entre actores que hasta hace poco tiempo estaban en veredas opuestas. Cerca de la Rosada, el expresidente Eduardo Duhalde no solo se reunió con la vicepresidenta, sino que mantuvo algunas conversaciones por el destino del partido con dirigentes de La Cámpora, como el diputado Andrés “Cuervo” Larroque, en las que resaltaron el valor supremo de la unidad que le permitió al peronismo ganar las elecciones de 2019. Habrá internas, disputas y desacuerdos, pero todos “con los pies adentro del plato”, coincidieron. División nunca más, prometieron.

 

 

A tono con la época, el camporismo impulsa “la vuelta de todos” al partido, incluidos lavagnistas y massistas. Pero Sergio Massa se resiste a interrumpir la vida de su propio partido, el Frente Renovador, para volver al redil de Matheu 130. Ya rechazó el convite pejotista y se prepara para el congreso renovador que pretende celebrar también en marzo. En cambio, dio su visto bueno para el avance del armado de la mesa del Frente de Todos, que pidió Fernández.

 

 

 

Para el camporismo también sería un regreso. En 2016, con la derrota de 2015 todavía fresca y la intención de parte del peronismo de aislar al kirchnerismo, la organización que lidera Máximo Kirchner quedó afuera del armado del Consejo Nacional, que por entonces se armó con gobernadores y algunos kirchneristas sueltos más ligados al PJ en sus distritos, como el exdiputado nacional Guillermo Carmona. Entre los consejeros figuran, entre otros, Miguel Ángel Pichetto y Juan Manuel Urtubey, y tienen lugares relevantes exgobernadores como Domingo Peppo, Rosana Bertone, Lucía Corpacci y Sergio Urribarri y la exsenadora Beatriz Rojkés de Alperovich.

Todo será un barajar y dar de nuevo con el nuevo esquema de poder, que todavía está en pleno reparto. “Es como si estuviéramos en un cierre de listas permanente”, dice un dirigente cristinista sobre la continuidad de la disputa de lugares dentro del Gobierno, que cuida el equilibrio de la misma forma que se hizo en el armado de listas legislativas, en junio del año pasado.

En ese sentido, algunos consideran que el Gobierno es “demasiado reciente” y todavía queda mucho por resolver en términos de gestión como para que la dirigencia se trence en una disputa por los cargos partidarios. Pero los plazos legales corren y será una instancia imposible de esquivar.