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El escenario que busca evitar Kicillof: qué pasa si no acuerda con los bonistas

La incapacidad bonaerense de afrontar parte del bono BP21 abrió la discusión de si habrá cesación de pagos o no. En el gobierno no contemplan defaultear porque aún hay que negociar con otros bonistas.
Por 15/01/2020 19:19

“Estamos tratando de evitar que la situación de endeudamiento genere más dificultades de las que ya generó. Se han contraído compromisos que no permiten generar una situación financiera sostenible para adelante”, decía Axel Kicillof, en la conferencia de prensa que brindó este martes para detallar por qué la provincia no está en condiciones de afrontar el segundo pago de capitales del bono BP21 por 250 millones de dólares. En esta situación, el gobierno bonaerense busca alternativas para no entrar en default y poder continuar con las negociaciones de futuros pagos y endeudamientos que ya tiene autorización para salir a tomar. Con una cesación de pagos encima, el camino trazado se desdibuja. 

En el Ejecutivo bonaerense no hablan de default. El planteo de pagar diferido la deuda de capital del segundo tramo del bono BP21 busca “generar alternativas” de diálogo con los bonistas, le explicaron a Letra P

La administración de Kicillof no quiere entrar en default porque de ese modo, deslizan, se complica la negociación con otros bonistas que la provincia debe afrontar, que son bastantes. El gobernador fue categórico: “La deuda es insostenible”, repitió en conferencia de prensa. Su ministro de Economía, Pablo López, relató que la renegociación del pago de la cuota dos del bono que se busca patear no es una particularidad. Que así será con el resto de los pagos de capital que no se puedan afrontar. 
 

 

Atada a esta situación, el Ejecutivo había girado, en el marco de la ley de emergencia, una autorización para “llevar adelante las gestiones y actos necesarios para recuperar y asegurar la sostenibilidad de la deuda pública, que permitan el desarrollo económico y social de la provincia”. Ese proyecto consiguió convertirse en ley. Y entre esas “gestiones y actos necesarios” está la posibilidad de pedir deuda. 

“Con un default, se cierran los mercados para emitir deuda y se complica la negociación con el resto de los bonistas”, explican en la gobernación ante la consulta de Letra P. También descartan, de plano, que entrar en cesación de pago ponga en riesgo los compromisos internos de la administración, como sueldos y pagos. En lo concreto son dos discusiones distintas. “Siempre la prioridad van a ser los trabajadores. Nunca se va a dejar de pagarle a la gente para pagar la deuda”, relatan cerca de Kicillof. 

La administración bonaerense tampoco quiere llegar al default para no complicar las gestiones que, a la par, lleva adelante el gobierno nacional para saldar sus propias deudas, arrastradas de la administración macrista. Los bonistas con los que debe acordar el ministro de Economía, Martín Guzmán, miran con atención el escenario bonaerense. Tener a la provincia más importante en default no es la mejor referencia para sentarse a negociar. Una de las hipótesis por la cual la Nación no auxilia a Buenos Aires es para evitar una catarata de rescates de otras provincias.

Sin embargo, una lógica que parece repetirse es que mientras se paguen los intereses de deuda, los acreedores suelen aceptar una demora en el pago de capital y así evitar su defaulteo. 
Kicillof ya empezó a desembolsar intereses.

El ministro de Economía bonaerense anunció que los 27 millones de dólares por intereses del bono BP21 se abonarán en tiempo y forma. Lo mismo sucedió en las últimas horas con el pago de 27 millones de euros de un bono que emitió la gestión de María Eugenia Vidal por 500 millones de moneda europea en julio de 2017. La antigua administración daba cuenta de que haber conseguido ese endeudamiento era una señal de “confianza” de los mercados hacia la provincia. Pero era el propio Estado que aclaraba a quienes se hacían de esos títulos que “las fuentes de financiamiento de la provincia pueden volverse inaccesibles o limitadas y, de esta manera, afectar de manera adversa su economía y su capacidad de afrontar los servicios de deuda, incluyendo los bonos”.

Vidal, coinciden en La Plata, dejó a la provincia al borde del default. Acostumbrado a negociar con acreedores internacionales, Kicillof y López, buscan evitar que ese borde se transforme en precipicio.