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Contabilidad creativa de campaña

El Gobierno mostrará una recuperación de la industria y la construcción a mitad de año. Picardía: será pura estadística por la comparación con lo peor de 2018. El riesgo de jugar a la política.
El Gobierno mostrará una recuperación de la industria y la construcción a mitad de año. Picardía: será pura estadística por la comparación con lo peor de 2018. El riesgo de jugar a la política.
Por 08/03/2019 10:55

Lejos de haber intensificado habilidades técnicas en el tan mentado equipo, los más de tres años en el poder le sirvieron al oficialismo para pulir el pragmatismo político y ganar en un rubro ausente en la esencia fundacional de la CEOcracia. La madurez en la materia alcanzará su cénit en el más sensible de todos los años, el de la campaña que busca darle a Mauricio Macri otros cuatro años de estadía en la Casa Rosada.

Ante la evidencia de la crisis, que impacta parejo en todos los sectores de la actividad, los ministerios vinculados a la economía se han decidido a ponderar indicadores relativos por sobre los negativos, con el objetivo de mostrar una tendencia positiva aún inaudible, reflejando valores con alzas intermensuales y postergando el análisis sobre el derrumbe año contra año. Es un carreteo hacia la consagración del relato del rebote y el fin de la recesión, que tendrá lugar cuando, técnicamente, los indicadores de actividad lleguen a mitad de año a dar positivo, por la equiparación con lo peor de la crisis de 2018.

 

Dujovne sabe que la economía no lo hará ganar ni perder la elección, pero quiere mostrar números. 

 

Hizo punta en la picardía comunicacional el viceministro de Hacienda, Miguel “Mike” Braun, en su cuenta de Twitter, contando crecimientos intermensuales en la industria (4,6%) y la construcción (4,4%) en enero, mes en el cual la comparación interanual redundó en derrumbes de casi 11% y 15,7%, respectivamente. Lo siguió el Ministerio de la Producción, que conduce Dante Sica, manifestando una lectura similar pero, ante el delicado equilibrio que debe hacer con los empresarios en pie de guerra, lo hizo con la salvedad de la franqueza. “Continuaremos observando bajas interanuales dado que el primer trimestre del año pasado se alcanzaron récords históricos en la producción y el consumo. La construcción y la industria manufacturera alcanzaron su valor más alto el año pasado, por lo que la base de comparación es alta”, se sinceró un hombre de Producción.

 

 

La apuesta al marketing económico en plena campaña se ve en los números y muestra por qué hoy, para Cambiemos, no es conveniente mostrar cifras interanuales y sí será pertinente hacerlo en unos meses. Si se observa el 2018 que tuvo la construcción, se percibe un año duro: según el Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC) del INDEC, en enero hubo una suba de 19,5%, en febrero otra del 19,3; alza del 8,4% en marzo, del 14,4% en abril y 7% en mayo. Desde allí, irregular a negativo, con caída del 0,1% en junio, crecida del 0,7% en julio, empate en cero en agosto, septiembre con una caída del 3,8%, octubre de 6,4%, noviembre del 15,9%, diciembre contracción del 20,6% y enero de 2019, el recientemente comunicado 15,7%.

Ante estas cifras, fuentes de la Cámara Argentina de la Construcción (Camarco) estiman que desde julio se verá una comparación positiva. “Estaremos menos mal, en todo caso”, alertan, como para poner en perspectiva una historia que para el Gobierno se quedará simplemente en foto del momento en los meses más delicados de la contienda electoral. De hecho, aseguran que la crisis ya se cargó 8.000 empleos en la industria del ladrillo a diciembre de 2018, una caída del 2%. Y la expectativa es una profundización de esa baja. Respecto al cierre de empresas del sector, explican que es difícil cuantificarlo porque, en general, el dato se infiere de la no renovación de la inscripción en el Instituto de Estadística y Registro de la Industria de la Construcción (IERIC), que es anual.

 

Sica, ministro de Producción, con Acevedo, jefe de la UIA. El funcionario hace equilibrio entre los jirones de la industria en crisis. 

 

Con la industria ocurrirá algo similar. Enero de 2018, según el Estimador Mensual Industrial (EMI) del INDEC, mostró un alza del 0,8% versus 2017, suba del 4,3% en febrero, del 3,8% en marzo, del 3,6% en abril y luego rojo: 1,75% en mayo, 8,4% en junio, 4,5% en julio, 4,1% en agosto, 7,7% en septiembre, 5,2% en octubre, 9,1% en noviembre, 10,3% en diciembre y el reciente 10,8% de enero de 2019. La industria, que es el mayor polo de empleo privado después de los supermercados, tiene una trampa en lo numérico que el Gobierno también soslaya con intención: los meses de recuperación de 2018 fueron empujados casi en exclusiva por tres sectores: cemento y acero (por construcción y Vaca Muerta) y autos (efecto Brasil). El resto de los sectores ya venía desplomado. Luego de ese período, la crisis cambiaria tumbó al resto y autos, que resistía estoicamente, se desplomó en septiembre para terminar en un escenario actual de suspensiones y parate de plantas como Renault, Peugeot y FIAT.

 

Crivelli, titular de la Camarco. El de los ladrillos es uno de los sectores con mayor afectación en el empleo. 

 

Con estos números, el Gobierno supone que la comparación interanual positiva se dará a mitad de año y será vendida como el fin de la crisis, justo en las inmediaciones del cierre de las listas. Los empresarios coinciden en que habrá alguna mejora, pero “seguimos enfermos y quizás nos baje un poco la fiebre”, graficaron fuentes de la Unión Industrial Argentina (UIA). Sí aseguran los CEOs que, en el caso de haber alguna señal de que “la cosa esté pegando la vuelta”, es posible que haya cambios en el temeroso ánimo del sector privado. Esto redundaría en toma de decisiones por la positiva y algún juego de riesgo con inversiones en producción.

La fiesta argumentativa del Gobierno con la contabilidad creativa tiene dos imponderables que no deberían serlo y ponen en duda todo el relato. Por un lado, si se confirmase la “volatilidad” ascendente del dólar de los últimos días y todo terminara en una nueva corrida cambiaria. Por otro, las directas pero gélidas palabras de uno de los vices de peso del Banco Central, Gustavo Cañonero, quien avisó que la entidad que conduce Guido Sandleris “está preparada para mantener este sesgo contractivo por el tiempo que fuese necesario”. Con dólar alto, pass through y sin crédito, se necesitará algo más que tecnicismo para mostrar mejoras. Hoy, más que certezas, parece haber un universo de escenarios posibles.

Contabilidad creativa de campaña

El Gobierno mostrará una recuperación de la industria y la construcción a mitad de año. Picardía: será pura estadística por la comparación con lo peor de 2018. El riesgo de jugar a la política.

Lejos de haber intensificado habilidades técnicas en el tan mentado equipo, los más de tres años en el poder le sirvieron al oficialismo para pulir el pragmatismo político y ganar en un rubro ausente en la esencia fundacional de la CEOcracia. La madurez en la materia alcanzará su cénit en el más sensible de todos los años, el de la campaña que busca darle a Mauricio Macri otros cuatro años de estadía en la Casa Rosada.

Ante la evidencia de la crisis, que impacta parejo en todos los sectores de la actividad, los ministerios vinculados a la economía se han decidido a ponderar indicadores relativos por sobre los negativos, con el objetivo de mostrar una tendencia positiva aún inaudible, reflejando valores con alzas intermensuales y postergando el análisis sobre el derrumbe año contra año. Es un carreteo hacia la consagración del relato del rebote y el fin de la recesión, que tendrá lugar cuando, técnicamente, los indicadores de actividad lleguen a mitad de año a dar positivo, por la equiparación con lo peor de la crisis de 2018.

 

Dujovne sabe que la economía no lo hará ganar ni perder la elección, pero quiere mostrar números. 

 

Hizo punta en la picardía comunicacional el viceministro de Hacienda, Miguel “Mike” Braun, en su cuenta de Twitter, contando crecimientos intermensuales en la industria (4,6%) y la construcción (4,4%) en enero, mes en el cual la comparación interanual redundó en derrumbes de casi 11% y 15,7%, respectivamente. Lo siguió el Ministerio de la Producción, que conduce Dante Sica, manifestando una lectura similar pero, ante el delicado equilibrio que debe hacer con los empresarios en pie de guerra, lo hizo con la salvedad de la franqueza. “Continuaremos observando bajas interanuales dado que el primer trimestre del año pasado se alcanzaron récords históricos en la producción y el consumo. La construcción y la industria manufacturera alcanzaron su valor más alto el año pasado, por lo que la base de comparación es alta”, se sinceró un hombre de Producción.

 

 

La apuesta al marketing económico en plena campaña se ve en los números y muestra por qué hoy, para Cambiemos, no es conveniente mostrar cifras interanuales y sí será pertinente hacerlo en unos meses. Si se observa el 2018 que tuvo la construcción, se percibe un año duro: según el Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC) del INDEC, en enero hubo una suba de 19,5%, en febrero otra del 19,3; alza del 8,4% en marzo, del 14,4% en abril y 7% en mayo. Desde allí, irregular a negativo, con caída del 0,1% en junio, crecida del 0,7% en julio, empate en cero en agosto, septiembre con una caída del 3,8%, octubre de 6,4%, noviembre del 15,9%, diciembre contracción del 20,6% y enero de 2019, el recientemente comunicado 15,7%.

Ante estas cifras, fuentes de la Cámara Argentina de la Construcción (Camarco) estiman que desde julio se verá una comparación positiva. “Estaremos menos mal, en todo caso”, alertan, como para poner en perspectiva una historia que para el Gobierno se quedará simplemente en foto del momento en los meses más delicados de la contienda electoral. De hecho, aseguran que la crisis ya se cargó 8.000 empleos en la industria del ladrillo a diciembre de 2018, una caída del 2%. Y la expectativa es una profundización de esa baja. Respecto al cierre de empresas del sector, explican que es difícil cuantificarlo porque, en general, el dato se infiere de la no renovación de la inscripción en el Instituto de Estadística y Registro de la Industria de la Construcción (IERIC), que es anual.

 

Sica, ministro de Producción, con Acevedo, jefe de la UIA. El funcionario hace equilibrio entre los jirones de la industria en crisis. 

 

Con la industria ocurrirá algo similar. Enero de 2018, según el Estimador Mensual Industrial (EMI) del INDEC, mostró un alza del 0,8% versus 2017, suba del 4,3% en febrero, del 3,8% en marzo, del 3,6% en abril y luego rojo: 1,75% en mayo, 8,4% en junio, 4,5% en julio, 4,1% en agosto, 7,7% en septiembre, 5,2% en octubre, 9,1% en noviembre, 10,3% en diciembre y el reciente 10,8% de enero de 2019. La industria, que es el mayor polo de empleo privado después de los supermercados, tiene una trampa en lo numérico que el Gobierno también soslaya con intención: los meses de recuperación de 2018 fueron empujados casi en exclusiva por tres sectores: cemento y acero (por construcción y Vaca Muerta) y autos (efecto Brasil). El resto de los sectores ya venía desplomado. Luego de ese período, la crisis cambiaria tumbó al resto y autos, que resistía estoicamente, se desplomó en septiembre para terminar en un escenario actual de suspensiones y parate de plantas como Renault, Peugeot y FIAT.

 

Crivelli, titular de la Camarco. El de los ladrillos es uno de los sectores con mayor afectación en el empleo. 

 

Con estos números, el Gobierno supone que la comparación interanual positiva se dará a mitad de año y será vendida como el fin de la crisis, justo en las inmediaciones del cierre de las listas. Los empresarios coinciden en que habrá alguna mejora, pero “seguimos enfermos y quizás nos baje un poco la fiebre”, graficaron fuentes de la Unión Industrial Argentina (UIA). Sí aseguran los CEOs que, en el caso de haber alguna señal de que “la cosa esté pegando la vuelta”, es posible que haya cambios en el temeroso ánimo del sector privado. Esto redundaría en toma de decisiones por la positiva y algún juego de riesgo con inversiones en producción.

La fiesta argumentativa del Gobierno con la contabilidad creativa tiene dos imponderables que no deberían serlo y ponen en duda todo el relato. Por un lado, si se confirmase la “volatilidad” ascendente del dólar de los últimos días y todo terminara en una nueva corrida cambiaria. Por otro, las directas pero gélidas palabras de uno de los vices de peso del Banco Central, Gustavo Cañonero, quien avisó que la entidad que conduce Guido Sandleris “está preparada para mantener este sesgo contractivo por el tiempo que fuese necesario”. Con dólar alto, pass through y sin crédito, se necesitará algo más que tecnicismo para mostrar mejoras. Hoy, más que certezas, parece haber un universo de escenarios posibles.