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Todos por un botín: la pelea por los votos de la avenida del medio

Tres analistas coinciden en que los acuerdos políticos sellados en las últimas horas van en la misma dirección: ir a la caza de sectores peronistas que no encuentran lugar en la grieta.
Por 12/06/2019 21:22

La designación del senador peronista Miguel Angel Pichetto como compañero de fórmula del presidente Mauricio Macri, tiene algo en común con los movimientos protagonizados por la fórmula Fernández–Fernández y también con la flamante sociedad acordada entre el ex ministro de Economía, Roberto Lavagna y el gobernador salteño, Juan Manuel Urtubey. En los tres casos, las fórmulas que se medirán en las PASO nacionales de agosto fueron construidas para salir a la caza de los indecisos y, especialmente, de la porción de votantes que iba a optar por Alternativa Federal, en rechazo a la polarización entre el macrismo y el kirchnerismo.

Así opinaron los encuestadores y analistas consultados por Letra P para dilucidar cómo será el comportamiento de ese electorado tras la conformación de la fórmula que tendrá el oficialismo, con la inesperada irrupción de Pichetto y la oficialización del pacto Lavagna Urtubey. Para Diego Reynoso, de la Universidad de San Andrés; Carlos De Angelis, titular del Centro de Opinión Pública (CEOP) de la Universidad de Buenos Aires y Florencia Filadoro, de la consultora Reyes–Filadoro, la primera definición de las tres cabezas de listas marca una inflexión que irá reduciendo, progresivamente, a la masa de indecisos, posiblemente el botín electoral más codiciado de ahora hasta el desenlace final de las elecciones. Por fuera de la precisión general se muestran cautelosos respecto a la proyección de la intención de voto.

 

 

Antes de estos anuncios, explica De Angelis, “había una porción vacante de votantes que variaba entre el 20 y 25%, que configuraba la masa de potenciales indecisos”. Según sus encuestas, la foto previa de voluntades para los aspirantes en danza que no habían definido sus candidaturas mostraba que “Lavagna tenía un 9% de intención de voto, Urtubey un 3% y Pichetto, con suerte, llegaba al 1%”. Respecto al derrotero de Alternativa Federal, el sociólogo que conduce el CEOP de la UBA aclara que “si bien ese espacio nunca fue un partido político, donde se pudiera apreciar a un equipo completo, cuando le preguntábamos a los encuestados sobre una tercera opción electoral identificábamos a un 30%”.

Esas mediciones ahora están en duda con los nuevos movimientos. “Hay que medir con esta nueva configuración para saber con exactitud”, acota Filadoro, porque “como siempre sucede con estos grandes anuncios, al principio aparece la algarabía de quienes siguen al que anuncia la novedad, pero de a poco las cosas se van acomodando. Por lo pronto, esto no quita que hasta el escenario anterior Lavagna sumaba cerca de ocho puntos”.

 

 

Reynoso se mostró seguro de que la amplia porción de indecisos “irá cediendo” en la medida que se profundice la polarización. “Habrá un progresivo corrimiento de votos de indecisos. ¿Cuánto? Por ahora no lo sabemos”, aclaró el autor de la Encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública (ESPOP) de la UdeSA. Sin embargo suscribe que falta saber cómo será el impacto de decisiones electorales tomadas para neutralizar los movimientos del otro. “Creo que así como llevar a Pichetto es una respuesta en equilibrio a la candidatura de Alberto Fernández, la unión de Lavagna con Urtubey es una respuesta lógica a ambos movimientos. Casi que no quedaba otra jugada para ambos. Desde luego, a mí me parece que Lavagna–Urtubey neutraliza relativamente el movimiento de Macri–Pichetto”.

A la hora de evaluar el perfil electoral de Pichetto, Filadoro define al flamante compañero de fórmula de Macri como “un dirigente que no suma votos y que cierra y endurece mucho el discurso de Cambiemos, al volverse un discurso mucho más conservador en todo sentido, desde la seguridad hasta la economía”. Para la socia de Reyes–Filadoro, “con un discurso más conservador es más difícil acercarse a los pocos que quedan en el centro y eso, en este sentido, es una 'buena noticia' para la tercera fuerza de Lavagna, que es la única que pareciera quedar viva. Aunque el desafío para crecer es grande”.

“Todos estos actores, empezando por CFK en la nominación de Fernández, se lanzaron a la captura de un centro político que, paradójicamente, está constituido por votantes que se distancian de lo político”, caracterizó De Angelis. Para el encuestador comenzaron a transitar el tramo más caliente de una línea de tiempo del cronograma electoral que pondrá a prueba la eficiencia de cada acuerdo. “Están todos lanzados a apropiarse de ese botín de votantes y por eso se empiezan a ver los problemas de estos movimientos”, explicó. En su opinión “las fallas se verán más rápido con Pichetto, porque fue convocado  como un 'armador'", con un impacto que se limita a armados superestructurales “que no sabemos cómo se trasladarán al votante” de Juntos por el Cambio. En el caso de Lavagna, su perfil está asociado a “un reparador” que viene a arreglar lo que está roto y que por ahora no ha confirmado cómo será su impacto en el hombre de a pie.

Para la fórmula Fernández–Fernández también hay dificultades en su arquitectura electoral. “La escena del domingo pasado, con la frase que Alberto le dijo a Massa de 'venite, tomemos un café', puede resultar simpática, pero es bastante desposicionante, porque el presidente de la Argentina es el primus inter pares y ahí Fernández le habló al tigrense como un par”.

 

 

El factor Pichetto también cosecha coincidencias entre los consultados respecto a sus atributos políticos, aunque discrepan sobre el rol del rionegrino entre la primera vuelta y una eventual segunda vuelta. “Los atributos de Pichetto son políticos e institucionales pero, ante un hipotético ballotage, al menos hará que los peronistas que tengan dudas con CFK puedan pensar que la fórmula de Macri no es antiperonista, algo que les podría incomodar a la hora de votar en ese momento”, consideró Reynoso. “Muy en el margen, Pichetto podría agregar esos pocos votos que podrían ser decisivos en la segunda vuelta. Hay que recordar que en 2015, Macri le ganó a Scioli por 700 mil votos”, amplió.

Filadoro aportó un matiz a la presunta funcionalidad del senador para sumarle votos a Macri en una reedición del escenario de hace cuatro años que lo llevó a la Presidencia. “No lo veo así -sostuvo-. Creo que sumar a Pichetto termina acotando un poco la posibilidad de ampliar el espacio de Cambiemos por el tipo de propuestas con las que comulga, es decir, más de corte conservadoras”.

 

 

De Angelis considera que “Macri terminó con sus ambivalencias cuando le propuso a Pichetto que sea su vice". "Es la derrota del duranbarbismo y de la idea que siempre defendió de que los votantes son pequeñas islas que no están conectadas entre si y, por eso, recomendaba construir un discurso ambiguo. La llegada de Pichetto implica asumir un riesgo para Macri, porque rompió con la fórmula posmoderna de la política con la que llegó al poder”, entiende el analista. Coincide con Reynoso y Filadoro respecto a la “falta de votos propios” que padece Pichetto, pero acota otra utilidad: “Con el discurso duro que tiene, le permite a Macri llegar a un sector donde el PRO no llega: el conurbano profundo y especialmente la tercera sección. En las categorías socioeconómicas más postergadas, como C3 y D1, Macri pierde por 70 sobre 30”, advirtió.

En la lectura del investigador de la UBA todavía resta un gran examen para saber si esas fórmulas llegarán a competir en octubre: las PASO de agosto. “Hay que dejar correr un poco el agua bajo el puente. Las PASO son un laboratorio maldito, porque cada vez que lo usás, salen resultados distintos”, advierte De Angelis sobre la posible primaria entre Sergio Massa y Fernández. “Si le sumamos un tercer potencial precandidato, como Daniel Scioli, y los tres contendientes confrontan mucho, corren el riesgo de que los votantes de las minorías que pierdan en agosto no sigan la fórmula presidencial que gane. Ahí todavía falta una ingeniería electoral por desarrollar”.

En el caso de Lavagna–Urtubey hay otro desafío centrado en las elecciones de este domingo en Santa Fe, donde el socialismo que gobierna la provincia buscará revalidar los títulos. El armado de Consenso Federal tiene como aliado al socialismo de esa provincia y, si pierde el gobierno, sería un duro golpe para el armado del ex ministro de Economía. “Es otro obstáculo que se suma a las dudas que hay sobre la posibilidad de que no siga adelante después de las PASO, si no supera el 5% de los votos”, sentenció el encuestador.

Todos por un botín: la pelea por los votos de la avenida del medio

Tres analistas coinciden en que los acuerdos políticos sellados en las últimas horas van en la misma dirección: ir a la caza de sectores peronistas que no encuentran lugar en la grieta.

La designación del senador peronista Miguel Angel Pichetto como compañero de fórmula del presidente Mauricio Macri, tiene algo en común con los movimientos protagonizados por la fórmula Fernández–Fernández y también con la flamante sociedad acordada entre el ex ministro de Economía, Roberto Lavagna y el gobernador salteño, Juan Manuel Urtubey. En los tres casos, las fórmulas que se medirán en las PASO nacionales de agosto fueron construidas para salir a la caza de los indecisos y, especialmente, de la porción de votantes que iba a optar por Alternativa Federal, en rechazo a la polarización entre el macrismo y el kirchnerismo.

Así opinaron los encuestadores y analistas consultados por Letra P para dilucidar cómo será el comportamiento de ese electorado tras la conformación de la fórmula que tendrá el oficialismo, con la inesperada irrupción de Pichetto y la oficialización del pacto Lavagna Urtubey. Para Diego Reynoso, de la Universidad de San Andrés; Carlos De Angelis, titular del Centro de Opinión Pública (CEOP) de la Universidad de Buenos Aires y Florencia Filadoro, de la consultora Reyes–Filadoro, la primera definición de las tres cabezas de listas marca una inflexión que irá reduciendo, progresivamente, a la masa de indecisos, posiblemente el botín electoral más codiciado de ahora hasta el desenlace final de las elecciones. Por fuera de la precisión general se muestran cautelosos respecto a la proyección de la intención de voto.

 

 

Antes de estos anuncios, explica De Angelis, “había una porción vacante de votantes que variaba entre el 20 y 25%, que configuraba la masa de potenciales indecisos”. Según sus encuestas, la foto previa de voluntades para los aspirantes en danza que no habían definido sus candidaturas mostraba que “Lavagna tenía un 9% de intención de voto, Urtubey un 3% y Pichetto, con suerte, llegaba al 1%”. Respecto al derrotero de Alternativa Federal, el sociólogo que conduce el CEOP de la UBA aclara que “si bien ese espacio nunca fue un partido político, donde se pudiera apreciar a un equipo completo, cuando le preguntábamos a los encuestados sobre una tercera opción electoral identificábamos a un 30%”.

Esas mediciones ahora están en duda con los nuevos movimientos. “Hay que medir con esta nueva configuración para saber con exactitud”, acota Filadoro, porque “como siempre sucede con estos grandes anuncios, al principio aparece la algarabía de quienes siguen al que anuncia la novedad, pero de a poco las cosas se van acomodando. Por lo pronto, esto no quita que hasta el escenario anterior Lavagna sumaba cerca de ocho puntos”.

 

 

Reynoso se mostró seguro de que la amplia porción de indecisos “irá cediendo” en la medida que se profundice la polarización. “Habrá un progresivo corrimiento de votos de indecisos. ¿Cuánto? Por ahora no lo sabemos”, aclaró el autor de la Encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública (ESPOP) de la UdeSA. Sin embargo suscribe que falta saber cómo será el impacto de decisiones electorales tomadas para neutralizar los movimientos del otro. “Creo que así como llevar a Pichetto es una respuesta en equilibrio a la candidatura de Alberto Fernández, la unión de Lavagna con Urtubey es una respuesta lógica a ambos movimientos. Casi que no quedaba otra jugada para ambos. Desde luego, a mí me parece que Lavagna–Urtubey neutraliza relativamente el movimiento de Macri–Pichetto”.

A la hora de evaluar el perfil electoral de Pichetto, Filadoro define al flamante compañero de fórmula de Macri como “un dirigente que no suma votos y que cierra y endurece mucho el discurso de Cambiemos, al volverse un discurso mucho más conservador en todo sentido, desde la seguridad hasta la economía”. Para la socia de Reyes–Filadoro, “con un discurso más conservador es más difícil acercarse a los pocos que quedan en el centro y eso, en este sentido, es una 'buena noticia' para la tercera fuerza de Lavagna, que es la única que pareciera quedar viva. Aunque el desafío para crecer es grande”.

“Todos estos actores, empezando por CFK en la nominación de Fernández, se lanzaron a la captura de un centro político que, paradójicamente, está constituido por votantes que se distancian de lo político”, caracterizó De Angelis. Para el encuestador comenzaron a transitar el tramo más caliente de una línea de tiempo del cronograma electoral que pondrá a prueba la eficiencia de cada acuerdo. “Están todos lanzados a apropiarse de ese botín de votantes y por eso se empiezan a ver los problemas de estos movimientos”, explicó. En su opinión “las fallas se verán más rápido con Pichetto, porque fue convocado  como un 'armador'", con un impacto que se limita a armados superestructurales “que no sabemos cómo se trasladarán al votante” de Juntos por el Cambio. En el caso de Lavagna, su perfil está asociado a “un reparador” que viene a arreglar lo que está roto y que por ahora no ha confirmado cómo será su impacto en el hombre de a pie.

Para la fórmula Fernández–Fernández también hay dificultades en su arquitectura electoral. “La escena del domingo pasado, con la frase que Alberto le dijo a Massa de 'venite, tomemos un café', puede resultar simpática, pero es bastante desposicionante, porque el presidente de la Argentina es el primus inter pares y ahí Fernández le habló al tigrense como un par”.

 

 

El factor Pichetto también cosecha coincidencias entre los consultados respecto a sus atributos políticos, aunque discrepan sobre el rol del rionegrino entre la primera vuelta y una eventual segunda vuelta. “Los atributos de Pichetto son políticos e institucionales pero, ante un hipotético ballotage, al menos hará que los peronistas que tengan dudas con CFK puedan pensar que la fórmula de Macri no es antiperonista, algo que les podría incomodar a la hora de votar en ese momento”, consideró Reynoso. “Muy en el margen, Pichetto podría agregar esos pocos votos que podrían ser decisivos en la segunda vuelta. Hay que recordar que en 2015, Macri le ganó a Scioli por 700 mil votos”, amplió.

Filadoro aportó un matiz a la presunta funcionalidad del senador para sumarle votos a Macri en una reedición del escenario de hace cuatro años que lo llevó a la Presidencia. “No lo veo así -sostuvo-. Creo que sumar a Pichetto termina acotando un poco la posibilidad de ampliar el espacio de Cambiemos por el tipo de propuestas con las que comulga, es decir, más de corte conservadoras”.

 

 

De Angelis considera que “Macri terminó con sus ambivalencias cuando le propuso a Pichetto que sea su vice". "Es la derrota del duranbarbismo y de la idea que siempre defendió de que los votantes son pequeñas islas que no están conectadas entre si y, por eso, recomendaba construir un discurso ambiguo. La llegada de Pichetto implica asumir un riesgo para Macri, porque rompió con la fórmula posmoderna de la política con la que llegó al poder”, entiende el analista. Coincide con Reynoso y Filadoro respecto a la “falta de votos propios” que padece Pichetto, pero acota otra utilidad: “Con el discurso duro que tiene, le permite a Macri llegar a un sector donde el PRO no llega: el conurbano profundo y especialmente la tercera sección. En las categorías socioeconómicas más postergadas, como C3 y D1, Macri pierde por 70 sobre 30”, advirtió.

En la lectura del investigador de la UBA todavía resta un gran examen para saber si esas fórmulas llegarán a competir en octubre: las PASO de agosto. “Hay que dejar correr un poco el agua bajo el puente. Las PASO son un laboratorio maldito, porque cada vez que lo usás, salen resultados distintos”, advierte De Angelis sobre la posible primaria entre Sergio Massa y Fernández. “Si le sumamos un tercer potencial precandidato, como Daniel Scioli, y los tres contendientes confrontan mucho, corren el riesgo de que los votantes de las minorías que pierdan en agosto no sigan la fórmula presidencial que gane. Ahí todavía falta una ingeniería electoral por desarrollar”.

En el caso de Lavagna–Urtubey hay otro desafío centrado en las elecciones de este domingo en Santa Fe, donde el socialismo que gobierna la provincia buscará revalidar los títulos. El armado de Consenso Federal tiene como aliado al socialismo de esa provincia y, si pierde el gobierno, sería un duro golpe para el armado del ex ministro de Economía. “Es otro obstáculo que se suma a las dudas que hay sobre la posibilidad de que no siga adelante después de las PASO, si no supera el 5% de los votos”, sentenció el encuestador.