X
El Gobierno puso en pausa todo el despliegue de su aparato electoral hasta que controle la crisis. El Presidente se recostará en su gestión mientras sus halcones dicen lo que él no puede.
Por 06/09/2019 19:27

Por primera vez en sus quince años de campaña permanente, el PRO no lanzará su estrategia de marketing político cuando lo establece la ley. En los papeles, el primer tramo de la carrera para las presidenciales del 27 de octubre arranca este sábado, pero la conducción de la campaña de Juntos por el Cambio resolvió postergar la realización de actos, timbreos y visitas con fines electorales hasta que el Gobierno considere que pudo controlar la crisis económico financiera. La fecha de largada todavía no está definida, pero se conocerá cuando el presidente Mauricio Macri encabece el primer acto 360° de Juntos por el Cambio, algo que recién podría concretarse dentro de dos semanas, cuando el flamante ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, haya cumplido su primer mes en funciones. 

 

 

La demora en el lanzamiento de la campaña no dejará al Gobierno mudo, pero sus voceros estarán concentrados en defender la gestión de crisis que intenta conducir Macri. “Estamos concentrados en defender las 15 medidas que lanzamos después de las PASO y, cuando podamos confirmar que surtieron efecto, le vamos a sacar el freno a la campaña”, explicó a Letra P un integrante del equipo que conduce el jefe de Gabinete, Marcos Peña. A pesar de las críticas internas sobre su rol, el ministro coordinador seguirá al frente de la estrategia nacional, secundado por Federico Morales y Guillermo Riera. A ellos responderán las 24 jefaturas provinciales de campaña compartidas entre los primeros candidatos de la lista y representantes del Gobierno.

Entre los dilemas internos sobre la forma de combinar gestión y campaña, el punto de equilibrio tiene que ver con la paridad del dólar. La estampida posterior a las PASO, con la “fatídica” conferencia de prensa que encabezó Macri al día siguiente, están demasiado cerca en la memoria de los votantes. La demostración, dicen en la Casa Rosada, está en los sondeos que manejan. Todavía les dan la misma certeza que antes de las primarias, aunque ya sufrieron una dura crisis de legitimidad desde entonces, porque son los mismos estudios que pronosticaban una derrota de cinco puntos y no de 16 puntos como finalmente sucedió.

 

 

“Así como la gente le pide a Macri que controle el dólar, también le reclama que se ponga al frente de la gestión, no de la campaña”, se justificó otro de los funcionarios afectados a la maquinaria proselitista que suma varios despliegues de marketing político en su recorrido.

El objetivo de la alianza oficialista es mostrar cohesión y el instrumento simbólico elegido para hacerlo fue la Mesa de Acción Política, la instancia que Macri implementó hace tres semanas para definir campaña y gestión junto a Peña, la jefa de la Coalición Cívica, Elisa Carrió; el candidato a vice, Miguel Pichetto; el diputado Mario Negri, el senador Mario Naidenoff y los ministros Rogelio Frigerio y Patricia Bullrich, además del regreso del ex vicejefe de Gabinete Mario Quintana. “Eso alivió un montón de tensiones, es una buena usina de ideas y permitió marcar un concepto: en 2015, cuando éramos oposición, no teníamos nada que perder y dijimos todo, pero ahora somos oficialistas y tenemos que ser muy cautos”, advirtió la fuente.

Desde que funciona esa “última mesa”, los dos principales voceros son Carrió y Pichetto. Aunque sus mensajes parecen dirigidos al núcleo más duro de sus votantes, en la Casa Rosada aseguran que tienen “libertad de acción, porque no tienen la responsabilidad de gestión”. Ambos jugarán en los medios para expresar los discursos más duros que Macri no pueda pronunciar por el “corset de la gestión” y, también, para antagonizar con el kirchnerismo, a pesar de los reiterados pedidos de una parte del gabinete para evitar una polarización mayor luego de los resultados negativos que obtuvo esa estrategia.

 

 

Cerca de Peña no hablan de postergación, sino de prudencia, pero el lanzamiento de toda la maquinaria electoral todavía no tiene fecha oficial. Sin embargo, a pesar de esa presunta privación, Macri no detendrá sus visitas al interior. Las hará en clave de gestión, como hizo este viernes durante la 21° visita que realizó a Córdoba, donde volvió a culpar a las primarias de la situación económica, pero aseguró que “la elección todavía no sucedió”

En Balcarce 50 evalúan que la próxima escala será Santa Fe, aunque la hoja de ruta no incluye un desembarco activo en la provincia de Buenos Aires, como lo hizo en julio, cuando arrancó la campaña para las PASO. La derrota del 11 de agosto reordenó las urgencias de la campaña y también aumentó las distancias entre el equipo de campaña presidencial y el que reporta a la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal. Apenas trató salir del aturdimiento por el revés, Macri busca mostrarse convencido de revetir la derrota y llegar a la segunda vuelta. No es el caso de Vidal, que jugará su reelección el 27 de octubre en un comicio sin segunda vuelta y ante un resultado que su entorno considera irremontable

 

 

Desde este sábado, la campaña postergada de Juntos por el Cambio buscará sumar masa crítica para pelear la reelección de Macri y llegar a una eventual segunda vuelta, mientras Vidal ya autorizó a intendentes a cortar boleta y hacer lo necesario por sobrevivir. La provincialización que habilitó Vidal a sus escuderos es la misma que eligió el alcalde porteño, Horacio Rodríguez Larreta, para buscar su reelección en primera vuelta y evitar medirse en ballotage, un escenario que aumenta los interrogantes sobre la capacidad que tiene el alcalde para revalidar los títulos en el territorio originario del PRO.

Mientras la campaña nacional no tenga fecha de largada, los demás distritos tampoco lo harán. Aún así, el Presidente no se privará de continuar con su arenga para llegar a segunda vuelta, pero posado sobre los últimos meses de gestión que le quedan. Hasta que esa apuesta rinda frutos, la alianza oficialista se moverá en tres tiempos: las ambiciones de Macri por la reelección, las aspiraciones de Vidal para reducir daños ante una posible derrota y los intentos de Larreta por preservarse en octubre y evitar un pasaje a noviembre con resultado incierto.